Forbes Uruguay

Este multimillonario ganó US$ 360 millones vendiéndole su empresa de psicodélicos a Eli Lilly

Christian Angermayer
Levon Biss
Share

Hace doce años, Christian Angermayer tuvo un "viaje de hongos" que lo inspiró a intentar crear medicamentos aprobados por la FDA a partir de drogas psicodélicas. Ahora, la gran industria farmacéutica redobla la apuesta con una compra de US$ 2.800 millones por su visión.

En el Domingo de Pascua de 2014, el inversor alemán Christian Angermayer estaba en la playa de la isla caribeña de Canouan con tres amigos, evaluando si debía probar hongos alucinógenos

Antes de tomar la decisión, llamó a un profesor amigo que estudiaba psicofarmacología. El experto le explicó que estaba en el contexto y el estado mental ideales (el famoso set and setting), que tenía una mente sana y que debería probarlos. 

Así que Angermayer, quien dice que tenía miedo de terminar "malviajado" y viviendo como "un agricultor en Argentina", mezcló un poco de hongos en un yogur, se los comió y dejó que la droga hiciera lo suyo. 

Christian Angermayer
 

“Siempre digo que tengo que construir una estatua enorme de un hongo ahí”, dice Angermayer, que ahora tiene 48 años y un patrimonio de US$ 1.200 millones. “Fue la experiencia positiva más importante de mi vida. Cuando salí [del viaje], aunque me llevó años pulir bien la hipótesis, tuve la primera corazonada de que, si a mí me había ayudado tanto siendo una persona feliz y sana, no había dudas de cómo podía ayudar a la gente con problemas de salud mental y más allá”

Angermayer pasó los siguientes tres años trabajando en esa idea. El 29 de diciembre de 2017, tuvo otro viaje, pero esta vez volvió con un mensaje divino: Avanzá. No hay nada que perder. 

Al día siguiente voló a Nueva York para reunirse con el inversor multimillonario Mike Novogratz y le contó sobre su interés en los psicodélicos y sus dos experiencias. En una coincidencia que solo se da en el mundo de los psicodélicos, la hermana de Novogratz lo llamó al día siguiente y le contó que acababa de conocer en un retiro de yoga en Bali a una pareja, George Goldsmith y Ekaterina Malievskaia, que buscaba financiamiento para su naciente startup de psilocibina. Novogratz los conectó con Angermayer y así nació Compass Pathways, con el objetivo de investigar la psilocibina (el principio activo de los hongos alucinógenos) como un medicamento aprobado por la FDA. 

Ese mismo año, Angermayer cofundó otra empresa junto a Florian Brand, Lars Wilde y Srinivas Rao llamada Atai, enfocada en la DMT, un compuesto alucinógeno de acción rápida pero muy potente. (La DMT es el químico activo en la ayahuasca, mientras que la 5-MeO-DMT se encuentra en el veneno del sapo del desierto de Sonora). 

La semana pasada, esos viajes cerraron el círculo: AtaiBeckley (como se conoce ahora a la farmacéutica de Angermayer) fue adquirida por Eli Lilly —la compañía farmacéutica más valiosa del mundo, famosa por el Prozac para la depresión y por Zepbound y Mounjaro para bajar de peso— por US$ 2.800 millones de dólares. Como parte del acuerdo, Eli Lilly podría pagar hasta US$ 1.000 millones adicionales en pagos vinculados a hitos u objetivos. La participación del 15% que Angermayer tenía en AtaiBeckley significa que recibirá alrededor de US$ 360 millones (antes de impuestos) por la operación. Eli Lilly pasará a ser dueña del fármaco experimental BPL-003, un spray nasal de acción rápida que contiene benzoato de mebufotenina (una variante de la 5-MeO-DMT) y que se encuentra en la Fase III de desarrollo como tratamiento para la depresión resistente a los tratamientos. Se espera que los ensayos de Fase III comiencen en 2029. 

“Si no hubiera tenido mi viaje el 29 de diciembre y no hubiera hablado con Mike al respecto, no tendría nada”, dice Angermayer desde su departamento en Lugano, Suiza, mirando el lago por la ventana. “Ese fue el chispazo”. 

AtaiBeckley también está desarrollando otro fármaco relacionado con la DMT en formato de lámina sublingual que se disuelve en la boca, y cuenta con un catálogo de otros compuestos psicodélicos, entre ellos uno derivado del MDMA (el componente activo del "éxtasis"). Pero no esperen que Eli Lilly adopte un estilo hippie: es muy poco probable que la empresa use palabras como “psicodélico” o “viaje”. En un comunicado de prensa, Eli Lilly prefirió denominar a los fármacos de AtaiBeckley como “neuroplastógenos de acción rápida”

En otras palabras, no son drogas recreativas. El BPL-003 requiere que el paciente vaya a una clínica médica donde se le administra el spray nasal y se lo monitorea durante dos horas. Es una ventana de tratamiento similar a la del Spravato, un spray nasal derivado de la ketamina de Johnson & Johnson que fue aprobado por la FDA en 2019 y desde entonces se convirtió en un éxito comercial de US$ 1.700 millones. Durante años, biotechs y científicos han estado trabajando para desarrollar drogas psicodélicas de acción rápida con ventanas de tratamiento breves. La psilocibina suele durar entre cuatro y seis horas, mientras que drogas como el LSD duran 12. Pero un tratamiento de dos horas resulta mucho más rentable en términos de costos. 

