La semana pasada, Wells Fargo, el cuarto banco más grande del país, con cerca de US$ 2,3 billones en activos, anunció que ofrecerá depósitos tokenizados a clientes corporativos y comerciales. Hasta hace poco, el anuncio habría sido considerado apenas otra prueba piloto de blockchain. Hoy, en cambio, parece una estrategia para no quedar rezagado frente a la competencia.
JPMorgan y Citigroup ya cuentan con servicios similares. La red Kinexys de JPMorgan procesa más de US$ 7.000 millones diarios y gestionó más de US$ 4 billones desde su lanzamiento. Ambos bancos, junto con Wells Fargo, Bank of America y más de una docena de grandes entidades financieras, también participan en una iniciativa de The Clearing House, una empresa de pagos propiedad de bancos, similar a Zelle, que desarrolla un sistema compartido para transferir depósitos tokenizados entre instituciones.
El mercado avanza en la misma dirección. La Depository Trust & Clearing Corporation (DTCC), que gestiona y liquida cerca de US$ 15 billones diarios en operaciones con acciones estadounidenses, procesó en julio sus primeras transacciones reales con acciones tokenizadas y prevé lanzar el servicio en octubre. BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, presentó este mes dos productos tokenizados vinculados al mercado monetario.

Citi estima que los valores tokenizados podrían alcanzar cerca de US$ 5,5 billones para 2030, mientras que Boston Consulting Group y la plataforma de intercambio de valores digitales ADDX calculan un mercado potencial de US$ 16,1 billones para los activos ilíquidos tokenizados. Aunque ambas cifras corresponden a mercados diferentes, dan cuenta de la magnitud de la apuesta. La tokenización finalmente empieza a ocupar un lugar en los negocios de Wall Street y deja atrás su condición de simple eslogan del universo cripto.
¿Qué es la tokenización y por qué es importante?
La tokenización es un mecanismo que permite representar un activo, o un derecho sobre él, mediante un token digital dentro de una cadena de bloques, un registro digital inmutable. Ese activo puede ser una acción, un bono del Tesoro, un fondo del mercado monetario o un depósito bancario. En algunos casos, el token integra el registro oficial de propiedad; en otros, funciona como comprobante de un activo que permanece depositado en otro lugar.

La tokenización no cambia necesariamente el activo, sino la manera en que se registra quién es su dueño y cómo se transfiere esa propiedad. En una compraventa tradicional de acciones intervienen distintos actores —como el corredor, la cámara de compensación, el custodio y el banco—, cada uno con sus propios registros, que luego deben conciliarse para confirmar que la operación se realizó correctamente.
Con blockchain, en cambio, esas transacciones pueden quedar asentadas en un registro digital compartido y sincronizado, donde las partes pueden verificar quién posee cada activo y cómo fue transferido. Esta tecnología es la que utilizó Satoshi Nakamoto, el creador anónimo de Bitcoin, para hacer posible el funcionamiento de la criptomoneda.
Las mejoras aparecen cuando se eliminan intermediarios y pasos. Si el activo y la plata utilizada para comprarlo quedan registrados en sistemas conectados, el intercambio puede concretarse al instante: el comprador recibe el activo al mismo tiempo que el vendedor recibe el efectivo, sin que ninguna de las partes quede expuesta hasta que la otra liquide la operación. Además, el propio token puede incluir código para pagar intereses, liberar garantías o impedir que un inversor no elegible reciba el activo.

La liquidación disponible las 24 horas, los siete días de la semana, concentra buena parte de la atención, aunque la mayoría de los inversores no necesita que una operación con Nvidia se liquide un domingo por la mañana. Su utilidad resulta mayor para las instituciones que trasladan la plata y garantías entre distintas zonas horarias.
Un fondo del mercado monetario tokenizado podría transferirse de un día para otro para cubrir una obligación en otro mercado, en lugar de quedar inmovilizado hasta que los bancos correspondientes vuelvan a abrir.
Nada de esto es gratuito. La liquidación inmediata puede exigir más efectivo. Hoy, las empresas compensan entre sí las operaciones de una jornada y solo transfieren la diferencia neta; liquidar cada operación por separado obliga a financiarla por completo. Un libro mayor compartido tampoco garantiza la existencia de un mercado único.
Por ejemplo, un inversor que quiera apostar por la evolución del valor de Tesla puede hacerlo de distintas maneras. Puede comprar una acción ordinaria de la compañía, adquirir un token autorizado por Tesla, invertir en un token respaldado por acciones reales mantenidas en custodia o utilizar un contrato que simplemente replica el precio de la acción.
Aunque todos permiten seguir, de una forma u otra, el desempeño de Tesla, cada instrumento puede otorgar derechos diferentes y negociarse en mercados con distintos niveles de liquidez. Más adelante volveremos sobre este punto.

