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Autoridades en el marco de los 80 años de relación entre Uruguay y el Banco Mundial.
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Autoridades en el marco de los 80 años de relación entre Uruguay y el Banco Mundial.
Foto: X Susana Cordeiro Guerra.

De la credibilidad a la competitividad: el Banco Mundial le puso nombre al próximo desafío de Uruguay

Andrés Oyhenard

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En el marco de los 80 años de relación entre Uruguay y el Banco Mundial, la vicepresidenta del organismo para América Latina planteó: hay que convertir la credibilidad en crecimiento, y el crecimiento en más y mejores empleos.

15 Septiembre de 2026 09.47

El edificio anexo de Presidencia de la República fue escenario de un homenaje a nueve exministros de Economía y Finanzas —Alberto Bensión, Ricardo Zerbino, Fernando Lorenzo, Álvaro García, Mario Bergara, Azucena Arbeleche e Isaac Alfie, entre ellos— y a los expresidentes Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle Herrera, en el marco de los 80 años de relación entre Uruguay y el Banco Mundial

Pero el eje del encuentro, bajo el título De la Credibilidad a la Competitividad, no miró hacia atrás. Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe aseguró que el desafío ahora es "convertir esa credibilidad en crecimiento; el crecimiento en más y mejores empleos; y esos empleos en mejores condiciones de vida".

Los números que trajo Cordeiro Guerra funcionaron como punto de partida donde existe bastante consenso a nivel de analistas privados y autoridades del propio gobierno. En la última década, el PIB uruguayo creció en promedio apenas 1,2% al año. La inversión se mantuvo entre 16% y 18% del PIB, muy por debajo del 25% que exhiben las economías de crecimiento acelerado en Asia. Y el crédito privado, en torno al 31% del PIB, sigue siendo bajo incluso para los estándares de la región.

La respuesta que propuso la ejecutiva del BM pasa por lo que llamó una "agenda integrada": articular distintas políticas para que se refuercen entre sí y aprovechar las ventajas comparativas del país en un contexto geopolítico que está cambiando. 

Ahí entró en escena la Ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida, que apunta a simplificar trámites, facilitar el comercio y promover la competencia y la inversión, que fue aprobada por unanimidad en el Senado y que ahora se discute en Diputados. Para Cordeiro Guerra, esa unanimidad es una señal: la competitividad está pasando del diagnóstico a una agenda concreta de reformas.

El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, coincidió en ese giro de foco. Repasó cómo las distintas administraciones —desde la transición democrática hasta la crisis de 2002 y la pandemia— fueron la base de la estabilidad macroeconómica y la reputación que hoy sostienen al país, para plantear que la etapa actual ya no se juega ahí. 

En su opinión, está "concentrada en una agenda de reformas microeconómicas" orientadas a generar crecimiento y competitividad, apoyada en esa base de confianza que costó décadas construir.

El capital humano y el reloj demográfico

Uruguay invirtió durante décadas en educación y tecnología, desde el Plan Ceibal hasta los programas de inteligencia artificial que hoy llegan a más de 200 mil alumnos, recordó Cordeiro Guerra. 

Los resultados de PISA 2025, publicados hace apenas unos días, muestran avances —el mejor resultado histórico en ciencias— pero también un retroceso en lectura y matemáticas. Cerca de cuatro de cada diez alumnos no terminan la secundaria, y solo uno de cada cinco egresa con las habilidades básicas. "La experiencia internacional nos deja un mensaje alentador: mejorar el aprendizaje no siempre requiere gastar más, sino gastar mejor", planteó.

A eso se suma un problema de fondo, Uruguay envejece rápido. Si la fuerza laboral crece menos, una parte cada vez mayor del crecimiento económico tendrá que salir de mejoras en productividad. Ahí es donde la vicepresidenta del Banco Mundial ubicó a la inteligencia artificial como parte de la respuesta: potenciando capacidades de los trabajadores y permitiendo que una economía pequeña compita con conocimiento antes que con escala.

Logística, energía y la próxima ola de inversión

El otro cuello de botella que marcó Cordeiro Guerra tiene nombre y número, Uruguay ocupa el puesto 65 de 139 países en el índice global de desempeño logístico del Banco Mundial. En energía, el diagnóstico es distinto pero igual de exigente: el país protagonizó una de las transiciones hacia energía limpia más exitosas del mundo, pero los costos de la electricidad siguen siendo altos.

Eso limita, justamente, a los sectores con más potencial para la próxima ola de inversión, como centros de datos, agroindustria y riego. "Uruguay ya tiene la energía limpia. La oportunidad ahora es convertir esa fortaleza en precios más competitivos que permitan movilizar mayor inversión privada", resumió.

El presidente Yamandú Orsi retomó esa idea desde el ángulo de la continuidad y recordó que el primer préstamo del Banco Mundial a Uruguay, en 1950, fue para ampliar la red eléctrica y la telefonía nacional. Asimismo indicó que la relación con el organismo se sostuvo como política de Estado a través de gobiernos de distinto signo. 

Mencionó ejemplos recientes de esa agenda de competitividad en marcha —la trazabilidad vacuna, la incorporación del primer barco eléctrico de gran porte para el transporte fluvial (Buquebus), los planes de expansión del riego— y subrayó que Uruguay necesita organismos multilaterales que confirmen si el rumbo elegido es el correcto.

Cordeiro Guerra concluyó con el anuncio concreto de la jornada. El jueves pasado el Banco Mundial aprobó un financiamiento de US$ 300 millones para acompañar las reformas que impulsa Uruguay en comercio, inversión, competitividad y sostenibilidad fiscal. 

Pero dejó una reflexión que funcionó como cierre de todo el acto. Cuanto más ambiciosa es una agenda de reformas, más decisiones y más debates genera, y eso —dijo, citando al economista Lant Pritchett— no tiene por qué ser un problema: "No hay desarrollo sin lucha"

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