El segundo tiempo de Uruguay según BTG Pactual: bases sólidas, el marcador del frente fiscal y las “batallas” del equipo económico
El banco tuvo este miércoles su primer webinar para clientes en Uruguay desde su llegada al país tras la compra del HSBC. Andrés Borenstein presentó un mapa claro: el país tiene credenciales que ningún otro de la región puede mostrar, pero el reloj fiscal corre, el crecimiento no alcanza, y la inversión es la única que puede mover la aguja.

Uruguay 2026: El Segundo Tiempo de la Economía fue el título que eligió BTG Pactual para su primer webinar para clientes desde su llegada al país tras la compra del HSBC. Luiz Medina, managing director y partner del banco, abrió el encuentro con una definición sobre el desembarco. “Llegamos por vocación. BTG Pactual es el banco de inversión más grande de América Latina y entendemos esta región. Hay una oportunidad clara”, aseguró. 

Andrés Borenstein, economista jefe de BTG Pactual para Argentina y Uruguay, presentó un diagnóstico general sobre la economía mundial y regional y luego repasó los principales focos de atención para la economía uruguaya

Borenstein arrancó con una definición que resumió buena parte de su presentación. Uruguay desplazó a Chile como el país con los bonos soberanos de menor rendimiento en América Latina, lo que en la práctica significa que los mercados le prestan más barato que a cualquier otro de la región. No es un dato nuevo, pero sigue siendo valioso.

La deuda uruguaya tiene además una característica que pocos países pueden exhibir: está “muy pateada” en el tiempo. Los vencimientos anuales son manejables —del orden de 400 a 1.000 millones de dólares por año— sin los picos que generan tensión financiera en otros mercados. 

A eso se suma una inflación que lleva varios meses por debajo de la meta, cerrando en 4,27% en los últimos 12 meses, y reservas internacionales equivalentes al 20% del PBI, el doble de lo que suelen tener los países considerados estables.

“Esos son puntos de partida superbuenos para la economía uruguaya”, resaltó Borenstein. 

No obstante, aparecen algunas piedras en el zapato. El problema central que identificó Borenstein tiene una lógica simple. La deuda uruguaya empezó 2025 en 55,8% del PBI y la proyección oficial la lleva a 62,7% en 2029, rozando el límite del 65% que fija la regla fiscal. El Consejo Fiscal Autónomo estima que podría ser algo más.

Para bajar el déficit estructural del 4% actual al 3% que exige la regla en 2027, hay dos caminos: crecer más o ajustar el gasto. El gobierno eligió la primera vía, pero el crecimiento no está acompañando. El MEF ya bajó su estimación a 1,6% para 2026 y los economistas privados “tampoco le terminan de creer” al número oficial. 

El segundo trimestre va a ser “claramente malo”, reconoció Borenstein, en parte por una cosecha magra de soja por razones climáticas. “El tercer trimestre debería ser bastante mejor. Que no nos tapen las nubes, que atrás hay un poco de sol”, bromeó. 

La fricción de fondo es más profunda. Uruguay necesita más inversión y más productividad para crecer. La demografía no ayuda —la población envejece y la fuerza laboral crece poco— y la inversión como porcentaje del PIB está en torno al 16%, por debajo del promedio histórico de la última década. “Un país estable debería atraer mucho más capital en relación a su economía”, señaló Borenstein.

Los grandes proyectos que podrían mover la aguja, como el hidrógeno verde en Paysandú, offshore drilling y data centers, siguen en el radar pero sin fecha confirmada. “Uruguay necesita uno o dos grandes proyectos”, afirmó. 

La agenda correcta y los lobbies de siempre

Borenstein fue explícito en su respaldo al equipo económico. La Ley de Competitividad que impulsa el ministro Gabriel Oddone le parece en la dirección correcta. “Si le sale el 70% de lo que está proponiendo, es muy buena noticia para Uruguay”, afirmó. 

Pero advirtió que los lobbies van a defender su lugar y que ninguna de estas reformas genera impacto inmediato. El acuerdo Unión Europea-Mercosur también suma, pero sin dramatismos. “No vas a crecer el triple porque tenés el acuerdo en 2027 o 2028. Hay que empujar todo lo que se pueda”.

El diagnóstico sobre el manejo de la política económica también tuvo algún comentario por parte del experto argentino que sigue muy de cerca la realidad uruguaya.

“El equipo (económico) da las peleas que tiene que dar sabiendo que no va a ganar todas. Todos tenemos que bajar las expectativas porque es imposible ganar todas, porque esto es política. Con que gane algunas, creo que vamos a estar muy bien”, opinó. 

Tasas, inflación y una buena temporada

Uno de los temas más seguidos por el mercado es qué hará el BCU con la tasa de política monetaria, que desde enero está en 5,75%. La inflación volvió a la meta y el tipo de cambio se estabilizó en torno a $ 40. ¿Sube en agosto o espera?

“Esperaría hasta octubre”, dijo Borenstein. La tasa real actual es de apenas 1,4%, expansiva pero no agresivamente. Subir tiene argumentos —incentivar el ahorro en pesos, apuntalar la desdolarización— pero también costos: apreciaría el peso en un año donde el turismo necesita competitividad cambiaria. “El gobierno tiene demasiados objetivos y pocos instrumentos. No está fácil la cosa”, reconoció. 

Hay además una tensión estructural que señaló sin rodeos. Uruguay no puede permitirse que la inflación baje demasiado. Los salarios crecen al 5% anual, el Estado es un gran pagador de salarios, y si la inflación cae al 3%, el financiamiento implícito que eso genera para el gasto público se evapora. La inflación de servicios ya está en 5,88%, muy por encima del IPC general de 4,27%, algo que preocupa especialmente en una economía exportadora de turismo.

En cuanto al tipo de cambio, Borenstein quitó dramatismo al debate sobre si Uruguay está caro. El Big Mac Index ubica al país como la segunda hamburguesa más cara del mundo —apenas detrás de Suiza— pero reconoció que el índice “tiene validez relativa”. 

Mirando el tipo de cambio real multilateral, el peso está 7% más débil que una canasta de monedas mundiales y 11% más débil que una canasta latinoamericana. “No está tan mal”.

Y remató con una predicción concreta: la temporada turística que viene debería ser mejor que la pasada. “Mi impresión es que van a tener por lo menos de este lado del río más argentinos. Los pasajes al exterior están cada vez más caros acá. Me preocupa más el Niño, el clima para el turismo que otra cosa”, finalizó.