Según informó The Wall Street Journal el miércoles, la administración de Trump negocia un acuerdo de rescate para Spirit Airlines. En ese marco, el gobierno de Estados Unidos le otorgaría a Spirit un préstamo de US$500 millones a cambio de una participación en la compañía, según fuentes cercanas a la negociación.
El martes, el presidente Trump declaró a CNBC que le preocupaba la situación de la aerolínea de bajo costo y afirmó: “Quizás el gobierno federal debería ayudarla”. Ni Spirit Airlines ni el Departamento de Transporte ni el Departamento de Comercio de Estados Unidos respondieron a las consultas de Forbes sobre el presunto acuerdo.
Un acuerdo inusual
Según se informa, el gobierno de Estados Unidos está dispuesto a prestarle a Spirit US$500 millones a cambio de warrants sobre acciones, instrumentos financieros que otorgan al titular el derecho (pero no la obligación) de comprar acciones de la compañía a un precio determinado dentro de un plazo específico, por lo general de entre cinco y diez años.
Esto no representa una novedad. El gobierno estadounidense ya brindó ayuda financiera temporal a la industria aérea después de los atentados del 11 de septiembre y volvió a hacerlo durante la pandemia. En ambos casos, el Congreso aprobó legislación para actuar como prestamista de respaldo y otorgó préstamos o subvenciones destinados al pago de salarios a las aerolíneas a cambio de warrants sobre acciones.
Después de que las principales aerolíneas recibieron asistencia en el marco de la Ley CARES de 2020, por ejemplo, el gobierno vendió gradualmente sus warrants en el mercado a medida que la industria se recuperaba.
Sería un hecho sin precedentes que el gobierno interviniera para rescatar a una sola aerolínea o, como se informa, que recibiera potencialmente una participación accionaria significativa en una aerolínea como parte de un acuerdo de rescate. @@FIGURE@@
“La pregunta es: ¿podemos hacer algo para salvar a Spirit y hacerla viable, o estaríamos invirtiendo dinero en una empresa que inevitablemente será liquidada?”, declaró el secretario de Transporte norteamericano, Sean Duffy, a CBS News. “Es una decisión que nuestros equipos están analizando, sobre la cual el presidente debe ser informado, y tomaremos una decisión en conjunto”, agregó.
Cronología
La crisis de Spirit Airlines no surgió de golpe. La compañía todavía mostraba números positivos en 2019, cuando informó una ganancia neta de US$335 millones. Ese escenario cambió con fuerza en los años siguientes, a medida que crecieron las dificultades financieras y se frustraron las alternativas que podían ofrecerle una salida.
El primer movimiento fuerte llegó en febrero de 2022. En ese momento, las low cost Frontier Airlines y Spirit anunciaron una fusión que valuaba a la empresa en alrededor de US$2.900 millones. La operación parecía abrir una nueva etapa para la aerolínea, aunque la situación se complicó poco después.
En mayo de 2022, JetBlue Airways presentó una oferta rival en efectivo por aproximadamente US$3.700 millones. Pese a que el monto era más alto, el directorio de Spirit entendió que esa propuesta no tenía una posibilidad razonable de concretarse debido a las regulaciones antimonopolio. Aun así, la disputa siguió abierta.
Un mes más tarde, en junio de 2022, tanto Frontier como JetBlue mejoraron sus propuestas e incorporaron sanciones significativas en caso de que los acuerdos fracasaran. Pese a esa nueva instancia, el directorio de Spirit siguió recomendando la alternativa de Frontier.
La definición llegó en julio de 2022. A contramano de la postura de la dirección de la empresa, los accionistas de Spirit votaron a favor de la oferta más alta de JetBlue. Esa decisión dejó sin efecto el acuerdo con Frontier y dio paso a la firma de una nueva operación con JetBlue.
La venta, sin embargo, tampoco avanzó. En marzo de 2023, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una demanda para bloquear la fusión entre JetBlue y Spirit al considerar que la unión reduciría la competencia y probablemente empujaría las tarifas al alza. Ese revés dejó a la compañía otra vez en una posición delicada.
Finalmente, en marzo de 2024, JetBlue y Spirit rescindieron el acuerdo. Como parte de lo pactado, JetBlue le pagó a Spirit una indemnización por rescisión de US$69 millones, además de los cerca de US$425 millones en pagos anticipados que los accionistas de la empresa ya habían recibido. @@FIGURE@@
La crisis financiera quedó expuesta con toda claridad en noviembre de 2024, cuando Spirit se declaró en bancarrota. La aerolínea dejó de cotizar en la Bolsa de Nueva York y sus acciones ya registraban un derrumbe del 94% ese año. Un mes después, en diciembre de 2024, la empresa firmó un acuerdo de financiación para deudores en posesión con los tenedores de bonos, lo que le aseguró cerca de US$300 millones para sostener sus operaciones y encarar la reestructuración.
En enero de 2025, Frontier volvió a presentar una nueva oferta de fusión. La propuesta incluía US$400 millones en nueva deuda y una participación del 19% en las acciones de Frontier para los acreedores de Spirit. La aerolínea rechazó esa alternativa por considerar que valía menos que su propio plan de reestructuración. Un mes después, en febrero de 2025, también desestimó otra oferta de US$2.200 millones de Frontier. Ese mismo mes, un tribunal de quiebras de Estados Unidos aprobó el plan de reorganización de la compañía, un paso necesario para salir del Capítulo 11.
La salida formal de la bancarrota se produjo en marzo de 2025. Spirit convirtió alrededor de US$795 millones de deuda en capital y recibió una inversión de US$350 millones. Pese a ese alivio, la recuperación duró poco. En julio de 2025, la empresa anunció la suspensión temporal de 270 pilotos, en el marco del tercer recorte presupuestario en un año. @@FIGURE@@
El deterioro volvió a acelerarse en agosto de 2025. La compañía reportó una pérdida neta de US$245 millones y, pocos días después, volvió a solicitar protección bajo el Capítulo 11 tras advertir que, sin mayor liquidez, existían dudas sustanciales sobre su capacidad para sobrevivir durante un año más. En octubre de 2025, un tribunal de quiebras aprobó una financiación de hasta US$475 millones, lo que le dio algo de margen para mantener la continuidad operativa.
Más adelante, en diciembre de 2025, el sindicato de pilotos aceptó concesiones por unos US$100 millones a lo largo de dos años. Además, Spirit consiguió otros US$100 millones en financiación mediante un acuerdo de crédito DIP, aunque solo recibió US$50 millones por adelantado.
Ya en febrero de 2026, la firma de inversión Castlelake, con sede en Minneapolis, inició conversaciones para una posible adquisición. En paralelo, la aerolínea redujo su flota, reincorporó a parte del personal suspendido y alcanzó un acuerdo con acreedores para salir de la bancarrota, con una reducción de la deuda superior a US$5.000 millones.
Sin embargo, en marzo de 2026, Spirit presentó un nuevo plan de reorganización con la meta de dejar atrás el proceso concursal a comienzos del verano. Ese objetivo volvió a quedar bajo presión cuando la guerra en Irán disparó el precio del combustible para aviones y complicó el esquema de reestructuración. En abril de 2026, distintos medios ya informaron que la compañía volvió a quedar al borde del colapso.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.