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La desigualdad como riesgo financiero silencioso. Foto: creada con Copilot.
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La desigualdad como riesgo financiero silencioso. Foto: creada con Copilot.

La desigualdad como riesgo financiero silencioso

Dr. Sebastián Monroy Docente de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de ORT

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La fragilidad financiera no aparece solamente cuando un banco cae; también surge cuando una parte de la sociedad enfrenta un episodio de incertidumbre sin colchones suficientes para sostener su consumo, cumplir sus compromisos o mantenerse integrada al sistema financiero.

17 Abril de 2026 10.55

Cuando solemos hablar de la estabilidad financiera, usualmente miramos a los sospechosos de siempre: las tasas de interés, la regulación, la liquidez o el capital bancario. Pero hay un factor menos visible que también importa: la distribución del ingreso y la riqueza. La desigualdad, entendida de una manera amplia, no solo conlleva mayores tensiones sociales, también puede traducirse en una mayor fragilidad financiera. 

¿Por qué sucede esto? Porque cuando los hogares y empresas enfrentan realidades financieras muy distintas, también reaccionan de forma diferente ante la incertidumbre. Algunos tienen margen para esperar; otros necesitan liquidez inmediata. En ese contexto, la desigualdad puede amplificar el nerviosismo, aumentar la desconfianza y elevar la probabilidad de retiro de fondos. 

En situaciones extremas, esa dinámica puede desembocar en una corrida bancaria, que a su vez suele ser la antesala de una crisis financiera. Adicionalmente, cuando una parte importante de la población llega a esos episodios con escasos recursos financieros y acceso restringido al crédito, incluso una respuesta fiscal activa puede estar limitada para contener el deterioro. 

La razón es simple: cuanto más desigual es la capacidad de resistir el shock, más difícil resulta estabilizar sus consecuencias a través de la economía.

La desigualdad también limita la capacidad de ahorro, de consumo y de acceso al financiamiento de una parte importante de la población. Por eso, afecta la capacidad de la economía para absorber shocks. Esto también importa al contemplar el vínculo entre política fiscal y estabilidad: si ante un ajuste o una desaceleración una parte de los hogares enfrenta fuertes restricciones al crédito, el impacto no se distribuye de manera homogénea. 

La fragilidad financiera no aparece solamente cuando un banco cae; también surge cuando una parte de la sociedad enfrenta un episodio de incertidumbre sin colchones suficientes para sostener su consumo, cumplir sus compromisos o mantenerse integrada al sistema financiero. En ese sentido, no es suficiente con mirar únicamente indicadores bancarios tradicionales para evaluar la estabilidad de una economía. 

Uruguay suele pensar en su estabilidad financiera como uno de sus principales activos, apoyado en la regulación, la prudencia y la solidez institucional. Pero hay una pregunta adicional que vale la pena hacerse: ¿cuán preparados están los hogares para resistir un eventual shock sin quedar al borde de la exclusión del sistema financiero? 

Desde mi trabajo de investigación en la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad ORT Uruguay, ese es justamente uno de los puntos que estudio: cómo la desigualdad también puede leerse como una variable relevante para entender la estabilidad del sistema.

Desde esta perspectiva, la inclusión financiera merece pensarse en un sentido más amplio. Ya no se trata solo del acceso formal al sistema a través de una cuenta bancaria, sino de la posibilidad real de usarlo como herramienta de ahorro, financiamiento y amortiguación en momentos de incertidumbre. 

La inclusión financiera, en un sentido más sustantivo, puede actuar como mecanismo de prevención frente a las fragilidades que no suelen aparecer en los indicadores bancarios tradicionales. 

Eso implica pensar en políticas e instrumentos que fortalezcan la capacidad de los hogares y empresas pequeñas para ahorrar, acceder a financiamiento razonable y atravesar periodos de incertidumbre sin caer en una mayor fragilidad. Mirar la desigualdad como un riesgo financiero silencioso puede abrir una conversación necesaria sobre qué tipo de sistema financiero queremos construir.

*Imagen principal: creada con Copilot.

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