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El presidente Yamandú Orsi y el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone
Columnistas

Ganadas y perdidas: una evaluación de la gestión económica a un año

Agustín Iturralde Economista, Director Ejecutivo en el Centro de Estudios para el Desarrollo

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El primer año de Gabriel Oddone al frente de la economía uruguaya combina logros en inflación, empleo y agenda micro con un deterioro fiscal creciente y problemas de competitividad que anticipan inevitables correcciones futuras por el lado del gasto.

23 Marzo de 2026 12.08

Se cumplen los primeros 12 meses de gestión del nuevo gobierno y, como suele ocurrir, el cierre del año calendario es una buena excusa para hacer un primer balance. En materia económica, el ministro Gabriel Oddone aparece empoderado y con algunos temas pertinentes en agenda, pero también enfrenta desafíos relevantes que se acumulan con rapidez. 

Más allá de la aprobación del presupuesto, que en Uruguay es la regla, lo observado en este primer año muestra a un ministro que ejerce efectivamente como propietario de la política económica. En el presupuesto se aprecian equilibrios y cesiones que debió hacer, como renunciar a cualquier baja del gasto público y admitiendo la dinámica endógena de aumento del mismo vía salarios y jubilaciones públicas. 

Sin embargo, también se observa una prudencia importante en el aumento discrecional del gasto. Entre los factores positivos está el impulso a una agenda microeconómica de facilitación del comercio. Son avances silenciosos, poco visibles para el gran público, pero fundamentales para reducir costos, mejorar procesos y aliviar rigideces. 

La agenda microeconómica pendiente en Uruguay es enorme, y avanzar en ella de forma significativa es clave para tener un país más barato y competitivo. Habrá que ver su alcance, pero sin dudas es una señal positiva. 

Finalmente, es positiva la continuidad de la baja de la inflación. Es una condición necesaria —aunque no suficiente— para crecer de forma sostenida y ordenar precios relativos distorsionados durante años. Con el empleo sucede algo similar: la economía cerró el año con un récord histórico de personas ocupadas, un dato que debe tomarse con cautela dado su estancamiento en la segunda mitad del año. 

Del otro lado del balance aparecen desafíos muy relevantes, como la desaceleración de la actividad económica, el aumento de la presión fiscal y la falta de competitividad de la economía uruguaya. Son fenómenos distintos, pero estrechamente vinculados. El rápido descalce entre las proyecciones de crecimiento incluidas en el presupuesto y la realidad, vuelve cuesta arriba la trayectoria fiscal. 

En 2025 el país habría crecido al menos 0,5% del PIB menos de lo previsto y todo indica que en 2026 la situación será similar. La programación fiscal, por lo tanto, nace jaqueada. Esto es consistente con una serie de microajustes fiscales ya en marcha. A los tres impuestos anunciados en el presupuesto se suman ajustes en tarifas públicas con fines recaudatorios. 

Nominalmente OSE tuvo el mayor ajuste, pero será en UTE y ANCAP donde se espera obtener recursos de forma significativa. También se agregaron cambios en la liquidación del FONASA y un aumento marginal en la tasa efectiva del IRPF por la modificación de la BPC. El ministro cumple así su compromiso de no tocar el gasto y concentrar todo el ajuste en los ingresos. 

Esta decisión política constituye un error profundo, vinculado al problema central de la competitividad. La evidencia muestra que las correcciones fiscales por el lado del gasto son más expansivas en el mediano plazo que las que se hacen con impuestos; amputarse ideológicamente esa posibilidad tendrá consecuencias. Los problemas de competitividad que estallaron alrededor del dólar tienen causas macro y micro. 

Las segundas parecen bien diagnosticadas, pero las principales causas macro son la política fiscal y salarial. Indignarse por el tipo de cambio mientras aumenta el peso del sector público sobre el PIB carece de sentido. 

Más temprano que tarde, llegará la necesidad de una corrección fiscal relevante por el lado del gasto. El primer año de gestión económica cierra así con luces y sombras. Oddone emerge como un ministro empoderado, capaz de frenar desbordes internos y de impulsar una agenda microeconómica sensata. Sin embargo, los desafíos estructurales de la competitividad y el deterioro de la trayectoria fiscal amenazan con acompañar a la gestión durante todo el quinquenio.

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