Forbes Uruguay
El desafío de administrar un dólar que, en términos reales, empieza a abaratarse
Money
El desafío de administrar un dólar que, en términos reales, empieza a abaratarse
Foto: Argentina.gob.ar, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons

Dólar barato: el costo oculto del éxito externo

Esteban Monte

Share

La acumulación de reservas y la avalancha de dólares le dan aire al Gobierno, aunque también plantean el incómodo desafío de administrar una bonanza que puede volverse frágil si se prolongan ciertos desequilibrios.

25 Abril de 2026 12.00

En un país históricamente condicionado por la escasez de divisas, el escenario actual parece, a primera vista, una anomalía bienvenida. Argentina no solo dejó atrás la urgencia por conseguir dólares, sino que atraviesa un momento de abundancia que le permite acumular reservas, estabilizar el mercado cambiario y mejorar sus indicadores externos. Sin embargo, como suele ocurrir en economía, el cambio de signo no elimina los problemas: los transforma. Y hoy, el nuevo desafío es administrar un dólar que, en términos reales, empieza a abaratarse.

El punto de partida de este fenómeno está en el frente externo. El último informe de Econométrica describe un contexto internacional que favorece a la Argentina de manera inusual. El conflicto en Medio Oriente, con foco en Irán, impulsó el precio del petróleo hacia niveles cercanos a los US$ 100 por barril, al tiempo que encareció los fertilizantes y elevó el precio de los granos. La soja, en particular, acumuló una suba cercana al 15% en apenas dos meses.

Para una economía exportadora de productos agrícolas y con un creciente peso del sector energético, este shock implica una mejora significativa en los términos de intercambio. Las exportaciones, según la consultora, podrían superar los US$ 100.000 millones en 2026, con un crecimiento sostenido respecto del año anterior. El resultado es un superávit comercial que se proyecta en torno a los US$ 20.000 millones, al que se suma un saldo energético positivo cercano a los US$ 11.000 millones.

Este flujo de divisas explica buena parte de la actual acumulación de reservas del Banco Central. Pero no toda. El informe semanal de 1816 introduce un elemento clave para entender la magnitud del fenómeno: el ingreso de dólares no se limita al comercio exterior, sino que está siendo reforzado por canales financieros.

Desde fines de 2025, las empresas argentinas emitieron deuda en dólares por más de US$ 6.800 millones, mientras que el crédito bancario en moneda extranjera creció en más de US$ 3.500 millones en lo que va del año. Estos fondos, en gran medida, terminan liquidándose en el mercado de cambios, incrementando la oferta de divisas y contribuyendo a la estabilidad del tipo de cambio.

Este mecanismo genera una dinámica particular. La estabilidad cambiaria incentiva el endeudamiento en dólares, y ese endeudamiento, a su vez, aumenta la oferta de divisas, reforzando la estabilidad. Se trata de un círculo que, al menos en esta etapa, funciona de manera virtuosa. El resultado es visible: el Banco Central logró comprar más de US$ 6.000 millones en el mercado en lo que va del año, fortaleciendo su posición de reservas.

Primer plano de varios billetes de dólares estadounidenses que resaltan las finanzas y la economía. (Foto: Pexels)
El último informe de Econométrica describe un contexto internacional que favorece a la Argentina de manera inusual. (Foto: Pexels)

Sin embargo, este mismo proceso es el que empieza a generar tensiones. La abundancia de dólares, combinada con la intervención oficial, está empujando a la baja el tipo de cambio real. Según Econométrica, la moneda se apreció cerca de un 13% en términos reales en los últimos meses, reflejando un desalineamiento creciente entre la dinámica cambiaria y la inflación doméstica.

El problema de un dólar barato no es inmediato, pero sí progresivo. A medida que el tipo de cambio pierde competitividad, los sectores no exportadores comienzan a sentir el impacto. La economía empieza a mostrar una estructura dual: por un lado, los sectores vinculados a exportaciones (agro, energía, minería) se benefician del contexto externo y mantienen altos niveles de actividad; por otro, las actividades orientadas al mercado interno enfrentan una demanda más débil y mayores dificultades para competir.

Ese desbalance empieza a filtrarse también en la vida cotidiana, particularmente en un mercado altamente sensible al valor del dólar: el inmobiliario. En un contexto donde Argentina se percibe cada vez más cara en dólares, el mercado de alquileres en CABA refleja fuertes contrastes según ubicación y estilo de vida.

Según la asesora inmobiliaria Kseniia Iakovleva, los valores más altos se concentran en zonas premium como Puerto Madero (el segmento más exclusivo), junto con Palermo y Recoleta, elegidas por su centralidad, oferta y dinamismo. En contraste, barrios como Villa Crespo, Almagro, Caballito y Villa Urquiza se posicionan como alternativas más accesibles, ofreciendo un mejor equilibrio entre precio y calidad de vida.

