Desde Europa, pero con un vínculo permanente con Uruguay, Joaquín Labella construyó en menos de una década una plataforma de inversión en activos reales que hoy administra unos US$ 130 millones en tierras agrícolas, ganaderas y forestales en Sudamérica y Europa. Junto al suizo Francisco Roque de Pino, cofundó en 2016 The Land Group, una firma especializada en estructurar, gestionar y operar inversiones agrícolas para family offices e inversores de alto patrimonio.
A diferencia de los fondos tradicionales, la empresa trabaja bajo mandatos no discrecionales y con un fuerte foco en transparencia y alineación con el inversor.
La firma administra hoy más de 40.000 hectáreas entre Uruguay y Paraguay, con un pie en Portugal y planes avanzados de expansión hacia España y Brasil. Sobre cuál es el modelo de negocio y su visión sobre el país, habló con Forbes Uruguay.
¿En qué países operan actualmente y con qué escala?
Hoy administramos unas 20.000 hectáreas en Uruguay y otras 20.000 en Paraguay. Estamos en proceso de comprar nuestros primeros campos en Portugal y ya tenemos conversaciones avanzadas para expandirnos a España y Brasil este año.
¿Qué tipo de inversores trabajan con ustedes?
Principalmente family offices y personas físicas de alto patrimonio. Históricamente trabajamos mucho con inversores de Estados Unidos y Europa, pero en los últimos años vimos un creciente interés de brasileños. Nos dedicamos a todo, desde la identificación de la oportunidad, la gestión, producción y administración, hasta la salida. Somos su persona de confianza, porque hay una barrera cultural, una zona horaria diferente, distancia de 10.000 kilómetros y 12 horas de avión. Entonces confían en nosotros la gestión de su patrimonio.

¿Cuál es el modelo de negocio de The Land Group?
No somos un fondo. Trabajamos con mandatos no discrecionales. Los inversores definen el plan de negocio, el apetito de riesgo y lo ejecutamos de forma estricta. El activo siempre es propiedad del inversor, tienen un reporte mensual y acceso a la cuenta bancaria. Realmente es un mandato de confianza y transparencia total, donde ellos son los últimos dueños de su destino y de los activos. Si no están conformes con nuestro servicio, pueden terminar la relación sin previo aviso.
¿Tienen alguna tasa de retorno mínima para las inversiones que hacen en tierras?
Por política nunca prometemos retornos. Sabemos los vaivenes tanto de los precios de los commodities, del precio del ganado o del clima. Bajo transparencia total acordamos juntos cuál es el plan de negocio, pero nunca prometemos un retorno porque da para errores.
En el caso de Uruguay, ¿cómo se distribuyen las actividades productivas?
Administramos siete campos distribuidos en seis departamentos. Al inicio el 100% del área estaba arrendada, pero con el tiempo asumimos mayor riesgo operativo. Hoy operamos directamente toda el área ganadera, unas 14.000 hectáreas. En agricultura manejamos unas 2.000 hectáreas y el resto corresponde a forestación.
El cuidado del suelo parece ser un eje central del modelo.
Totalmente. Cerca del 85% del patrimonio que administramos está en el suelo. Más allá del resultado de cada campaña, nuestro objetivo es que los campos a largo plazo sean más resilientes, fértiles y valiosos. Aplicamos rotaciones estrictas entre agricultura y pasturas, incluso cuando los precios agrícolas son altos. Nuestros clientes priorizan la valorización del activo en el tiempo más que el retorno anual.
¿Qué rol juega el riego en las decisiones de inversión?
Es clave. Donde hay disponibilidad de agua, apostamos al riego. Creemos que hoy es más rentable invertir en riego que en comprar más tierra, porque permite dar un salto productivo y reduce el riesgo climático. Además, Uruguay tiene una ventaja comparativa importante en disponibilidad de agua, más allá de los beneficios fiscales. Nuestra política con los inversores es reinvertir. Cerca del 90% de los dividendos de los campos se reinvierten en infraestructura como el riego, por ejemplo. Tenemos red de agua en la parcela subterránea en el 100% de los campos que operamos.
¿Dónde empieza tu historia y cómo fue tu formación antes de llegar al mundo de las inversiones agropecuarias?
Nací y me crié en Mercedes, Soriano, donde hice Primaria y Secundaria. Es una ciudad muy vinculada al sector agrícola, aunque mi familia no estaba directamente ligada al campo. De todos modos, siempre tuve un vínculo cercano: mi abuelo fue uno de los pioneros de la apicultura en Uruguay y el primer exportador de miel del país. Hoy tiene 92 años. Mi formación fue por otro lado. Estudié para ser contador público y luego hice un máster en finanzas. Mi objetivo siempre fue trabajar en ese mundo. Nunca imaginé que iba a terminar ligado a la agricultura de forma profesional.
¿Cómo surge The Land Group y el vínculo con tu socio?
A los 25 años me fui a vivir a Londres por una oportunidad laboral. Trabajé en un holding de inversiones enfocado en activos reales en América Latina. Mi socio Francisco Roque de Pino, que es suizo, era en ese momento mi jefe. Con el tiempo decidimos abrirnos y lanzar un proyecto propio. En 2016 fundamos The Land Group.
Al comienzo, el foco estuvo en ayudar a personas que ya habían realizado inversiones en la región. Administrar mejor esos activos e incluso a recuperarlos. Hoy puedo decir que tengo un trabajo soñado porque básicamente combino lo que es las finanzas, que fue mi pasión y lo que estudié, en diálogo con inversores sofisticados al más alto nivel. Asimismo, paso tiempo con los equipos en los distintos campos, tanto en Sudamérica como en Europa. Para mí es el mundo perfecto.
Con el contexto actual, ¿Uruguay aún es atractivo para el inversor extranjero?
Sí, aunque vemos algunas luces amarillas en materia de competitividad. El costo país es alto y, en algunos casos, la rentabilidad está muy sostenida por precios. Dicho eso, Uruguay ofrece estabilidad institucional, reglas claras y previsibilidad, que en el contexto geopolítico actual son activos muy valorados. Nuestros inversores tienen una mirada de largo plazo, de diez o 20 años.
Tenemos que seguir posicionándonos como productores de carne de alto valor a pasto, sin deforestación, sin uso de hormonas y de antibióticos, y tratar de abrir más mercados. Darle al productor uruguayo más opciones y que el precio no sea circunstancial.
Desde Europa, ¿cómo ves el acuerdo Mercosur Unión Europea?
Lo veo como una muy buena noticia. Toda apertura comercial es positiva. Como decía, Uruguay debería apostar a abrir mercados y posicionarse sobre todo en ganadería, con atributos como carne a pasto, trazabilidad y sostenibilidad.
¿Tenés planes de volver?
Antes vivía en Londres y actualmente resido en Lisboa. Estoy casado con una argentina, tengo dos hijos portugueses y viajo a Sudamérica unos diez días al mes. La idea es volver a radicarnos en Uruguay en el mediano plazo. El arraigo familiar pesa y creemos que es un buen lugar para que nuestros hijos crezcan.
FOTO: LEONARDO MAINÉ