¿Por qué la tokenización cobra impulso ahora?
Wall Street realiza pruebas con la tokenización desde hace años. Overstock.com, un minorista online que se convirtió en un inesperado pionero de las criptomonedas, completó en 2015 una emisión de bonos tokenizados sobre blockchain por US$ 5 millones.
Cuando Forbes lanzó su Blockchain 50 en 2019, una lista anual de grandes empresas que utilizan esta tecnología, la primera edición incluyó el plan de DTCC para registrar contratos de derivados de crédito por US$ 10 billones en un libro mayor distribuido. JPMorgan ya había creado Quorum, una versión privada de Ethereum, y anunció JPM Coin para pagos institucionales.
Estos proyectos demostraron que una parte de una transacción podía operar en una cadena de bloques. Sin embargo, no consiguieron crear mercados completos. En muchos casos, el activo se movía dentro de la cadena de bloques, mientras que el pago todavía llegaba mediante transferencia bancaria, la custodia permanecía en sistemas convencionales y las partes conciliaban sus registros después de la operación.

El primer cambio importante llegó por el lado de la plata. Las stablecoins, tokens digitales diseñados para mantener su valor en un dólar, se convirtieron en un mercado de alrededor de US$ 300.000 millones. Así, aportaron a los mercados tokenizados tanto un medio de pago como una amplia base de usuarios que ya poseía tokens de dólares en las cadenas de bloques.
Cuando subieron las tasas de interés, los fondos del Tesoro tokenizados aparecieron como un complemento natural. Los inversores podían pasar de las stablecoins, que por lo general no pagan intereses, a la deuda pública, que sí los paga, sin retirar la plata de un banco ni transferirlo a una cuenta de corretaje convencional.
La Ley GENIUS reforzó esta tendencia. La norma federal, promulgada en 2025, exige que las stablecoins de pago reguladas mantengan reservas de al menos un dólar por cada moneda y prohíbe que sus emisores paguen intereses a los tenedores. Aunque esas reservas pueden generar ganancias para el emisor, la propia stablecoin por lo general no las distribuye.
Por eso, las empresas de stablecoins necesitan grandes reservas de activos seguros y líquidos, mientras que los tenedores que buscan obtener una rentabilidad deben recurrir a otro producto. De este modo, la expansión de los dólares digitales aumentó la demanda de bonos del Tesoro tokenizados.

Las reglas también se volvieron más claras. En diciembre de 2025, el personal de la SEC autorizó a la filial de depósito de DTCC, la Depository Trust Company (DTC), a poner en marcha un programa piloto de tokenización por tres años. Al mes siguiente, tres divisiones de la SEC detallaron las diferencias legales entre los tokens emitidos por empresas, aquellos respaldados por acciones bajo custodia y los productos sintéticos que simplemente replican el precio de un activo.
En marzo, la comisión aprobó las normas de Nasdaq que permiten negociar las acciones tokenizadas elegibles junto con sus equivalentes convencionales durante el programa piloto de DTC. Los reguladores bancarios federales también aclararon que, cuando una acción tokenizada conserva los mismos derechos legales que su versión convencional, un banco por lo general no debe mantener capital adicional solo porque figure registrada en una cadena de bloques.

Así, los bancos crean depósitos tokenizados, las gestoras de activos emiten inversiones tokenizadas, las bolsas preparan sus sistemas para negociarlas y DTC desarrolla la infraestructura necesaria para su custodia y liquidación. El multimillonario CEO de BlackRock, Larry Fink, describió este cambio como una modernización de la infraestructura de los mercados financieros y comparó su potencial con el de internet a mediados de la década de 1990. "Cada acción, cada bono, cada fondo, cada activo puede tokenizarse", escribió.
El estado de la tokenización
A pesar de las proyecciones que apuntan a billones de dólares, el mercado actual de activos tokenizados todavía es mucho menor. Al 6 de agosto, el proveedor de datos RWA.xyz registraba cerca de US$ 37.700 millones en activos tokenizados "distribuidos", sin contar los cientos de miles de millones que hoy permanecen en stablecoins. El término "distribuido" significa que los inversores pueden guardar los tokens en sus propias billeteras y transferirlos, y no simplemente que una institución haya registrado una referencia al activo en una cadena de bloques.
Los productos del Tesoro estadounidense representan US$ 16.100 millones, más del 40% del total. Su liderazgo no sorprende: los bonos del Tesoro son líquidos, estandarizados y fáciles de valorar, además de responder a una demanda concreta. Los poseedores de stablecoins pueden convertir dólares digitales inactivos en un activo que pague intereses sin pasar primero por una cuenta de corretaje. Las instituciones, además, pueden utilizar estos tokens para administrar efectivo o como garantía.