En una publicación en X tras el anuncio de la venta, Angermayer señaló que la industria psicodélica está pasando por un cambio de era: “Hace diez años, los psicodélicos necesitaban un evangelizador”, escribió. “Ahora todo se reduce a la comercialización”. 

La compra de AtaiBeckley por parte de Eli Lilly es la transacción más grande en la historia del sector psicodélico. Ocurre menos de un año después de que AbbVie comprara por US$ 1.200 millones el bretisilocin —un análogo de la DMT y candidato principal de Gilgamesh Pharmaceuticals—. Mirados en conjunto, estos acuerdos marcan que los psicodélicos dejaron atrás el estigma hippie y hoy son tomados muy en serio por las grandes farmacéuticas (Big Pharma) como potenciales medicamentos aprobados por la FDA. Tras el éxito de Spravato, Eli Lilly busca crear su propio éxito multimillonario con el BPL-003, opina Karen Andersen, directora de investigación en salud de Morningstar. 

“Vemos a este como un mercado multimillonario con mucha facilidad, con Spravato superando holgadamente los US$ 3.000 millones para 2030”, explica Andersen, señalando que existen cuatro millones de personas en EE.UU. con depresión resistente a los tratamientos. “La compra de Gilgamesh por parte de AbbVie y el acuerdo de Lilly con AtaiBeckley muestran que hay un interés enorme en las Big Pharma por subirse al éxito de Spravato. La mayoría de estos fármacos se administran con menor frecuencia que el Spravato, y algunos buscan lograr mayor eficacia sin extender el tiempo de monitoreo posterior a la dosis”. 

Rick Doblin, el pionero en la investigación psicodélica que fundó en 1986 la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS), dijo estar “atónito” con la noticia de AtaiBeckley. “Es una cantidad de dinero impresionante”, le dijo Doblin a Forbes. “Es genial para los inversores y es genial para este campo de estudio”. 

Dicho esto, admite estar “muy preocupado” por la adquisición por parte de Eli Lilly, ya que considera que el tratamiento no viene acompañado de un esquema terapéutico sólido. Doblin dedicó gran parte de su carrera a promover la terapia asistida con psicodélicos: en 2014 fundó Lykos Therapeutics, una corporación de beneficio público que intentó sin éxito que la FDA aprobara su protocolo de terapia asistida con MDMA. (Doblin renunció al directorio y la empresa hoy se llama Resilient Pharmaceuticals, respaldada por el multimillonario de Miami Antonio Gracias). 

“Es un arma de doble filo”, dice Doblin. “Mi principal preocupación es que hay una clara intención de dejar de lado la terapia”. A lo largo de los años, Angermayer invirtió US$ 100 millones de su propio bolsillo en AtaiBeckley, participando en cada ronda de financiamiento y comprando acciones. (En 2025, Atai se fusionó con otra biotech del rubro, Beckley Psytech, fundada por la histórica investigadora Amanda Feilding y su hijo, Cosmo Feilding Mellen). 

La compañía salió a cotizar en el Nasdaq en 2021 a US$ 15  por acción. Hoy la cotización cayó un 63%, por lo que a los inversores que compraron en la salida a bolsa (IPO) este acuerdo con Lilly no los va a salvar. “Si alguien realmente creyó en Atai como lo hice yo”, asegura Angermayer, “está ganando muy buena plata”. Pero reconoce: “Si compraste a US$ 15, todavía no estamos ahí”. Para haber liderado un tratamiento basado en la disolución del ego, Angermayer tiene uno bastante grande. “Nunca se trata de una sola persona”, dice sobre esta revolución psicodélica, “pero quiero que se me recuerde como alguien fundamental en este siglo para devolver estas drogas a la sociedad de una manera sumamente responsable”. 

Christian Angermayer
 

Si bien es cierto que Angermayer es el inversor de mayor perfil y el que más ayudó a levantar cientos de millones de dólares para este sector, también es verdad que camina sobre los hombros de gigantes como Albert Hofmann (el primero en sintetizar el LSD), Timothy Leary, Doblin, Alexander Shulgin, Amanda Feilding, e investigadores de Johns Hopkins, el Imperial College de Londres, la Universidad de Nueva York, Yale y otras instituciones que iniciaron el renacimiento psicodélico demostrando los beneficios médicos de estas sustancias. 

Ahora, tras vender AtaiBeckley a Eli Lilly en el acuerdo más grande del sector, su trabajo con los psicodélicos está "cumplido". 

A Angermayer le quedará muchísimo trabajo por hacer con otras empresas de su cartera. Su fondo Apeiron, que maneja US$ 2.500 millones en activos, tiene participaciones en los Enhanced Games (la competencia estilo Juegos Olímpicos que él cofundó y que permite el uso de sustancias para mejorar el rendimiento), BlackRock Neurotech (que desarrolla interfaces cerebro-computadora) y Cambrian Bio (una firma dedicada a la longevidad). 

“No estoy aburrido para nada”, sintetiza Angermayer. “Creo que estamos entrando en la era más increíble, desafiante y disruptiva de la humanidad. Se vienen muchísimos avances en biotecnología, pero también en otras áreas de tecnología profunda (deep-tech). Y ahí es donde está nuestro portafolio. Creo que los próximos 10 años van a ser todavía mejores porque es el momento justo”.

*Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com

10