El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado este lunes a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, tres científicos cuyos descubrimientos hicieron posible algo que durante décadas parecía impensado: controlar la actividad de determinadas células del cerebro con luz.
La técnica, conocida como optogenética, funciona como una especie de interruptor. Los investigadores pueden hacer que un grupo específico de neuronas responda a la luz y luego activarlo o desactivarlo mediante pequeños pulsos luminosos. Así pueden estudiar qué función cumplen esas células y cómo intervienen en procesos como el movimiento, la memoria, el sueño o las emociones.
Este avance cambió la forma de investigar el cerebro y se convirtió en una herramienta clave para comprender mejor su funcionamiento. También abrió nuevas líneas de investigación sobre enfermedades neurológicas y psiquiátricas que aún representan grandes desafíos para la medicina.
Cómo nació la técnica que permite controlar neuronas con luz
El origen de la optogenética se remonta a la década de 1990, cuando Peter Hegemann estudiaba cómo un alga microscópica podía detectar la luz y reaccionar frente a ella. Junto con Georg Nagel, identificó proteínas que se activaban al recibir luz y provocaban cambios en la actividad eléctrica de las células.

Años después, Karl Deisseroth llevó ese mecanismo al campo de la neurociencia. En 2005 consiguió introducir esas proteínas sensibles a la luz en determinadas neuronas y demostró que podía activarlas mediante pulsos luminosos.
Ese método pasó a llamarse optogenética y les dio a los investigadores una herramienta inédita para controlar células nerviosas específicas sin tener que intervenir sobre regiones completas del cerebro.
Qué reveló esta técnica sobre el funcionamiento del cerebro
La optogenética permitió comprobar qué funciones desempeñan determinados grupos de neuronas. Deisseroth, por ejemplo, logró modificar el movimiento de los bigotes de ratones al activar con luz las células involucradas en esa acción. En otros experimentos, los investigadores consiguieron despertar animales dormidos al intervenir sobre neuronas vinculadas con el sueño.
A partir de estos trabajos, los científicos pudieron identificar con mayor precisión qué circuitos del cerebro participan en movimientos, conductas, recuerdos y respuestas emocionales. La misma técnica también comenzó a utilizarse para investigar enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
En modelos animales, permitió estudiar mecanismos vinculados con trastornos como la esquizofrenia, el Alzheimer, el Parkinson, la epilepsia y las adicciones, y analizar qué circuitos cerebrales intervienen en esos procesos. También abrió nuevas líneas de investigación sobre la memoria y las emociones. Los científicos pudieron observar cómo se forman determinados recuerdos y qué ocurre cuando alteran conexiones cerebrales asociadas con distintas enfermedades.

Por ahora, la mayor parte de estos experimentos se realiza en animales. Trasladar la optogenética de manera segura a los seres humanos sigue siendo uno de los principales desafíos para convertir estos avances en posibles tratamientos.
¿Puede convertirse en un tratamiento?
Aunque la optogenética nació como una herramienta para investigar el funcionamiento del cerebro, en los últimos años también empezó a probarse con fines médicos.
Uno de los avances más prometedores apunta a personas con retinitis pigmentosa, una enfermedad hereditaria que daña progresivamente la retina y puede causar ceguera. Los investigadores buscan que determinadas células del ojo vuelvan a responder a estímulos luminosos mediante proteínas capaces de reaccionar ante ellos.
La técnica también se estudia para mejorar los implantes cocleares, dispositivos utilizados en personas con pérdida auditiva. El objetivo es lograr una estimulación más precisa de las células vinculadas con la audición.
Además, las compañías biotecnológicas investigan posibles aplicaciones en distintas enfermedades neurológicas. Sin embargo, la mayoría de estos desarrollos todavía se encuentran en etapas experimentales y están lejos de convertirse en un tratamiento de uso habitual.

Por eso, el Nobel no reconoce una cura concreta para enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. El aporte de los tres científicos consistió en desarrollar una herramienta que cambió la forma de estudiar el cerebro y que, con el tiempo, podría ayudar a crear nuevas terapias.
Quiénes son los tres ganadores
A sus 54 años, Karl Deisseroth es profesor de bioingeniería y psiquiatría en la Universidad de Stanford e investigador del Howard Hughes Medical Institute. Su trabajo fue clave para demostrar que las proteínas sensibles a la luz podían utilizarse para controlar neuronas.
En Alemania, Peter Hegemann, de 71 años, desarrolla su carrera como profesor de biofísica experimental en la Universidad Humboldt de Berlín. Durante años estudió cómo distintos organismos reaccionan a la luz, una línea de investigación que terminó siendo fundamental para el desarrollo de la optogenética.
Ese trabajo se complementó con el de Georg Nagel, de 73 años, profesor de Fisiología Molecular Vegetal en la Universidad de Würzburg. Junto con Hegemann, ayudó a identificar y estudiar las proteínas sensibles a la luz que después hicieron posible esta técnica.

Los tres compartirán un premio de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a unos US$ 1,2 millones, de acuerdo con Reuters. Sus investigaciones avanzaron por caminos distintos, pero terminaron confluyendo en una herramienta que transformó el estudio del cerebro.
El Nobel que Forbes anticipó hace 16 años
El reconocimiento tiene un antecedente particular para Forbes. En julio de 2010, la revista publicó una nota sobre Deisseroth y el potencial de la optogenética, cuando la técnica todavía estaba en una etapa temprana de desarrollo.
En aquel artículo, György Buzsáki, neurocientífico de la Universidad de Rutgers, sostuvo que el trabajo de Deisseroth tenía suficiente relevancia como para llevarlo algún día a ganar el Premio Nobel. Dieciséis años después, esa predicción se cumplió. Deisseroth recibió el máximo reconocimiento de la medicina junto con Hegemann y Nagel por una tecnología que transformó la manera de estudiar el cerebro.