Qué ver: El poder de la red, una nueva mirada hacia Facebook
El director y guionista Aaron Sorkin vuelve a tomar el tema que trató en 2010 con La red social. En este caso, el foco está puesto en un periodista y su fuente, una empleada de Facebook. Es la historia de lo que disparó una serie larga de artículos de denuncia en el Wall Street Journal y que cambiaron el prestigio de la plataforma.

La red social comenzaba con un verborrágico Mark Zuckerberg en la universidad, intentando tener éxito con una chica durante una cita. El poder de la red, su secuela en cines, empieza con una mujer sola en la carretera, alcoholizada y furiosa, que utiliza Facebook Live para victimizarse ante dos policías. En la primera se veía el origen de Facebook a partir de una frustración, como una plataforma para calificar mujeres y, eventualmente, hacer contactos. En la segunda entrega, con menos palabrerío, el tema es el efecto de la red sobre la psicología de las personas.

Las aristas nefastas del impacto de las redes sociales sobre sus usuarios ya han sido largamente comentadas, debatidas y hasta enfrentadas con recientes legislaciones sobre su uso en ciertas franjas etarias. Por eso, el tema de esta película va más por cómo el sistema enfrentó las consecuencias de lo que ofrecía al público. En ese sentido, el título en español no le hace tanta justicia, porque en inglés es The social reckoning, algo así como El ajuste de cuentas social.

El poder de la red cambia la mirada con respecto a la primera película, que contaba desde lo privado la creación de Facebook y el enfrentamiento legal entre Zuckerberg y los gemelos Winklevoss. Aquí sucede casi todo fuera de la empresa.

Los protagonistas son también figuras reales, el periodista Jeff Horwitz y la ex empleada de Facebook, o Meta, Frances Haugen. Respectivamente son interpretados por Jeremy Allen White (The bear) y Mikey Madison (Anora) mientras que el rol de Zuckerberg, que aquí es un personaje secundario aunque inevitablemente poderoso, corre por cuenta del prestigioso Jeremy Strong (quien había interpretado muy bien a Roy Cohn, el mentor de Donald Trump en su biopic). 

En La red social el director era David Fincher y el guionista era Aaron Sorkin, un autor que se caracteriza por sus diálogos intensos, veloces y, a veces, agudos. Es precisamente el escritor del guion de A few good men, aquella película de juicios en la que Tom Cruise enfrentaba a Jack Nicholson en un tribunal y este decía la célebre frase "¡No puedes manejar la verdad!".

Series como The west wing y The newsroom tienen su firma, también películas como Moneyball y Steve Jobs. Los ámbitos de poder y sus entresijos le son familiares y los representa muy bien con su estilo de escribir diálogos. Aquí, además, se ocupa de dirigir.

Al filmar El poder de la red con el fotógrafo Jeff Cronenweth, el mismo que trabajó con Fincher en la otra película, logra un aspecto más o menos similar al de aquella. Una de las principales diferencias está en el ritmo. Si bien los personajes hablan mucho, como es parte de su estilo, lo hacen con menos intensidad por lo que sus diálogos son más fáciles de seguir. 

El poder de la red. - Foto: Difusión.

Otra de las grandes de diferencias es la manera en que Strong encarna a Zuckerberg, ya que es menos verborrágico, más frío y con su postura física logra transmitir el poder que ostenta mediante sus plataformas, por más que lo niegue. 

La historia, en este caso, trata sobre cómo una empleada de Facebook que idealizaba los efectos de su empresa, se resuelve a revelar a un periodista los mecanismos manipulatorios de sus algoritmos. 

Lo que sucede en la película fue real y se convirtió en una larga serie de artículos del Wall Street Journal, aunque aquí se resume mucho y se concentra en algunos pocos ejemplos y cifras que permiten entender la importancia y el impacto del asunto que se quiere sacar a luz. 

Al igual que The Newsroom o que las películas The post (de Spielberg, sobre el Washington Post) y Spotlight (de Tom McCarthy, sobre investigaciones del Boston Globe), esta es una película sobre periodistas heroicos e idealistas y sus fuentes, que se debaten entre el temor y la consciencia cívica. 

Como en todas, concentra procesos largos y una gran cantidad de información para convertirlos en gestas donde la pasión por el oficio y la búsqueda de "la verdad" están por encima de todo. Se podría decir que idealizan la profesión del mismo modo que las series y películas de medicina lo hacen sobre ese otro ámbito. 

Por encima de todo, se trata de películas y ficciones que deben funcionar como tales, con emoción, héroes y antihéroes. Y si además aportan algo de información o recapitulan a grandes rasgos un hecho del que se sabe lateralmente, mejor aún.

En este caso, finalmente, lo que se cuenta es una victoria judicial relativa. Y esto no es spoiler, porque sabemos que, con independencia de los juicios, denuncias o cuestionamientos de todo tipo, Meta continúa funcionando y expandiendo sus negocios siempre con nuevas estrategias. La película y su enfoque no son ajenas a eso, razón por la que se vuelven más interesantes los hechos que cuenta.