El Mundial de 2026 no será solo un evento deportivo concentrado en seis semanas. Con 48 selecciones, 104 partidos y encuentros distribuidos en 16 ciudades de Estados Unidos, Canadá y México, el torneo ya funciona como un motor de desarrollo inmobiliario a largo plazo, más allá del impacto efímero que suele dejar una competencia de esta magnitud.
Según encuestas de Colliers, el impacto económico del evento debería alcanzar al menos los US$10.000 millones, impulsado sobre todo por inversiones en infraestructura. En su informe "Tendencias del mercado inmobiliario en las ciudades sede de la Copa Mundial", la consultora sostiene que, a diferencia de otras ediciones, esta vez el Mundial forma parte de estrategias concretas de planificación urbana en los tres países organizadores.
Y la inversión va mucho más allá de los estadios. Abarca infraestructura, hoteles, viviendas y activos comerciales, con especial atención en las zonas cercanas a los estadios, que suelen ser las que dejan un legado más duradero.
De 1994 a 2026: un mercado más maduro
Estados Unidos fue sede del Mundial de 1994 y, como siempre vale recordar, esa edición marcó el cuarto campeonato de la selección brasileña. El análisis de Colliers indica que el impacto económico de este año será mucho mayor que el de hace 22 años.
En Dallas, una de las ciudades que fue sede del torneo en 1994 y que vuelve a serlo este año, el impacto económico se estimó en unos US$ 600 millones. Para 2026, la proyección alcanza los US$ 2.100 millones. Ajustado por inflación con el Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos, ese valor rondaría los US$ 1.310 millones. Es decir, el evento de este año tiene un potencial de inversión mucho mayor que el de hace 22 años.
Más allá de la evolución del torneo, los analistas de Colliers señalan que el modelo urbano se transformó. El estadio que recibirá los partidos del Mundial, el AT&T Stadium —donde juegan los Dallas Cowboys, equipo de la NFL— no existía en 1994: se construyó en 2009. En aquella edición, los partidos se disputaron en el Cotton Bowl.
A pesar de eso, el Distrito de Entretenimiento de Arlington, donde se encuentra el AT&T Stadium, se consolidó como un centro que articula entretenimiento, logística y transporte, con conexión directa a una de las regiones aeroportuarias más transitadas del país. No se trata de un fenómeno nuevo. Pero en 2026, la escala del proyecto —y el nivel de ambición— cambiará por completo el escenario.
Los estadios como puntos de referencia para recintos de uso mixto
En el sector inmobiliario, el criterio dejó de centrarse en la construcción de instalaciones aisladas. Hoy la lógica apunta a desarrollar barrios enteros alrededor de estas estructuras, capaces de sostener el flujo de personas, los ingresos y la ocupación más allá de los días de partido.
En Atlanta, la zona que rodea el Mercedes-Benz Stadium —donde juegan los Atlanta Falcons— experimentó una marcada aceleración de proyectos que incluyen departamentos, hoteles y locales comerciales. El objetivo es aumentar la ocupación permanente en el centro y reducir la dependencia de eventos puntuales, un desafío histórico para la ciudad.
En el sur de Florida, nuevos desarrollos comerciales y residenciales están transformando zonas de los condados de Miami-Dade y Broward. Se estima que la región tendrá un impacto económico de US$ 1.500 millones, casi el triple del impacto de un Super Bowl y en un plazo considerablemente más corto. @@FIGURE@@
Esta dinámica no se limita a Estados Unidos. En México, Monterrey avanza con desarrollos de lujo en zonas como Valle Oriente y San Pedro Garza García. En ese contexto, el Mundial funcionó como catalizador de proyectos de vivienda mixta y multifamiliar orientados al público corporativo, en un mercado que ya mostraba signos de madurez, pero que ganó un impulso extra con la llegada del torneo.
La infraestructura como activo inmobiliario
El calendario exigente del Mundial también aceleró la ejecución de proyectos de infraestructura que, en otros contextos, habrían demorado años en concretarse. Kansas City es un ejemplo claro: la ciudad inauguró un nuevo aeropuerto con una inversión de US$ 1.500 millones y avanza con la ampliación de su red de tranvías, el KC Streetcar.
En el mercado inmobiliario, la mejora en la conectividad tiene un efecto casi inmediato sobre la revalorización de hoteles, activos comerciales y proyectos minoristas. El impacto económico local se estima en US$ 650 millones, lo que refuerza el rol de la infraestructura como un activo inmobiliario en sí mismo.
En Seattle, la inversión de US$ 800 millones en el Seattle Waterfront Park reposiciona la zona costera como un activo urbano estratégico. La integración del parque al tejido de la ciudad ya impacta en el valor de los desarrollos residenciales y comerciales cercanos, incluso antes del inicio del torneo.
En México, Guadalajara destina recursos a proyectos de movilidad sustentable y al desarrollo de un nuevo parque urbano en torno al Estadio Akron, que será sede de cuatro partidos de la fase de grupos del Mundial. La obra refuerza la estrategia de regeneración urbana asociada al evento.
Residencial y hospitalidad más allá del corto plazo
El Mundial también deja huella en los mercados residencial y hotelero, más allá de la demanda puntual de alquileres temporarios. En la Ciudad de México, la renovación del Estadio Azteca —que será sede de cinco partidos, incluido el inaugural del 11 de julio— funciona como un catalizador para revalorizar barrios como Polanco y Roma-Condesa, además de impulsar inversiones en la modernización del sector hotelero y en la infraestructura del aeropuerto. @@FIGURE@@
En Guadalajara se destaca el crecimiento de la vivienda multifamiliar en altura en zonas como Zapopan y Tlaquepaque, en línea con la expansión urbana y la llegada de nuevas inversiones vinculadas al torneo.
La sostenibilidad está incluida en la ecuación
La edición 2026 también impulsa la incorporación de criterios ESG en el desarrollo inmobiliario. En Monterrey, el Estadio BBVA —que será sede de cuatro partidos— se convirtió en el primero de Latinoamérica en obtener la certificación LEED Oro para operaciones y mantenimiento, lo que marca un nuevo estándar en la gestión de activos deportivos. LEED Oro es un sello de excelencia en sostenibilidad otorgado por GBCI (Green Business Certification Inc.).
Boston sigue un camino similar al integrar la renovación del Estadio Gillette —valorada en US$ 225 millones — a su ecosistema vinculado a las ciencias de la vida y la tecnología. Entre otras iniciativas, el estadio —que albergará siete partidos del Mundial— es sede de la Feria de Productos ISPE Boston, un evento dirigido a profesionales de la industria biofarmacéutica y farmacéutica enfocado en nuevas tecnologías. La ciudad proyecta un impacto económico de US$ 1.100 millones vinculado al torneo.
El partido después del pitido final
En Canadá, Vancouver proyecta una producción económica de 1.700 millones de dólares canadienses y considera al Mundial como una continuidad del legado urbano que comenzó con los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010.
Los Ángeles ve el torneo como una oportunidad para potenciar los sectores de la hotelería, el comercio y la logística, en especial los vinculados al complejo portuario de la región.
Para los inversores institucionales y los desarrolladores inmobiliarios, leer los informes de Colliers resulta una decisión práctica. Las oportunidades más relevantes del Mundial 2026 no están en las entradas ni en el calendario de partidos, sino en la infraestructura y los activos inmobiliarios que seguirán en pie mucho después del pitido final.
*Con información de Forbes Brasil.