Es mucho más cómodo seguir repitiendo lo que ya sabemos hacer. Salirse de la caja es un riesgo", dice Ramón Méndez, director ejecutivo de la Fundación Ivy. En la ciencia, aprendió que el error forma parte del método y sostiene que, en los negocios, equivocarse temprano puede ser una ventaja competitiva: "El primero que se equivoca es el que gana, porque es el primero que aprende".
De la física pasó a conducir la política energética de Uruguay, cuya matriz eléctrica supera el 97% de fuentes renovables. Una transformación de esa escala, señala, necesita algo más que una buena idea: "La innovación no puede ser una isla, necesita alianzas". La clave fue un acuerdo entre todos los partidos, que puso el foco en el país que se quería tener en 30 años y no en quién ganaba o perdía.
En las empresas, salirse de la caja cuesta más, porque "equivocarse muchas veces es castigado", y apunta a incentivos mal alineados, como directivos que deciden pensando en el bono de fin de año. Las startups, en cambio, parten de otra premisa: "Apostás a financiar 50 sabiendo que 45 no van a funcionar y cuatro o cinco van a empatar", explica, y una sola apuesta exitosa puede pagar toda la inversión.
Por eso invita a levantarse cada mañana y preguntarse cuál es la idea loca del día, convencido de que "no toda idea loca es una gran idea, pero toda gran idea es una idea loca".