Hernán Bonilla: “Llamar a este gobierno neoliberal es un despropósito”
El director del Centro de Estudios para el Desarrollo analizó la inspiración liberal de Lacalle Pou y las “ataduras” que impiden a la economía crecer más. Reformar mercados muy regulados y bajar impuestos son dos de sus propuestas de mejora.

“La teoría del derrame no existe”, al igual que “el capitalismo sin lágrimas”, según el economista Hernán Bonilla, docente universitario y director del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), un think tank de ideas liberales que nació para aportar al “cambio cultural”. 

Para el exintegrante del gobierno —fue asesor de la ministra Azucena Arbeleche casi dos años y 10 meses director de la Asesoría Macroeconómica—, hay un ciclo positivo, aunque los problemas vinculados al precio del dólar y la situación de Argentina perdurarán. 

Este es un resumen de la charla con Bonilla sobre lo hecho por el gobierno y el desafío de impulsar reformas liberales en un país con cultura “estatista”.

¿Cómo evaluás la situación actual de la economía uruguaya?

Al mirar la película de los últimos años, el balance es positivo. Estamos en un proceso de crecimiento, cuando veníamos de cinco años de estancamiento. Ya estamos creciendo por encima del nivel previo al golpe de la pandemia. En el empleo se recuperó lo perdido y este año estimamos que se creará más trabajo, una variable clave que entiendo más importante que el salario real. A su vez, luego de los shocks externos que determinaron el aumento del nivel de precios, estamos con una inflación en baja, que ayudará a la recuperación del salario y las jubilaciones.

También hay cosas positivas en lo fiscal. Luego del aumento del déficit y la deuda en 2020 por la pandemia, se empezó a aplicar la nueva institucionalidad con la regla fiscal y se ha cumplido, lo que es bien relevante. El verdadero ancla de las expectativas en Uruguay al final del día es el tema fiscal; es el determinante último de la estabilidad macroeconómica. Esto no quiere decir que no haya problemas.

 

¿Cuáles son?

Lo que hace más ruido y generó más críticas es el atraso cambiario. Ahí se afecta la competitividad de la economía. Es un problema real para las empresas, pero podría decirse que se da por buenas razones: estamos con recepción récord de inversión extranjera directa; eso te depara la entrada de dólares, que es lo que en buena medida explica el atraso cambiario.

Si bien el Banco Central está dando las señales de que se atiende el problema, vamos a convivir con esta economía uruguaya relativamente cara. El otro tema que tenemos son los impactos de la situación de Argentina. La afectación a los comercios de frontera seguirá por unos años; puede que en dos años sea menos grave que hoy, pero seguirá estando. No es un tema que se vaya a arreglar rápidamente.

¿Esos dos factores afectan las expectativas del empresariado local?

Sí, pero el asunto es cómo da la ecuación final. Uruguay nunca fue un país para hacer mucha plata en poco tiempo, es más para hacer poca plata en el largo plazo. Así funciona. Entonces, puede haber algunos rubros o empresas que por el atraso cambiario la ecuación económica les sea menos favorable, pero la mayoría de los empresarios ve esto como un juego a largo plazo y saben que hay momentos.

¿Hay pymes que pueden no aguantar esos impactos y cerrar?

Es cierto que las pymes tienen menos posibilidades de bancar situaciones adversas. Si bien hay mecanismos para esos casos que en alguna medida la propia economía genera —como el pago con plazo a proveedores o préstamos blandos—, es todo parte de la lógica de mercado: el más chico sufre más que el más grande. En Uruguay hay cierta resistencia a aceptar lo que Ramón Díaz (expresidente del Banco Central y referente liberal) decía: “no existe el capitalismo sin lágrimas”. Es parte de cómo funciona la economía, sin eso no hay crecimiento.

¿Se debe aceptar esa regla de juego?

Es algo que en Uruguay es difícil de asumir, porque en general conocemos la cara y el nombre de las personas que sufren los problemas, pero es parte de la lógica. A ese empresario que quiebra, después con otro emprendimiento le irá bien, o el trabajador que pierde su trabajo de repente en otra empresa le va mejor. Hay que aceptarlo como parte del funcionamiento de la economía. Joseph A. Schumpeter hablaba de la creación destructiva. No se puede andar salvando a cada empresa que tiene problemas, porque si no no funciona la economía de mercado.

Pero cada dos por tres tienen lugar discusiones sobre cómo apoyar a sectores o empresas en dificultades, ¿no prende esta visión liberal?

