Reed Jobs tenía 12 años cuando su padre, Steve Jobs, fundador de Apple, recibió un diagnóstico devastador: cáncer de páncreas. Murió ocho años más tarde, a los 56 años.
Esa tragedia empujó al joven Jobs a convertirse en inversor y financiar compañías dedicadas a evitar que más personas mueran por esta enfermedad. "Creemos que pasará de ser una sentencia de muerte a una enfermedad crónica de por vida", dijo Jobs a Forbes. “Creo que es factible en el lapso de mi vida para la mayoría de los cánceres”, deslizó.

Jobs empezó a invertir en compañías del sector salud a través de Emerson Collective, el grupo de inversión de impacto y filantropía fundado por su madre, Laurene Powell Jobs, cuyo patrimonio neto asciende a US$ 13.500 millones, según Forbes. Más adelante, en 2023, creó su propia firma: Yosemite, bautizada así en homenaje al parque nacional donde se casaron sus padres. Para su primer fondo, recaudó US$ 263 millones.
Actualmente, Yosemite respalda unas 20 empresas, entre las que se encuentran la firma de terapia génica Tune Therapeutics y la startup Chai Discovery, que desarrolla fármacos con inteligencia artificial.
Este jueves, Yosemite anunció que recaudó más de US$ 200 millones para su segundo fondo, que proyecta alcanzar un total de US$ 350 millones. Entre los principales inversores figuran la biotecnológica Amgen, el hospital Memorial Sloan Kettering, el MIT y el reconocido inversor John Doerr. Powell Jobs también aportó a través de Emerson, mientras que Jobs participa personalmente como socio general.

Yosemite apunta a toda la gama de tipos de cáncer, desde el de colon —que suele detectarse a tiempo y tiene tratamiento— hasta el de páncreas, que en la mayoría de los casos sigue siendo una sentencia de muerte. Jobs evalúa compañías que trabajan en diversas soluciones.
"Existe tal variedad que algunos cánceres agresivos y de baja mutación seguirán siendo un gran problema probablemente dentro de 10 años", sostuvo. “Pero creemos que la gran mayoría simplemente necesitará detección temprana, terapias mejor dirigidas y monitoreo continuo. Esto seguirá reduciendo la mortalidad”, comentó.
“Creemos que pasará de ser una sentencia de muerte a una enfermedad crónica de por vida. Creo que es factible en el lapso de mi vida para la mayoría de los cánceres”.
Reed Jobs, Yosemite
La firma administra más de US$ 1.000 millones en activos, incluidos fondos de dotaciones, hospitales y fundaciones. Aunque sigue siendo un jugador pequeño frente a los gigantes del capital de riesgo, logró posicionarse rápidamente como un actor relevante en el sector salud, especialmente en oncología, un campo complejo en el que las inversiones pueden tardar años en dar resultados. Además, su apellido le da cierto peso.

"Creo que Reed está motivado por muchas cosas diferentes a las de la mayoría de los inversores de riesgo", afirmó John McHutchison, director ejecutivo de Tune Therapeutics, una compañía que desarrolla una terapia para la hepatitis B, una enfermedad que afecta a más de 250 millones de personas en todo el mundo y es una de las principales causas de cáncer de hígado. “Quiere hacer grandes cosas y tener un impacto”, agregó. Tune recaudó recientemente US$ 175 millones, y Jobs participa desde que trabajaba en Emerson.
Como muchas personas que ven sus vidas sacudidas por el cáncer, Jobs —que hoy tiene 34 años— no logró dejar de pensar en la enfermedad tras el diagnóstico de su padre. Cuando era adolescente, hizo prácticas de verano en laboratorios oncológicos de Stanford y comenzó sus estudios universitarios allí como alumno de premedicina. Sin embargo, después de la muerte de su padre, sintió la necesidad de tomar distancia. Cambió de carrera a Historia y más tarde obtuvo una maestría en esa disciplina, con una especialización en estrategia de armas nucleares.
Pero el deseo de contribuir en la investigación y el tratamiento del cáncer lo volvió a atraer. A los 24 años, se sumó a Emerson, donde asumió una nueva estrategia de salud centrada en la oncología, que combinaba inversión y filantropía. Su meta era intervenir en lo que se conoce como el "Valle de la Muerte", ese momento crítico entre un descubrimiento científico y la generación de datos clínicos suficientes como para atraer capital inversor y avanzar hacia una solución concreta.
“Creo que Reed está motivado por muchas, muchas cosas diferentes a las de la mayoría de los capitalistas de riesgo normales”.
McHutchison, Tune Therapeutics
Aunque Yosemite es una firma de capital de riesgo, funciona de manera poco convencional. Jobs también entrega subsidios sin condiciones a científicos, lo que le da una ventaja cuando esos investigadores están listos para buscar fondos que les permitan comercializar sus descubrimientos. Además, considera que combinar inversión con apoyo filantrópico es especialmente relevante en un momento en que el gobierno federal recorta el financiamiento destinado a la ciencia.