La demanda, además, es cada vez más heterogénea. Conviven alquileres temporarios (que pueden extenderse hasta un año) con contratos tradicionales de uno a dos años. Mientras los perfiles más jóvenes o con alta movilidad laboral priorizan ubicaciones céntricas, las familias tienden a buscar entornos más tranquilos, seguros y con buena oferta educativa. En este escenario, la elección del barrio y del tipo de contrato está cada vez más condicionada por el costo en dólares y las necesidades concretas de cada inquilino.

A este cuadro se suma una mirada más crítica desde el mercado financiero. Según Andrés Reschini, socio de F2 Soluciones Financieras, si bien la actual administración logró avances “inapelables” en materia de orden macroeconómico, todavía persisten desafíos relevantes en regulación y estructura impositiva (incluyendo provincias y municipios) que afectan la competitividad de las empresas. En particular, advierte que el ingreso de divisas vía colocaciones de deuda, en un contexto de restricciones cambiarias, profundizó la presión bajista sobre el tipo de cambio, favoreciendo a los productos importados y generando mayores dificultades para sectores locales menos preparados para este nuevo entorno.

Banco Central de la República Argentina - SE PUEDE USAR - (Foto: Casa Rosada (Presidencia argentina de la nación), CC BY 2.5 AR, via Wikimedia Commons
Argentina no solo dejó atrás la urgencia por conseguir dólares, sino que atraviesa un momento de abundancia que le permite acumular reservas, estabilizar el mercado cambiario y mejorar sus indicadores externos. (Foto: Casa Rosada (Presidencia argentina de la nación), CC BY 2.5 AR, via Wikimedia Commons)

En los últimos días, sin embargo, comenzaron a observarse señales incipientes de cambio. El tipo de cambio mayorista registró una suba cercana al 2%, interrumpiendo momentáneamente el proceso de apreciación real que venía dominando la dinámica cambiaria. Aun así, el nivel del tipo de cambio sigue siendo elevado en términos históricos, lo que mantiene abierto el debate sobre su sostenibilidad.

Hacia adelante, uno de los factores clave será la evolución del flujo de exportaciones agrícolas. La normalización de la liquidación del agro podría alterar la oferta de divisas y redefinir la dinámica del mercado cambiario en los próximos meses.

Desde la mirada internacional, el diagnóstico incorpora tanto reconocimiento como cautela. El último informe de Morgan Stanley destaca la mejora en los fundamentos externos de Argentina y la ubica entre los casos con sesgo positivo dentro del universo emergente. La entidad subraya la fortaleza del balance de pagos y la mayor consistencia de las políticas económicas como factores clave detrás del cambio de percepción.

Sin embargo, el banco también advierte que gran parte de este optimismo ya está reflejado en los precios de los activos financieros. Los spreads de deuda se encuentran en niveles que incorporan la mejora en los fundamentos, lo que reduce el margen para nuevas subas. En este contexto, cualquier deterioro en las condiciones externas podría tener un impacto más significativo.

Y ese riesgo no es menor. El escenario global sigue atravesado por la incertidumbre. La evolución del conflicto en Medio Oriente, particularmente en torno al Estrecho de Ormuz, puede alterar los precios de la energía y los flujos comerciales. Además, organismos internacionales advierten sobre posibles efectos estanflacionarios derivados del shock energético, lo que podría traducirse en menores tasas de crecimiento global.

SE PUEDE USAR/Estrecho de Ormuz (Foto: Goran_tek-en, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons).
. La evolución del conflicto en Medio Oriente, particularmente en torno al Estrecho de Ormuz, puede alterar los precios de la energía y los flujos comerciales. (Foto: Goran_tek-en, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons).

Para Argentina, esto implica que el actual flujo de dólares (tanto comerciales como financieros) no está garantizado en el tiempo. Parte de la abundancia depende de factores externos volátiles, mientras que otra parte responde a condiciones financieras que pueden cambiar.

En este contexto, el desafío de la política económica es particularmente delicado. Administrar la escasez suele ser una tarea urgente: administrar la abundancia, en cambio, requiere precisión. Un tipo de cambio demasiado bajo puede erosionar la competitividad, desalentar la diversificación productiva y generar desequilibrios a mediano plazo.

El “dólar barato” aparece así como el costo oculto de un éxito externo que, si no se gestiona adecuadamente, puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad. La clave no será solo cuántos dólares entran, sino cómo se administran. Porque, en la historia argentina, incluso los ciclos de abundancia han sabido terminar en tensión.

10