Cuatro productos concentran casi el 60% de la categoría. USYC, de Circle, un fondo del mercado monetario tokenizado, encabeza la lista con US$ 3.000 millones. BUIDL, de BlackRock, otro fondo del mercado monetario tokenizado por la fintech Securitize, con sede en Miami, ocupa el segundo lugar con US$ 2.700 millones. USDY, de Ondo Finance, un bono tokenizado respaldado por activos del Tesoro a corto plazo y depósitos bancarios, reúne US$ 2.100 millones. Por su parte, iBENJI, de Franklin Templeton, que representa participaciones en un fondo institucional del mercado monetario, alcanza los US$ 1.700 millones.

Más allá de los bonos del Tesoro, el crédito tokenizado, que incluye deuda privada, corporativa y estructurada, alcanza unos US$ 7.100 millones. Las materias primas, principalmente el oro, suman US$ 4.800 millones. El capital privado y el capital de riesgo reúnen cerca de US$ 2.300 millones, una cifra similar a la de las acciones cotizadas. Los inmuebles tokenizados distribuidos, en cambio, apenas alcanzan unos US$ 203 millones.
Gran parte de la actividad en fondos tokenizados y crédito privado corresponde a inversores que compran tokens directamente a los emisores, los canjean por efectivo o los utilizan como garantía, en vez de negociarlos entre sí. Sin embargo, existen excepciones relevantes. CoinGecko estimó un volumen de operaciones al contado de US$ 90.700 millones en oro tokenizado y de US$ 15.100 millones en acciones tokenizadas durante el primer trimestre de 2026. Aun así, la negociación de los cinco tokens bursátiles más grandes, entre ellos Alphabet, Tesla y Nvidia, sigue en niveles mínimos frente a sus equivalentes convencionales y representa menos del 1% del volumen total de operaciones en los mercados bursátiles tradicionales.
Una encuesta de Broadridge realizada en julio entre 200 ejecutivos financieros norteamericanos reveló que el 84% consideró la tokenización estratégicamente importante, aunque solo el 26% afirmó que sus empresas ya la aplicaban. Muchas de las principales propuestas todavía están reservadas para instituciones, inversores acreditados con un alto patrimonio o clientes fuera de Estados Unidos.
Mientras tanto, los corredores japoneses venden inversiones inmobiliarias basadas en blockchain a inversores particulares desde 2021. Algunas de las propuestas más recientes pueden adquirirse por apenas 100.000 yenes, equivalentes a unos US$ 630. Hong Kong avanzó todavía más. En junio, la Corporación Hipotecaria de Hong Kong, de propiedad estatal, recaudó 12.000 millones de dólares de Hong Kong, equivalentes a US$ 1.500 millones, en la mayor emisión de bonos digitales registrada hasta la fecha.
¿Estás comprando el activo o un envoltorio?
¿Qué obtenés cuando comprás una "acción tokenizada"? Esa denominación puede hacer referencia a distintos acuerdos legales.
La versión más directa es la tokenización patrocinada por el emisor, también conocida como emisión nativa. La empresa autoriza los tokens y las transferencias en la cadena de bloques pasan a formar parte de sus registros oficiales de accionistas. El proveedor de infraestructura de tokenización Securitize adoptó este modelo cuando sus acciones ordinarias empezaron a cotizar en la Bolsa de Nueva York en julio bajo el símbolo SECZ.
Los inversores estadounidenses elegibles pueden mantener esas acciones en formato tokenizado en las cadenas de bloques Avalanche o Solana. El token no es un producto independiente que replica el rendimiento de las acciones de Securitize, sino la propia acción ordinaria, registrada de otra manera.

Más habituales son los instrumentos respaldados por custodia. Un tercero posee acciones convencionales y emite tokens que representan una participación sobre ellas. Los xStocks de Kraken, por ejemplo, cuentan con respaldo uno a uno de acciones y fondos cotizados en bolsa bajo custodia y están disponibles para clientes elegibles fuera de Estados Unidos.
Ondo, proveedor de infraestructura de tokenización con sede en Nueva York, cuenta con cientos de productos similares. Estos tokens pueden transferirse entre billeteras y negociarse incluso cuando las bolsas estadounidenses están cerradas, aunque el voto, los dividendos y el reembolso quedan sujetos a las condiciones establecidas por el emisor.
Los productos sintéticos van un paso más allá, ya que permiten obtener la rentabilidad económica de una acción sin poseerla. Robinhood dejó clara esta diferencia en 2025, cuando entregó a sus clientes europeos tokens promocionales con las etiquetas OpenAI y SpaceX.
OpenAI aclaró rápidamente que esos tokens no eran de su propiedad, que no había autorizado ninguna transferencia y que tampoco respaldaba la propuesta. Robinhood sostuvo que los productos daban a los clientes una exposición indirecta a través de un vehículo de propósito especial. En otras palabras, los compradores adquirían un derecho de compra vinculado a una valoración, pero no un lugar en el registro de accionistas de OpenAI.

