Una película uruguaya filmada durante ocho años llegó a Locarno y ahora se venderá en el mundo
“Maltrato Animal”, el thriller de José Dell'Acqua ambientado en la crisis de 2002, fue adquirida por Latin Quarter Distribution tras su paso por el First Look del festival suizo.

Latin Quarter Distribution, compañía con sede en La Haya, adquirió los derechos de venta internacionales de “Maltrato Animal”, el primer largometraje del director uruguayo José Dell'Acqua. El anuncio lo dio a conocer Variety, después de que la película se proyectara en el First Look de Locarno, una competencia de proyectos en etapa de posproducción que este año tuvo a Uruguay como foco, de la mano de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU). 

“Buscamos permanentemente nuevas voces distintivas del cine independiente latinoamericano”, dijo a Variety Juan G. Castro, fundador y director de Latin Quarter, sobre el interés en sumar la película a su catálogo.

La película sigue a un veterinario montevideano que, en el momento en el que pasaba por una mala situación financiera, entra en una red clandestina de cría de animales y venta de fármacos para sobrevivir. Está protagonizada por un elenco íntegramente uruguayo que integran Hugo Piccinini, Soledad Pelayo, Bruno Pereira, Néstor Guzzini, Bárbara Straus, Agustín Berruti y Adrián Prego.

Filmación de la película Maltrato Animal

Dell'Acqua, de 38 años, es licenciado en Comunicación y viene de la publicidad, los cortometrajes y los videoclips, aunque “Maltrato Animal” es su primer largometraje como director. Antes de estudiar cine se formó en fotografía, cámara e iluminación, y toca música desde los 15 años, algo que marcó su forma de dirigir. 

“Creo que la dirección es eso, saber un poco de varias áreas”, contó a Forbes Uruguay, y agregó que esa mezcla de oficios fue lo que finalmente le permitió pararse como director general del proyecto.

La historia está ambientada en la crisis de 2002, un momento que Dell'Acqua vivió de cerca aunque era apenas un adolescente. Tenía 12 o 13 años, vivía en el barrio Reducto y recuerda los cacerolazos, el miedo a los saqueos en los supermercados, amigos del barrio que terminaron consumiendo pasta base y las conversaciones de los adultos sobre si convenía irse del país. “Es una parte muy marcada en mi vida”, dijo.

En esos mismos años, contó, su madre se enfermó y esa experiencia personal terminó filtrándose en el guion. Dell'Acqua define la película como una especie de autoficción que mezcla recuerdos familiares, objetos y paisajes de época con una trama inventada, aunque el argumento en sí es ficción.

Un emprendimiento que tardó en ver la luz

El rodaje se extendió a lo largo de ocho años, con cuatro de ellos dedicados a filmar, a razón de una semana por año, hasta sumar entre 17 y 18 días de rodaje en total. 

Dell'Acqua explicó que el proyecto arrancó con apoyo de fondos concursables, pero que un cambio de gobierno derivó en una reestructura de la ACAU (entonces ICAU) que dejó afuera a varios proyectos, entre ellos el suyo, y llevó a que las coproductoras extranjeras que lo acompañaban se bajaran.

Ante ese escenario, decidió avanzar por una vía alternativa y les dio participación en los derechos de la película a los técnicos y actores a cambio de su trabajo, en lugar de un pago convencional. El rodaje discontinuo respondía a esa misma lógica, ya que había que esperar a que cada persona estuviera disponible y a que los actores recuperaran la caracterización del año anterior.

Sobre los números del proyecto, Dell'Acqua prefirió no dar cifras concretas pero sí detalló que existe una diferencia grande entre el presupuesto que figura en el certificado de nacionalidad de una película uruguaya y el dinero que realmente manejan muchas producciones locales, bastante menor.

En su caso, buena parte de los recursos vinieron de aportes en especie, como vehículos de época prestados por amigos, y de la reinversión de sus propios ahorros año tras año.

Con el correr del tiempo, el proyecto consiguió un fondo de coproducción que le permitió encarar la etapa final de un modo más convencional, con montajista, estudio de color y estudio de sonido contratados. Dell'Acqua estima terminar la posproducción en diciembre de este año. Antes de Locarno, la película ya había pasado por el Festival de Santa Fe y está postulada a otras instancias internacionales.

Cómo cambia el juego la adquisición de los derechos

La llegada de Latin Quarter Distribution cambia el panorama de exhibición de la película. “Dentro de un agente de ventas accedés a distribuidores a los que sería muy difícil llegar por tu cuenta”, explicó Dell'Acqua, y agregó que lo mismo pasa con los curadores de festivales, porque se trata de una industria que funciona en base a la confianza y a los contactos previos. 

Comparó el momento actual del cine con lo que vivió la música con la aparición de los estudios caseros, un proceso de democratización que, según él, el audiovisual recién está empezando a transitar.

El acuerdo con Latin Quarter contempla que la compañía invierta en la distribución internacional de la película, gestione su venta a plataformas, distribuidoras locales, canales de televisión y festivales, y se quede con un porcentaje de lo recaudado.

De cara al futuro de la industria audiovisual uruguaya, el director sostuvo que en sus ocho años de desarrollo el sector cambió de forma profunda, con técnicos cada vez más profesionalizados. 

“El cine se va a seguir haciendo con o sin fondos, como se hizo siempre. La inteligencia de los artistas existe, tengan o no financiamiento”, sostuvo, aunque consideró clave que los fondos disponibles apuesten con más fuerza a historias y producciones nacionales.

En “Maltrato Animal”, casi todos los jefes de equipo, desde la dirección de arte hasta la fotografía, encaraban por primera vez ese rol en un largometraje. “En la particularidad de nuestra película, todos los jefes de equipo son ópera prima, y eso es bastante importante”, señaló. 

La excepción fue el área de sonido, a cargo de Manuel Escavone, con experiencia previa en otras películas. El resto del equipo estable a lo largo de los ocho años lo completan Victoria Zabaleta, en arte y vestuario, y Germán Couto, en dirección de fotografía.

“Como productor de esta película, quiero agradecer especialmente a todos los colegas que apoyaron este proyecto y que hicieron posible que la película pudiera existir. En particular, a Victoria Cardozo, Belén Reyes y Herny Cabral por su trabajo en la producción de campo; a Mateo Piggola, por asumir la asistencia de dirección de un proyecto tan complejo; y a Germán Ormaechea y Animista Cine, por asumir conmigo la producción ejecutiva desde la mitad del rodaje y acompañar todo el proceso de montaje y postproducción. Sin ese trabajo colectivo, nunca podría haber realizado esta película", cerró el realizador.