Las grandes tecnológicas aceleran inversiones multimillonarias para ampliar infraestructura, mientras el crédito privado gana protagonismo ante límites cada vez mayores entre inversores tradicionales.
La firma de infraestructura de IA sorprendió a Wall Street con cifras mejores a las previstas y señales técnicas favorables, mientras inversores y operadores de opciones siguen de cerca el potencial recorrido de la acción.
Una versión de investigación de Claude elevó del 41,6 % al 67,2 % la proporción comprobada de ceros de la función zeta de Riemann sobre la línea crítica. El avance, basado en décadas de trabajos matemáticos ya publicados, mostró cómo una IA puede conectar conocimientos especializados que hasta ahora permanecían separados.
Ana Mahony fundó Addition Wealth, una plataforma impulsada por IA que brinda asesoramiento financiero a los empleados a través de sus compañías. La propuesta busca ampliar el acceso a herramientas de planificación.
John Caplan sostiene que la verdadera prueba se da cuando los fondos llegan a destino y deben convertirse en dinero utilizable. Las transferencias pierden valor si las empresas siguen chocando contra una infraestructura limitada.
La compañía encendió las alertas tras detectar que el modelo puede identificar fallas críticas, comprometer sistemas reales y ejecutar ciberataques con una intervención humana mínima.
La compañía enfrenta cuestionamientos por el uso indebido de su red callejera de control Vehicular. Más de 55 localidades cortaron sus contratos durante el último año. Su CEO trató de "terroristas" a los manifestantes y luego pidió perdón.
David Wright y Melanie Alder comenzaron revendiendo productos online y, tras más de una década de crecimiento, llevaron su negocio de e-commerce al Nasdaq. Hoy controlan el 55% de la compañía y apuestan por la IA para impulsar su próxima etapa.
La incorporación de NextSlide apunta a automatizar el proceso de convertir información dispersa y documentos complejos en materiales listos para exponer. El acuerdo también obliga a revisar qué capacidades humanas seguirán siendo importantes con el avance de la IA.
Durante casi tres décadas, Lex Bouzari estuvo al frente de una empresa líder en almacenamiento de datos para laboratorios de investigación como la NASA. Ahora, el auge de la IA transformó la compañía en un gigante, con ventas que apuntan a cifras millonarias, y convirtió al fundador en multimillonario.
Una demora en la llegada de memoria DRAM dejó chips A20 Pro varados, mientras la demanda de la IA encarece los componentes, reduce márgenes y amenaza con retrasar las entregas previstas para septiembre.
Siemens, Schneider Electric, ABB, Honeywell, Emerson y Rockwell aceleran adquisiciones, inversiones y alianzas para controlar una tecnología cuyo mercado global podría alcanzar los US$ 570.000 millones en 2034.
La apuesta de Elon Musk por llevar la inteligencia artificial a órbita lo lleva a comprometerse con miles de millones de dólares en chips justo cuando la capacidad global empieza a convertirse en el verdadero cuello de botella.
Científicos de Stanford usaron el modelo Evo de OpenAI para diseñar bacteriófagos capaces de atacar a Escherichia coli. Algunos superaron sus defensas naturales y abrieron una posible vía contra las bacterias resistentes a los antibióticos.
Una etapa superior del Falcon 9 abrió un nuevo cráter y reavivó la preocupación científica por los residuos humanos acumulados sobre la superficie del satélite.
El avance revirtió la tendencia de la empresa de software empresarial, cuyas acciones se desplomaron en lo que va del año en medio de una preocupación más amplia por el mercado de la inteligencia artificial.
La farmacéutica británica AstraZeneca, que hace apenas unas semanas presentó sólidos resultados financieros impulsados por ventas oncológicas por U$S 25.000 millones y U$S 12.000 millones en CVRM, negocia una posible fusión con la estadounidense Bristol Myers Squibb que daría lugar a un gigante farmacéutico de casi U$S 400.000 millones.
Las acciones cayeron un 9% tras una fuerte suba del gasto proyectado, mientras que los analistas recortaron los precios objetivo ante dudas sobre la rentabilidad futura.
Microsoft y Meta presentaron sus balances. Entre ambas invirtieron más de US$ 72.000 millones durante el último trimestre, principalmente para ampliar su infraestructura tecnológica. Sin embargo, sus acciones reaccionaron en direcciones opuestas. Con las tasas reales de Estados Unidos en máximos de más de una década, los inversores dejaron de premiar el gasto por sí mismo y comenzaron a exigir ingresos, contratos y rentabilidad que justifiquen la carrera por la inteligencia artificial.