Tiene 31 años y con US$ 150.000 creó un dispositivo para que los niños aprendan matemáticas
MagicBox, el proyecto creado por el psicólogo Alejandro Ferreira, ya fue probado en escuelas, obtuvo apoyo de ANII, Ithaka y New Pace y busca expandirse primero a Brasil.

La matemática es uno de los grandes desafíos de los sistemas educativos en todo el mundo. Según datos de la UNESCO, cerca del 60% de los estudiantes de 8 años no alcanza las competencias básicas en esta área. Ese problema global fue el punto de partida para el emprendedor uruguayo Alejandro Ferreira, que a sus 31 años decidió crear una herramienta distinta para abordar la enseñanza temprana de los números.

El resultado es MagicBox, un dispositivo educativo físico para fortalecer las habilidades matemáticas de niños en edad escolar a través del juego colaborativo. El proyecto nació como una tesis universitaria, pero con el tiempo evolucionó hasta convertirse en una startup que ya invirtió cerca de US$ 150.000 en el desarrollo del producto y ahora prepara su salida comercial en Uruguay.

Ferreira es licenciado en Psicología y, aunque su formación académica no está directamente vinculada con la enseñanza de las matemáticas, siempre tuvo un interés particular por la tecnología. De hecho, antes de crear MagicBox ya había impulsado otros emprendimientos vinculados a la fabricación digital y la impresión 3D.

La idea de su nuevo proyecto surgió, en parte, de su propia experiencia como estudiante. “Durante mi vida me fue bastante mal en matemáticas y siempre me quedó la duda de si realmente era malo o si simplemente no me habían enseñado de una forma que me resultara atractiva”, cuenta a Forbes Uruguay.

Ese cuestionamiento lo llevó a investigar el problema desde una perspectiva académica mientras desarrollaba su tesis. En ese proceso descubrió el alcance global de las dificultades en el aprendizaje de las matemáticas y también el impacto que esta área tiene en el desempeño educativo general.

“Uno de los hallazgos más interesantes es que el rendimiento en matemática funciona como un predictor bastante fuerte de la trayectoria educativa de un estudiante. Mejorar esas habilidades en la primera infancia puede influir positivamente en muchos otros aspectos del aprendizaje”, explica.

Un juego para entrenar el cerebro

MagicBox no pretende reemplazar los métodos tradicionales de enseñanza, sino funcionar como una herramienta complementaria para entrenar ciertas habilidades cognitivas que sostienen el aprendizaje matemático.

El dispositivo funciona junto con cartas especiales que contienen sensores. Los estudiantes reciben desafíos matemáticos y deben elegir entre dos posibles respuestas (representadas por colores) pasando la carta por el dispositivo.

Niños usando una MagicBox en el aula

La dinámica está pensada para jugarse en grupo, idealmente con cuatro niños alrededor de una misma MagicBox. Cada estudiante recibe un desafío distinto y responde de manera individual, pero el sistema no revela inmediatamente si la respuesta es correcta o incorrecta. Solo al final de la ronda el dispositivo indica si el grupo resolvió bien el desafío o si existe al menos un error.

Si eso ocurre, los estudiantes deben volver a intentar el ejercicio, pero esta vez discutiendo entre ellos cómo llegaron a su respuesta. Ese intercambio es, justamente, el núcleo pedagógico de la propuesta.

El aprendizaje se da en ese momento en el que los niños explican qué estrategia usaron. Algunos cuentan los puntos, otros estiman cantidades o comparan tamaños. Ese diálogo colectivo es lo que permite consolidar los conceptos”, señala Ferreira.

Una partida completa dura unos 20 minutos y se compone de varias rondas de desafíos. El formato breve está diseñado para adaptarse a los niveles de atención de los niños y a las dinámicas habituales de las clases.

Otra característica clave del sistema es que nunca expone quién se equivocó dentro del grupo. Si hay un error, el dispositivo simplemente indica que el equipo debe volver a intentar.

Según el emprendedor, ese detalle es fundamental para mantener la motivación y fomentar el trabajo colaborativo. “Nadie queda señalado por haberse equivocado. Eso hace que los estudiantes participen más y se animen a probar estrategias distintas”, afirma.

