La Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) tiene, desde hace un par de semanas, una versión renovada de su programa de coinversión en startups. El mecanismo, que funciona bajo la lógica del matching fund, implica que ANII pone un peso por cada peso que aporta un inversor privado, con tickets que van desde los US$ 75.000 hasta los US$ 500.000. En cartera ya hay diez empresas financiadas, que van desde fintechs hasta startups de biotecnología que trabajan en tratamientos contra el cáncer o en terapias basadas en compuestos psicodélicos para la salud mental.
Álvaro Brunini, director de ANII, conversó con Forbes Uruguay en exclusiva sobre los cambios que acaban de entrar en vigencia y sobre las perspectivas del ecosistema emprendedor uruguayo.
Una herramienta que viene aprendiendo
El programa de coinversión fue lanzado en mayo de 2024, durante la administración anterior, y Brunini lo reivindica como una política de Estado que el actual gobierno adoptó y decidió profundizar. "Estamos viendo cómo flexibilizamos y potenciamos esta herramienta, que creemos que va en la línea correcta de conseguir más opciones de financiamiento para las startups", dice.
El instrumento opera con notas convertibles o, a partir de ahora, también con SAFEs, el vehículo estándar en el mercado global de capital semilla. La diferencia es relevante: mientras la nota convertible genera deuda con una tasa de interés, el SAFE convierte directamente en equity ante un evento de liquidez sin acumular intereses en el camino. ANII fijó la tasa de las notas convertibles en 3% más IVA, simplificando un esquema anterior que dependía de variables como el riesgo país y la tasa de referencia de Estados Unidos.
Los cambios surgen de dos años de experiencia concreta y de talleres de trabajo realizados con inversores y startups. "Hicimos una serie de cambios, entre comillas chicos, pero creo que son relevantes para las startups y para los inversores de forma de poder dinamizar más la inversión", dice Brunini.
Menos barreras para entrar
Uno de los ajustes más significativos tiene que ver con los requisitos que se le exigen a los inversores para registrarse en el programa. Antes, un inversor ángel debía demostrar haber invertido al menos US$ 200.000 en startups durante los últimos tres años. Ahora ese umbral bajó a US$ 75.000 en cinco años. El cambio responde a que en Uruguay el segmento de inversores ángeles está más desarrollado que el de fondos de venture capital, a diferencia de lo que ocurre en Argentina, Chile o Brasil.
Además, el nuevo esquema admite que tres inversores ángeles se asocien para coinvertir de forma conjunta. En ese caso, solo uno de los tres debe cumplir con el requisito de los US$ 75.000; los otros dos únicamente necesitan acreditar un aporte mínimo de US$ 15.000 equivalentes. Es, en la práctica, una forma de promover la asociación entre ángeles y de bajar la barrera de entrada al programa.
Otro cambio relevante es la admisión de retroactividad. Hasta ahora, si un fondo ya había acordado una inversión en una startup y después se enteraba de la existencia del programa, quedaba afuera: todo tenía que ser a futuro. Desde las nuevas bases, se acepta retroactividad de hasta tres meses, lo que habilita a inversores que ya tomaron una decisión a sumarse igual al esquema de coinversión.
Para los tickets inferiores a US$ 150.000, ANII también eliminó los desembolsos en cuotas. Ahora el dinero se entrega de una sola vez, en línea con la lógica habitual del venture capital. Para montos mayores se mantienen los hitos, pero la simplificación para los tickets más chicos es un alivio operativo concreto.
Lo que ya está en cartera
Hasta ahora, el programa tiene 19 coinversores aprobados, entre ellos 15 Organizaciones de Capital Emprendedor y cuatro inversores ángeles. Se firmaron diez acuerdos marco y se aprobaron diez coinversiones por un total de US$ 2.345.000.
El portfolio refleja las áreas prioritarias del programa, como tecnologías digitales avanzadas, tecnologías verdes y biotecnología. Entre las startups financiadas están AhorraFácil, una plataforma de inclusión financiera, y Anzi Finance, una fintech de reciente incorporación. El grueso del portfolio, sin embargo, está en biotecnología: ArDan Pharma trabaja en fármacos para estimular la respuesta inmune contra el cáncer; Eolo Pharma desarrolla compuestos para enfermedades metabólicas; Eywa diseña terapias para salud mental basadas en compuestos psicodélicos producidos con ingeniería metabólica; RadBio apunta a soluciones biomédicas para enfermedades complejas; y metaBix Biotech desarrolla tecnología predictiva de riesgos microbiológicos para el sector agroalimentario. @@FIGURE@@
Brunini no esconde el entusiasmo. "Estoy convencido de que alguna de estas va a ser unicornio", dice, aunque aclara enseguida que lo que importa es que, al menos algunas, generen retorno suficiente para retroalimentar los recursos de la agencia.
La lógica del retorno
A diferencia de los instrumentos tradicionales de ANII, que son no reembolsables, esta herramienta espera recuperar capital. Eso la ubica en un segmento diferente, más cerca de lo que hace el fondo Orestes Fiandra, que opera con créditos en conjunto con el BROU para empresas que innovan y se internacionalizan, y que ya ha tenido retornos concretos.
"A mí lo que me interesa en el mediano plazo es poder recuperar plata para volver a volcarla al sector privado", dice Brunini. La lógica es que ANII no es un fin en sí mismo, sino un vehículo para que los recursos públicos sigan circulando dentro del ecosistema. Ya hubo un primer caso relevante en ese sentido cuando Eywa llegó a un evento de liquidez y ANII convirtió su nota en equity, inaugurando ese mecanismo dentro del programa.
El radar internacional
Brunini llegó a esta entrevista con las valijas casi sin deshacer. Estuvo en Miami participando del VC Latam Summit, un evento anual organizado por las asociaciones de capital privado de la región, que en esta edición fue liderado por Chile con participación de URUCAP y las asociaciones de Brasil y otros países. El formato es de paneles y networking: un día de conversaciones sobre los desafíos del venture capital en Latinoamérica, con fondos de toda la región en la sala.
Uruguay viene participando de ese evento con el objetivo de posicionarse como destino para que fondos extranjeros se instalen, dar a conocer las startups locales y promover la herramienta de coinversión. En esta edición, Brunini aprovechó para anticipar los cambios que estaban por entrar en vigencia. La recepción fue positiva. "Entienden que esto viene a agilizar las opciones para invertir en Uruguay", dice. La incorporación del SAFE, en particular, fue bien recibida por los fondos de venture capital internacionales, para quienes ese instrumento es la norma.
El ecosistema emprendedor uruguayo, según Brunini, está en un buen momento. La biotecnología aparece como la novedad más visible, vinculada al polo científico que orbita alrededor del Institut Pasteur, la Facultad de Ciencias de la UdelaR y la ORT. Y se suma a un segmento de fintech que lleva años consolidado y con casos de éxito propios.
"Uruguay está en el mapa", cierra.