Kopel Sánchez y Estudio Lecueder se unen para desarrollar mega proyecto en Atlántida, con inversión total estimada en US$ 500 millones
El proyecto fue bautizado como “El Águila”, concebido como un desarrollo urbanístico de usos mixtos y con una ejecución prevista a lo largo de unos 20 años; se proyecta sobre 238 hectáreas en la Costa de Oro.

Un predio de 238 hectáreas ubicado en una de la zona de Atlántida es el punto de partida de El Águila, uno de los desarrollos urbanísticos más ambiciosos proyectados en Uruguay en los últimos años. Kopel Sánchez, la empresa de arquitectura y desarrollo liderada por Sebastián Sánchez y Fabián Kopel, se asoció con el Estudio Luis E. Lecueder para impulsar un proyecto de usos mixtos en esa parte del departamento de Canelones, que podría alcanzar una inversión total de hasta US$ 500 millones a lo largo de dos décadas.

Según explicó Sánchez a Forbes Uruguay, la iniciativa, que todavía se encuentra en una etapa inicial, apunta a crear una nueva centralidad dentro del área metropolitana de Montevideo, bajo un concepto de “ciudad del futuro”, flexible y abierta, integrada a la trama urbana existente y con fuerte énfasis en el espacio público, la sustentabilidad y la calidad de vida.

Un proyecto de escala inédita para Canelones

De las 238 hectáreas que compró el fondo inversor, unas 90 se ubican al sur de la ruta Interbalnearia, en dirección al mar, y 148 hectáreas al norte de ese corredor vial. El predio se extiende entre el Fortín de Santa Rosa y la conexión hacia la costa, en un punto estratégico de la ruta de mayor tránsito del país y dentro de una mancha urbana ya madura.

“Hablamos de una zona de una escala que no existe hoy dentro del área metropolitana: bien ubicada, bien conectada y con una superficie que permite pensar con mucha libertad”, explica el socio de Kopel Sánchez. A diferencia de otros grandes desarrollos, el desafío no pasa por atraer población desde cero. “La gente ya vive en Atlántida, Villa Argentina, Salinas, Parque del Plata y otras localidades cercanas. Una parte importante se traslada diariamente a Montevideo por trabajo”, explica.

El proyecto es liderado por Kopel Sánchez, pero cuenta con la asociación de Estudio Lecueder, que aporta su experiencia especialmente en los componentes comerciales y terciarios. La alianza se inscribe dentro de un grupo inversor diverso, integrado en un 95% por capitales uruguayos.

“Armamos un equipo que creemos que es de los más interesantes que se pueden conformar para pensar un desarrollo de este tipo. La idea es sentar en la mesa a quienes son referentes en cada área y pensar juntos cómo debería ser una ciudad pensada para el futuro”, señala Sánchez.

Usos mixtos y flexibilidad como eje

El proyecto se concibe como un desarrollo urbanístico de usos mixtos, una tipología todavía poco frecuente en Uruguay. En una misma trama abierta podrían convivir vivienda permanente, vivienda de veraneo, comercio, hotelería, oficinas, centros de experiencia, esparcimiento y actividades vinculadas a la innovación.

Sin embargo, una de las claves del proyecto es que no tiene un programa cerrado. La lógica es no definir de antemano todos los usos, sino permitir que el proyecto se adapte a los cambios tecnológicos, laborales y sociales que se irán dando en los próximos años.

“Antes, la incertidumbre se veía como algo negativo. Hoy, en el mundo del desarrollo urbano, la incertidumbre se transformó en flexibilidad”, afirma Sánchez.

Este enfoque toma como referencia prácticas internacionales impulsadas por grandes empresas tecnológicas que hoy desarrollan proyectos urbanos sin definir desde el inicio si un edificio será vivienda, oficinas o incluso un hospital. “El mundo cambia a una velocidad enorme. Hace tres años casi no se hablaba de inteligencia artificial, hoy lo cambia todo. Pretender cerrar hoy cómo va a ser un desarrollo dentro de diez años no tiene sentido”, agrega.

Lejos de pensarse como un barrio privado o un enclave cerrado, el empresario asegura que el proyecto busca integrarse plenamente a Atlántida, a la ruta interbalnearia y al departamento de Canelones. La propuesta plantea una trama urbana abierta, con paseos, espacios públicos y una experiencia comercial a cielo abierto, alineada con las nuevas tendencias internacionales.

“El objetivo de El Águila es generar ciudad. No es solo un barrio, no es solo un área empresarial ni un desarrollo inmobiliario puntual. Es todo eso junto”, resume. El entorno natural, que incluye desniveles con vistas al mar, cárcavas y áreas verdes, será preservado e integrado bajo criterios de sustentabilidad.

Inversión, plazos y permisos

La compra del terreno implicó una inversión de entre US$ 20 millones y US$ 26 millones. Si se suma la infraestructura prevista para la primera etapa, la inversión inicial ronda los US$ 50 millones. A futuro, la inversión total en tierra podría alcanzar los US$ 100 millones, mientras que el desarrollo completo, en un horizonte de 20 años, podría llegar a los US$ 500 millones.

“El proyecto no se piensa de una vez. Es progresivo. Vamos a tomar decisiones a medida que el contexto lo marque”, explica. Kopel Sánchez no se define como un especulador de tierra sino que su modelo de negocio apunta a desarrollar construcción (residencial, comercial, hotelera o de servicios) y no simplemente a vender terrenos.

Por su escala y características, el emprendimiento aspira a ser declarado proyecto de interés nacional. Esto implica la participación de múltiples organismos: la Intendencia de Canelones, los ministerios de Economía, Vivienda, Ambiente y Transporte, entre otros organismos.

El proceso de obtención de permisos podría llevar alrededor de un año y medio. Una vez superada esa etapa, la empresa estima que en un plazo cercano a los dos años podría comenzar la especialización de tierras y los primeros proyectos inmobiliarios, para luego dar paso a las obras de construcción.

Impacto regional

Desde la empresa destacan que se trata de una oportunidad para Atlántida, para todo Canelones y el país en general. La magnitud de la inversión, la generación de empleo y la creación de una nueva centralidad urbana posicionan al proyecto como uno de los desarrollos inmobiliarios más relevantes previstos en Uruguay.

“Es una oportunidad para quienes viven cerca, para quienes buscan mudarse desde Montevideo y para las empresas que quieren instalarse donde está la gente. Es un proyecto pensado para el largo plazo, para acompañar cómo va a cambiar la forma de vivir, trabajar y relacionarse”, concluye Sánchez.