Para muchos inversores, la diferencia no resulta demasiado relevante. Quien compra un token vinculado a Tesla, por lo general, busca beneficiarse de una suba en el precio de sus acciones, no participar con su voto en la asamblea anual, y un instrumento financiero confiable puede darle exactamente lo que busca.
La inversión convencional ya depende en gran medida de intermediarios: la mayoría de los estadounidenses posee acciones a través de corredores y nunca aparece de forma directa en los registros contables de la empresa.
Sin embargo, comprar un instrumento que sigue el precio de una acción no significa ser propietario de esa acción. Quien posee una acción tiene una serie de derechos establecidos legalmente, como recibir dividendos o votar en determinadas decisiones de la empresa. En el caso de un token, en cambio, esos derechos dependen de las condiciones fijadas por quien lo emite.
Por eso, dos instrumentos que siguen el precio de una misma compañía pueden ofrecer beneficios y protecciones muy diferentes. También pueden variar las reglas para cobrar dividendos, participar en votaciones, convertir el token en una acción real o recuperar el dinero si el emisor o el custodio atraviesan problemas financieros. De ahí la importancia de revisar con atención las condiciones de cualquier oferta de acciones tokenizadas.

¿Por qué los bancos quieren depósitos tokenizados?
Los depósitos tokenizados son, en esencia, la respuesta de los bancos frente a las stablecoins. Ambos permiten transferir dólares a través de una cadena de bloques, pero sus titulares tienen derechos sobre instituciones diferentes y cuentan con distintas protecciones si algo sale mal.
Si Wells Fargo emite un dólar tokenizado, el banco le debe US$ 1 al titular, igual que ocurre con el saldo de una cuenta de depósito convencional. En esos casos se aplican las normas bancarias habituales y, cuando corresponde, los límites del seguro federal de depósitos. En cambio, una stablecoin como USDC es emitida por una empresa, en este caso Circle, que mantiene reservas en efectivo y activos a corto plazo, como bonos del Tesoro estadounidense. Su objetivo es conservar un valor de US$ 1, pero no se trata de un depósito bancario asegurado.
¿Por qué llevar los depósitos a una blockchain? Los bancos ya cuentan con sistemas nacionales de pago disponibles las 24 horas, como FedNow y la red RTP de The Clearing House, por lo que la velocidad por sí sola no representa una transformación radical. La principal ventaja aparece cuando los clientes corporativos necesitan transferir plata entre distintas monedas y zonas horarias, programar pagos sujetos al cumplimiento de determinadas condiciones o utilizar fondos bancarios para liquidar activos tokenizados sin pasar por los sistemas de pago convencionales.

Los bancos también tienen una razón comercial evidente para crearlos. Los depósitos financian préstamos y ayudan a mantener a los clientes dentro del sistema de pagos de cada entidad. Las stablecoins no necesariamente sacan plata del sistema bancario, ya que sus emisores conservan reservas en bancos, pero pueden desviar depósitos y operaciones de pago hacia compañías como Circle o Tether, con sede en El Salvador.
La tokenización de depósitos permite a los bancos brindar funciones similares y, al mismo tiempo, preservar su marca. Como contrapartida, un depósito tokenizado implica asumir el riesgo crediticio del banco emisor y no puede intercambiarse directamente por el de otra entidad. Una stablecoin respaldada por reservas completas evita esa exposición y el apalancamiento asociado, pero introduce otro riesgo: el titular debe confiar en que la empresa mantendrá y administrará las reservas tal como prometió.
Esa fragmentación representa la principal limitación. Un token emitido por un banco todavía no puede utilizarse para pagarle a un cliente de otra entidad. La red Clearing House busca resolver ese problema y permitir que los depósitos tokenizados se transfieran entre los bancos miembros. Su lanzamiento está previsto para el primer semestre de 2027, con las corporaciones multinacionales como sus primeras usuarias.
Qué deja la tokenización
La tokenización ya dejó de ser apenas un conjunto de proyectos piloto, aunque todavía está lejos de representar la transformación radical de las finanzas que prometieron sus impulsores. Puede facilitar la transferencia de un activo, pero no convierte una mala inversión en una buena, no crea liquidez donde no existe ni transforma un instrumento en el activo que representa.
El hecho de que bancos, gestoras de activos, bolsas y cámaras de compensación desarrollen plataformas a gran escala vuelve difícil descartar la tokenización como un simple experimento tecnológico. Sin embargo, la verdadera medida de su avance no dependerá de cuánto adopte Wall Street las cadenas de bloques, sino de si el sistema financiero funciona de manera significativamente mejor una vez que las incorpore.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com