"Tenemos que intensificar nuestros esfuerzos, por nuestros investigadores y por el estado actual de la ciencia en Estados Unidos, que, por supuesto, se encuentra en una situación precaria, y personas como nosotros tenemos más responsabilidad que nunca de actuar", afirmó Jobs. “Sentimos una mayor urgencia”, enfatizó.
Azalea Therapeutics, surgida del laboratorio de la ganadora del Premio Nobel Jennifer Doudna en la Universidad de California en Berkeley, fue una de las compañías que recibió esos primeros subsidios sin condiciones. Su investigación se enfoca en una forma de terapia génica que no requiere extraer células del paciente para modificarlas. En cambio, todo ocurre dentro del cuerpo, un método conocido como "in vivo".
"Lo que realmente los hace únicos a Yosemite es su vínculo con los laboratorios académicos", señaló Jenny Hamilton, cofundadora y directora ejecutiva de Azalea. “Desde el principio, vieron la promesa de que, si esta investigación de alto riesgo funcionaba, podría ser transformadora”, sostuvo. Cuando Azalea salió del anonimato en noviembre pasado, con una financiación total de US$ 82 millones, Yosemite fue uno de los inversores clave. Actualmente, Jobs participa como observador en su directorio.
Otra inversión que refleja su estrategia es Chai Discovery, una startup fundada en 2024 que utiliza inteligencia artificial para diseñar proteínas con potencial para desarrollar nuevos fármacos. Sus modelos se están aplicando a ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades que durante mucho tiempo se consideraron difíciles de tratar, o incluso "intratables". En diciembre, la compañía recaudó US$ 130 millones en una ronda liderada por General Catalyst, con una valuación de US$ 1.300 millones. En enero anunció una alianza con Eli Lilly para desarrollar nuevos medicamentos. "Creo que Chai Discovery será una de las empresas más importantes de esta década", aseguró Jobs.
Todas estas compañías reflejan cuánto avanzó el tratamiento del cáncer en los últimos 15 años. Un ejemplo claro es Keytruda, el exitoso fármaco de Merck: una inmunoterapia de primera generación que se usa para tratar cáncer de pulmón, melanoma y otros tipos. Hoy genera ventas anuales por US$ 30.000 millones. También existen terapias avanzadas como la CAR-T, una forma personalizada de inmunoterapia que entrena las propias células inmunitarias del paciente para que identifiquen y destruyan el cáncer.
Actualmente, hay un universo en expansión de inmunoterapias y nuevas formas de terapia génica, lo que abre la puerta a startups que surgen a partir de avances científicos de frontera. "Todos estos plazos son muy largos, pero todos están dando sus frutos al mismo tiempo", destacó Jobs.

Rachna Khosla, vicepresidenta sénior de desarrollo comercial de Amgen, explicó por correo electrónico a Forbes que la inversión en el nuevo fondo de Yosemite —la primera de la farmacéutica en la firma— fue "una combinación natural" por el compromiso compartido en la lucha contra el cáncer. "Su modelo híbrido... apoya la ciencia innovadora en su etapa más temprana y frágil", agregó.
Jobs estima que el nuevo fondo invertirá en unas 25 empresas. Aunque aún no dio nombres, adelantó que ya hay varias incubaciones en marcha, entre ellas proyectos de radiofármacos, medicamentos radiactivos específicos que ganan terreno como herramienta clave contra el cáncer. También identifica un enorme potencial en compañías que aplican inteligencia artificial tanto al descubrimiento de nuevos fármacos —como Chai— como a la mejora en la eficiencia del sistema de salud, como Sage Care, que desarrolla una especie de sistema de control de tránsito aéreo para coordinar la atención médica.
La terapia génica ocupa un lugar especial en su estrategia. "Creemos que estamos en plena floración de la terapia génica", afirmó, y citó como ejemplo a Tune y Azalea. “Y creemos que las empresas que están empezando a operar en la práctica clínica serán las primeras de una nueva generación”, subrayó.
Además, Jobs ve un potencial enorme en las vacunas contra el cáncer, que podrían proteger a una persona antes de enfermarse y, en el corto plazo, fortalecer el sistema inmunitario de quienes ya enfrentan la enfermedad. "Es otra forma de atacar el cáncer de raíz, algo que creo que aún no hemos aprovechado lo suficiente", aseguró. “Muchos de los recortes en la investigación del ARNm también han afectado a la investigación de posibles vacunas contra el cáncer. No sé por qué alguien querría recortar eso”, remarcó.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com