De tesis académica a startup

Durante sus primeros años, MagicBox fue básicamente una herramienta de investigación académica utilizada en entornos educativos para estudiar procesos de aprendizaje.

El salto hacia un producto comercial llegó cuando Ferreira se vinculó con otros emprendedores interesados en impulsar la iniciativa. Entre ellos se encuentra Germán Clark y el grupo inversor New Pace, que decidió respaldar el desarrollo del proyecto.

Con ese apoyo, el equipo comenzó a trabajar en el diseño industrial del dispositivo, el desarrollo de la electrónica, la programación del sistema y la creación de una aplicación que permite a los docentes acceder a datos sobre el desempeño de los estudiantes.

En paralelo, el emprendimiento también recibió el respaldo del ecosistema local de innovación. El proyecto fue incubado por Ithaka y obtuvo apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). En total, el desarrollo del producto requirió una inversión cercana a los US$ 150.000.

Parte de ese proceso implicó diseñar la matriz de fabricación y preparar la industrialización del dispositivo. La electrónica se produce en China, mientras que el cuerpo del dispositivo (hecho de plástico) se fabrica en Uruguay mediante procesos de inyección.

Los primeros pilotos en escuelas

Antes de llegar al mercado, MagicBox fue probado en distintas instituciones educativas a través de pilotos. Uno de los ensayos más recientes involucró a estudiantes de seis años durante un período de cinco semanas.

Según los datos recabados por el equipo, el 85% de los participantes mostró mejoras en su desempeño en matemáticas, con un incremento promedio del 11% en pruebas comparativas realizadas antes y después de la intervención.

Más allá de los números, Ferreira destaca la rapidez con la que los niños se adaptan al dispositivo. “En cuestión de minutos ya entienden cómo funciona y pueden jugar prácticamente solos. El docente sigue teniendo un rol de supervisión, pero la dinámica se vuelve bastante autónoma”, explica.

El feedback de los docentes también fue positivo. En una de las instituciones donde se realizó el piloto, la experiencia comenzó con un solo grupo de primer año de escuela. Tras los resultados obtenidos, el centro decidió ampliar el uso del sistema a varios cursos.

Modelo de negocio y primeros clientes

El principal mercado de MagicBox son las instituciones educativas. El emprendimiento comercializa kits institucionales que incluyen cinco dispositivos, 15 mazos de cartas y acceso a la plataforma de seguimiento para docentes, además de capacitación inicial. El precio de lanzamiento de estos kits ronda los US$ 1.500

En paralelo, la empresa también está explorando un modelo para consumidores particulares. En ese caso, el kit doméstico incluye un dispositivo y un mazo de cartas y tiene un costo cercano a los US$ 250.

En Uruguay existen aproximadamente 2.000 instituciones educativas entre públicas y privadas. Para este año, el objetivo de la startup es colocar al menos 500 dispositivos en el mercado local. Actualmente el producto se encuentra en etapa de preventa y las primeras unidades deberían comenzar a entregarse en las próximas semanas.

Aunque Uruguay es el punto de partida, el equipo tiene claro que el potencial del producto está en los mercados internacionales. El primer destino elegido es Brasil.

A diferencia de otras herramientas educativas, MagicBox no depende del idioma ni de contenidos culturales específicos, ya que trabaja sobre conceptos matemáticos universales.

“Las matemáticas son iguales en cualquier parte del mundo. Eso hace que el producto sea muy fácil de escalar”, sostiene Ferreira.

El emprendedor ya mantuvo reuniones con actores del sistema educativo brasileño y el equipo realizó un mapeo de los contenidos del dispositivo con la Base Nacional Común Curricular (BNCC) de ese país.

Además de Brasil, la startup también comenzó a explorar oportunidades en Perú y Paraguay. Por ahora el foco está puesto en afirmar las primeras ventas antes de buscar nuevas rondas de inversión.

“Todavía es temprano para levantar capital. Queremos primero demostrar tracción comercial y validar el producto en el mercado”, explica Ferreira.