Alimentación y emociones: cuando la comida habla de nosotros
Especialistas analizan cómo el vínculo con la comida se cruza con el descanso, el estrés y las emociones, y por qué el desafío ya no es solo “saber qué comer”.

Cómo comemos, qué lugar ocupa la comida y qué impacto tiene en la salud están en el centro de un cambio de hábitos que va más allá de las calorías. La nutricionista Alejandra Fernández sostiene que hoy es clave comer de forma consciente, entendiendo la alimentación como parte de un estilo de vida y no como un hecho aislado.

Podemos comer de una excelente manera, pero si no descansamos bien, si no tenemos actividad física, si no tenemos ocio y recreación, no tenemos hábitos saludables”, agregó Fernández, subrayando que la salud depende de un conjunto de conductas que incluye sueño, movimiento y tiempo libre.

Al analizar el vínculo con la comida desde una perspectiva psicológica, aparecen nuevas aristas. El magíster en Psicología Damian Benchoam plantea que la alimentación suele ser solo la parte visible de un fenómeno más profundo: “Nosotros vemos la comida como la punta del iceberg. Tenemos que observar qué es lo que está por debajo de todo eso. Lo que tenemos que hacer es empezar a ver cuál es la conducta que voy teniendo con la alimentación”.

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Para Benchoam, en muchos casos la alimentación trasciende lo biológico: “Por momentos termina siendo gran parte de mi identidad, de quién soy, y qué es lo que represento hacia el otro”.

Tan determinante es este vínculo con los alimentos que llega directamente al campo de las emociones. “La gente viene a la consulta a aprender a comer, pero muchas veces ya saben qué es saludable y qué no. En realidad, lo que no saben es gestionar sus emociones con la comida”, afirmó Fernández, aludiendo a una realidad frecuente en consultorios uruguayos.

Yo siempre les digo que el hambre emocional lo tenemos todos y tampoco es un pecado. Lo que es importante es tener otras herramientas. Porque si cada vez que pasa algo, recurrís a la comida, ahí sí vamos a tener un problema”, agregó, poniendo el foco en la necesidad de recursos alternativos para manejar el estrés, la ansiedad o el cansancio.

El autoconocimiento aparece como un factor central a la hora de construir un vínculo más sano con la alimentación. “Quizás hay algo por detrás de determinado comportamiento que nos esté diciendo acá hay algo que no es saludable, no por la comida en sí, sino por lo que cada uno siente o cómo cada uno se siente”, concluyó Benchoam, señalando que entender lo que nos pasa puede ser tan importante como revisar lo que hay en el plato.

En un contexto de hábitos en transformación, la alimentación se ve atravesada por factores emocionales, sociales y culturales. 

Cómo comemos, qué lugar ocupa la comida y qué impacto tiene en la salud.  La nutricionista Alejandra Fernández afirma que es fundamental comer de forma consciente.  @@FIGURE@@

 “Podemos comer de una excelente manera, pero si no descansamos bien, si no tenemos actividad física, si no tenemos ocio y recreación, no tenemos hábitos saludables”, agregó.

Al analizar el vínculo con la comida desde una perspectiva psicológica, aparecen nuevas aristas. “Nosotros vemos la comida como la punta del iceberg. Tenemos que observar qué es lo que está por debajo de todo eso. Lo que tenemos que hacer es empezar a ver cuál es la conducta que voy teniendo con la alimentación. Por momentos termina siendo gran parte de mi identidad, de quién soy, y qué es lo que represento hacia el otro", detalló Damian Benchoam, magíster en Psicología.

Tan determinante es este vínculo con los alimentos que llega al campo de las emociones. “La gente viene a la consulta a aprender a comer, pero muchas veces ya saben qué es saludable y qué no. En realidad, lo que no saben es gestionar sus emociones con la comida”, afirmó Fernández. 

“Yo siempre les digo que el hambre emocional lo tenemos todos y tampoco es un pecado. Lo que es importante tener otras herramientas. Porque si cada vez que pasa algo, recurrís a la comida, ahí si vamos a tener un problema”, agregó.

El autoconocimiento impacta de forma positiva a la hora de tener un vínculo saludable con la comida. “Quizás hay algo por detrás de determinado comportamiento que nos esté diciendo acá hay algo que no es saludable, no por la comida en sí, sino por lo que cada uno siente o cómo cada uno se siente”, concluyó Benchoam.