Después de 17 temporadas ininterrumpidas como una de las salas más emblemáticas del Río de la Plata, La Trastienda se prepara para volver a funcionar en Montevideo con una hoja de ruta clara. La reapertura llegará acompañada de una inversión estimada en US$ 300.000 y el ambicioso objetivo operativo de alcanzar entre 70 y 80 shows por año para sostener el proyecto desde el punto de vista económico y afirmar a la sala.
“El objetivo es llegar a unos 80 shows anuales. Venimos de un esquema de 40 o 50, pero para que el negocio sea viable necesitamos más actividad”, explica a Forbes Uruguay Enrique Quinteros, uno de los responsables del relanzamiento y director de esta nueva etapa en Montevideo.
Una alianza regional y un relanzamiento estratégico
El regreso de La Trastienda se da en un contexto de cambios en la estructura del negocio. En 2025, la sala matriz de Buenos Aires cambió de dueños y dirección, lo que habilitó una nueva estrategia de expansión regional de la marca. En paralelo, el cierre del local montevideano abrió la puerta a una sinergia que hoy se oficializa en una alianza entre el grupo argentino y empresarios locales.
“Coincidieron dos procesos: el cambio de dirección en Argentina y la posibilidad de retomar el local en Uruguay. A partir de ahí se empezó a conversar una estrategia regional para La Trastienda en Sudamérica. El primer paso era recuperar Montevideo”, señala Quinteros.
La lógica del proyecto apunta a una Trastienda por ciudad, en capitales o plazas con volumen suficiente para sostener la actividad. La idea de fondo es construir un circuito regional que permita a los artistas girar por varias salas bajo una misma marca, en ciudades como Buenos Aires, Montevideo o Santiago de Chile.
En Montevideo, el grupo tomó el control del local a través de un traspaso tras la salida del productor anterior, Danilo Astori Sueiro. Desde entonces, se lleva adelante un reciclaje del espacio, con el objetivo de modernizarlo sin perder la identidad que lo convirtió en un ícono cultural.
Se mantendrá el mobiliario original (restaurado especialmente), el escenario y la cercanía con el artista, uno de los principales diferenciales de la sala. Al mismo tiempo, se incorporan mejoras estructurales, una nueva imagen interior, una sala más luminosa, barras renovadas, baños hechos a nuevo y una actualización general de servicios.
“La gente se va a encontrar con la misma esencia de siempre, pero con una sala modernizada, más cómoda y preparada para los estándares actuales”, resume Quinteros.
Programación abierta y foco en nuevas audiencias
A diferencia de otros modelos, La Trastienda no funcionará principalmente como productora propia. El equipo asumirá el rol de programador, abriendo el espacio a productores independientes y a artistas.
Según el nuevo administrador, con experiencia en la industria de los shows musicales, el desafío pasa por ampliar la propuesta sin perder identidad. Eso implica sostener la tradición de artistas consagrados, pero también incorporar nuevas generaciones y entender cómo están cambiando los consumos culturales.
“Hoy Uruguay tiene una oferta muy fuerte de shows grandes, pero faltaba un espacio íntimo, de conexión directa entre artista y público. La Trastienda cumple ese rol, y por eso su regreso era necesario desde el punto de vista cultural”, cierra Quinteros.