Para 2026, la humanidad podría haber caído por debajo de la tasa de fertilidad necesaria para garantizar el reemplazo generacional, según un artículo de los economistas Jesús Fernández-Villaverde y Patrick Norrick. De confirmarse, se trataría de un hecho sin precedentes que ni las guerras ni las pandemias provocaron hasta ahora.
Según los autores, la caída de la fertilidad se concentra entre las mujeres más pobres y con menor nivel educativo de los países de ingresos bajos y medios. Sus cálculos indican que la población mundial seguiría creciendo hasta alrededor de 2056, cuando alcanzaría su mayor cantidad de habitantes, y luego comenzaría a disminuir.
El capital se prepara para una población más chica
El informe aparece en un momento en el que los inversores de capital de riesgo ya incorporan el riesgo demográfico a sus modelos de rentabilidad. El financiamiento mundial para robótica alcanzó los US$ 18.800 millones hasta mediados de 2026, por encima de los US$ 15.000 millones recaudados durante todo 2025.
La IA física también pasó a ocupar un lugar central en firmas como Bessemer. El concepto abarca sistemas de inteligencia artificial capaces de interactuar con el mundo real mediante robots y máquinas. La cartera de la firma incluye a Anduril, valuada en US$ 60.000 millones, y a Saronic, que concretó una ronda de financiamiento por US$ 1.750 millones.
VanEck sostiene que el envejecimiento de la población impulsa directamente la relocalización de la producción y la demanda de automatización. Pictet ubica la densidad de robots en Japón, Corea del Sur y China en 40 por cada 1.000 trabajadores, casi cuatro veces el promedio mundial.
El capital destinado al cuidado de las personas mayores avanzó a un ritmo menor. Los inversores en AgeTech, el sector tecnológico orientado a mejorar la vida y el cuidado de los adultos mayores, consultados por MedCity News consideraron que la categoría todavía es demasiado incipiente para contar con un modelo de negocio probado.
Una caída que alcanza a casi todo el mundo
Para respaldar su argumento, Fernández-Villaverde y Norrick ajustaron un modelo de un solo factor a los datos de 236 países y territorios desde 1950. Esta herramienta estadística busca explicar distintos comportamientos a partir de una única variable común. Según sus hallazgos, el factor global compartido de la fertilidad alcanzó su máximo en 1978.
La tendencia más clara aparece al observar cada país por separado. Un total de 219 de las 236 naciones analizadas atraviesan un declive y registran, en promedio, 0,062 nacimientos menos por mujer cada año. Ninguna muestra señales de estabilización.
Las diferencias entre países son amplias. La tasa de fertilidad de México llegó a 1,51 en 2025, por debajo del 1,57 registrado entre los estadounidenses blancos no hispanos, pese a que el PIB per cápita mexicano equivale a alrededor del 28% del nivel de Estados Unidos.
Túnez registró una tasa de 1,45 con un PIB per cápita equivalente al 18% del estadounidense, mientras que Tailandia cayó a 0,87. Los autores sostienen que ninguna sociedad de la historia alcanzó niveles de fertilidad como los observados actualmente en Corea del Sur, China, Tailandia, Colombia y Chile.
Cómo se llega a una fertilidad ultrabaja
Las matemáticas detrás de estas cifras son contundentes. Como los hijos se cuentan en números enteros, el estudio utiliza como ejemplo un grupo de 100 mujeres de una misma generación. De ellas, 15 no tienen hijos, la mayoría tiene dos y alrededor de 17 tienen tres o cuatro. Esa distribución arroja un promedio de 1,8 hijos por mujer.
Si la proporción de mujeres sin hijos aumenta a 26 de cada 100, algunas más pasan a tener uno y desaparecen las familias con cuatro, la tasa cae a 1,3. Ese es el umbral de fertilidad ultrabaja, aunque tres de cada cuatro mujeres mantengan exactamente el mismo comportamiento reproductivo que antes.
Las causas detrás del descenso
Los autores descartan algunas de las explicaciones más habituales. La política china del hijo único explica poco, ya que la tasa de natalidad de Taiwán cayó incluso más que la de China continental, pese a que nunca impuso restricciones a los nacimientos. El artículo sostiene que los smartphones aceleran el descenso, pero no constituyen su causa principal.
Fernández-Villaverde y Norrick apuntan a la modernidad misma. La combinación de credenciales formales, trayectorias profesionales rígidas y redes familiares cada vez más chicas encarece la decisión de tener un tercer hijo y reduce el costo asociado a no tener hijos.
Las diferencias con las proyecciones de la ONU
El documento también cuestiona el modelo de fertilidad de la ONU. Los autores sostienen que sus proyecciones bayesianas parten del supuesto de una recuperación automática que no aparece respaldada por los registros nacionales recientes de Colombia y Egipto. Este método estadístico calcula probabilidades a partir de datos previos y nueva información.
Las estimaciones de nacimientos para 2023 quedaron un 36,7% por encima de los datos reales en Colombia y un 17,7% por encima en Egipto. A partir de estos cálculos, Fernández-Villaverde y Norrick sitúan el pico de la población mundial alrededor de 2056, varias décadas antes que la proyección oficial de la ONU, que lo ubica cerca de 2084.
Una restricción para el crecimiento económico
El impacto sobre el crecimiento económico puede observarse en Japón. Su economía avanzó apenas un 0,79% anual entre 1991 y 2023, frente al 2,60% de Estados Unidos.
Cuando el cálculo se ajusta según la población en edad laboral, la diferencia prácticamente desaparece. El término comprende a las personas que, por su edad, podrían formar parte del mercado de trabajo. El crecimiento pasa a ser del 1,33% para Japón y del 1,73% para Estados Unidos.
Si se intercambiaran las tasas de crecimiento de la fuerza laboral, Japón superaría a la economía estadounidense por un 1%. La comparación muestra el peso que tiene la evolución de la población trabajadora sobre el desempeño económico de ambos países.
Las consecuencias exceden a cualquier sector o tendencia pasajera del capital de riesgo. Menos personas implican menos investigadores y un crecimiento más lento impulsado por la innovación, escriben los autores, salvo que la IA compense la reducción en la cantidad de científicos e ingenieros.
Este escenario modifica la estrategia de automatización que muchos gestores de fondos ya aplican. El ahorro en costos laborales sigue siendo relevante, pero estas inversiones también funcionan como protección frente a una base cada vez menor de trabajadores, consumidores e inventores en Corea del Sur, China, Italia y buena parte de Latinoamérica.
Para quienes proyectan modelos de rentabilidad a diez años, la población podría convertirse en un obstáculo más importante para el crecimiento que la productividad.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.