Bal Harbour: el enclave del lujo que redefine la economía del bienestar
A las puertas de su 80° aniversario, el “diamante” del sur de Florida consolida su modelo de gestión público-privada. Jorge González, director general de la ciudad, analiza cómo la exclusividad, la seguridad y una inversión millonaria en infraestructura mantienen a este kilómetro cuadrado como el más codiciado del mundo.

Florencia Radici Forbes Staff

En el competitivo mapa del sur de Florida, donde nuevos distritos emergen constantemente, Bal Harbour se mantiene como el referente absoluto del ultra-lujo. Con apenas 2,5 km2 de extensión en la punta norte de Miami Beach, este ciudad no solo es un refugio para residentes de altísimo poder adquisitivo y bajo perfil, sino que se consolidó como un motor económico sin precedentes: su centro comercial es, hoy, el mall con mayores ingresos por metro cuadrado en el mundo.

Sin embargo, a las puertas de su 80° aniversario, Bal Harbour no se duerme en los laureles. La ciudad atraviesa una renovación integral que combina la expansión de su icónico shopping con proyectos urbanísticos de vanguardia, como el Waterfront Park y el rediseño del muelle, a cargo de la premiada arquitecta Mikyoung Kim. Esta obra no solo será un hito estético, sino que integrará ciencia marina para la expansión de colonias de coral y protección de tortugas.

Para entender la maquinaria detrás de este ecosistema de exclusividad, dialogamos con Jorge González, responsable del liderazgo ejecutivo de Bal Harbour y ex administrador de Miami Beach.

¿Cómo viene 2026 para Bal Harbour?

Es un año especial, una confluencia de muchas cosas. Bal Harbour celebra su 80° aniversario y los Bal Harbour Shops sus 60 años. Además, Estados Unidos celebra su 250° aniversario. La temporada empieza en diciembre, con Art Basel. Miami está bajo el foco: tendremos el campeonato universitario de fútbol americano y en junio el Mundial de Fútbol. Bal Harbour es el destino turístico más cercano al estadio. Queremos atraer a los fanáticos de Uruguay y Brasil, mercados que cultivamos mucho, para darles una experiencia más allá de los partidos.

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A nivel desarrollos, ¿cómo avanzan los proyectos actuales?

Tanto el sector público como el privado están activos. Abrimos un parque nuevo para residentes y visitantes, situado sobre el agua con puerto para kayaks, que ya se usa para eventos sociales. Seguimos con una inversión grande en la comunidad: diseñamos un ayuntamiento nuevo y el muelle. Este último, cuya construcción empieza en marzo, no solo protegerá la costa, sino que permitirá disfrutar del amanecer y el skyline. En el sector privado, la expansión de las tiendas concluirá este año, sumando 40 locales y gastronomía. También hay un edificio residencial nuevo y renovaciones de otros existentes. En cinco años, o menos, Bal Harbour será completamente distinto.

¿Cómo es el perfil de quienes viven y visitan la ciudad?

Somos una comunidad chica, de unos 3.300 residentes permanentes. Estamos en una ubicación exclusiva: no es un lugar de paso, la gente va porque quiere. Lo común entre nuestros residentes, sean argentinos, estadounidenses o cubanos, es el nivel socioeconómico alto por el costo de vida y vivienda. Lo mismo el visitante; se queda en el St. Regis o el Ritz, lo cual atrae un perfil determinado. Nuestras playas son públicas, pero se sienten privadas por la dificultad de acceso. Nuestro visitante busca privacidad. Nuestro mantra es “The Bal Harbour Experience”.

¿Y en qué consiste exactamente esa experiencia?

Es difícil de definir, pero lo sabes cuando lo ves y, sobre todo, cuando sales. Fuera de aquí te sientes un poco más “apretado”. Al entrar a Bal Harbour tienes la vista, los paisajes, la playa... todo bien mantenido, curado, con arte público. Manejas en paz. Es algo que se vive. @@FIGURE@@

Dirigiste Miami Beach, una ciudad masiva. ¿Cómo se diferencia liderar un enclave tan exclusivo?

Llevo 12 años en cada lugar. Lo común es que ambos son destinos turísticos, pero Miami Beach tiene 100.000 residentes y una diversidad increíble: en diciembre llega el 1% del mundo, en febrero el público del Boat Show y en marzo el Spring Break. En Bal Harbour no hay tanta diversidad; sabemos que los fines de semana habrá más visitas, pero no habrá problemas. Tenemos más recursos. El mayor desafío es el tráfico, que indica lo popular que es el lugar, y tratamos de minimizar su impacto.

¿Cómo funciona aquí la cooperación público-privada para atraer inversiones?

Mi meta es crear el ambiente para que lleguen las inversiones y ayudar a que el proyecto sea factible. El desarrollo es bueno si es a la escala correcta. Tengo un diálogo constante con los desarrolladores y les explico que deben invertir en la comunidad. Por ejemplo, con el edificio Rivage: ellos contribuyen al desarrollo del muelle. Lo mismo con la renovación del centro comercial; propusimos que contribuyeran al parque nuevo. Así el residente se encariña con el proyecto y el sector privado no viene solo a buscar ganancia, sino a mejorar la comunidad.

Con el auge de Brickell o el Design District, ¿cuál es la estrategia para seguir siendo el destino premium elegido?

Históricamente había pocos lugares "donde estar", como Miami Beach o Coconut Grove. Ahora hay muchas opciones como Midtown o Doral. La gente quiere quedarse cerca de donde vive. Nosotros nos enfocamos en el turista internacional, pero también en el local de Miami que ahora tiene opciones que antes no existían. En temporada baja, el turista local sostiene la economía y debemos competir para que nos elijan. No tenemos la respuesta completa, pero trabajamos para que venir aquí sea sencillo. La gente quiere vivir, trabajar y disfrutar cerca, y Bal Harbour debe ser esa opción. @@FIGURE@@