Uruguay tiene una economía que funciona mejor que hace medio siglo. Es más abierta, más estable, menos regulada. Por eso también crece, a diferencia de aquella que era una economía estancada. Eso ha mejorado un poco la comprensión del funcionamiento de una economía de mercado. Igualmente, en los casos particulares cada uno tiene la tentación de explicar que su empresa es distinta y necesita una protección especial que otras no. Son esas pequeñas ataduras que hacen que la economía uruguaya no crezca más. Creo que Uruguay sigue necesitando un impulso liberal.

¿Ese cambio de mentalidad se logra desde la política?

Hay un trabajo cultural que debe hacerse, de predicar y explicar que es bueno aplicar reformas liberales, que necesitamos una economía más abierta y cambiar el funcionamiento de mercados excesivamente regulados. En eso, estamos más en el debe los que trabajamos en el mundo de las ideas que los políticos, porque en campaña electoral no se piensa en cambiar el clima de ideas ni los valores de fondo, se piensa en ganar la elección.

Más allá de tu pasaje por el MEF, ¿el actual gobierno ha aplicado esas ideas liberales?

Existe esa sensibilidad liberal, que se puede ver en el presidente y en buena medida en el gobierno. Se vio en la pandemia con la decisión de la “libertad responsable”, algo típicamente liberal que implica confiar en la gente, que sabe tomar decisiones sin que el Estado le diga qué debe hacer. A pesar de que en el debate político está, no creo que se pueda llamar a este gobierno neoliberal, es un despropósito, porque ha sido un gobierno esencialmente pragmático y moderado, pero en algunas decisiones importantes hay una inspiración liberal.

¿La decisión de rebajar impuestos respondió más a lo ideológico que a la coyuntura?

Para mí es una medida importante. Se puede ver desde dos planos: en lo fiscal no implica un impacto importante para las arcas públicas, pero a la persona que con esos cambios pagará por ejemplo $ 1.500 menos al mes de IRPF o IASS sí es importante. Creo que este último aspecto a veces se desdeña. Lo otro relevante es que veníamos de muchos años en que si había cambios en los impuestos era para aumentarlos y esta rebaja es un quiebre de tendencia. Me gustaría que en los próximos años se mantenga la conducta fiscal y se logre bajar más impuestos. Espero que este sea un tema en la campaña electoral. Desde el CED vamos a hacer propuestas concretas para bajar impuestos.

¿Cuáles deberían ser las líneas de acción para una rebaja de impuestos?

Hacia final de año vamos a presentar con mayor detalle los principales temas que creemos deben estar en esa discusión, así como otras reformas. Esa propuesta puede referir a varios impuestos, siempre teniendo en cuenta la responsabilidad fiscal, porque no puede ser algo ligero de decir “hay que bajar impuestos” sin explicar cómo. Por ejemplo, Uruguay tiene una importante carga sobre el trabajo, entre los aportes del trabajador y lo que paga el empresario, eso genera una brecha muy grande entre lo que cuesta contratar a una persona y lo que esa persona recibe como remuneración. Una propuesta puede venir por ese lado.

¿Qué otros temas económicos deberían ser centrales en la próxima campaña?

Si bien hubo avances en estos años en algunas reformas estructurales, hay pendientes que es necesario encarar. Se debe aumentar la tasa de crecimiento a largo plazo y para eso hay varias cosas a hacer: la inserción comercial, Uruguay necesita abrirse más al mundo y concretar acuerdos, como sumarse al Transpacífico y evaluar cómo seguir en el Mercosur; la ley madre de regulación del mercado de trabajo es de la Segunda Guerra Mundial y se debe modernizar; y hay una agenda de reformas microeconómicas, en mercados todavía muy regulados, que hacen que tengamos precios caros y mejorando la competencia se pueden reducir los precios de bienes de la canasta básica.

 

¿En qué mercados muy regulados se necesitan reformas?

Un clásico son los productos de higiene personal, que hoy están agravados por la diferencia de cambio con Argentina, pero que habitualmente son más caros en Uruguay que en los países vecinos. Ahí hay un tema de competencia y regulación de mercados. 

Pasa también con las frutas y las verduras, que tienen un mecanismo para habilitar las importaciones que es circunstancial y son los propios productores que están en el organismo encargado de tomar la decisión.

¿Ves posible que venga un próximo gobierno más liberal?

Sí, pero debemos tener claro qué es incorporar esa agenda de ideas liberales.

No me imagino que sea algo como lo de Javier Milei en Argentina, que lo veo muy lejos de ser razonable o sensato para Uruguay. Deben ser ideas liberales pragmáticas, del liberalismo clásico. 

Lo central es que la economía tiene que crecer por impulso y empuje del sector privado, y para eso hay que tratar de facilitarle la vida con la reducción de burocracias, de trámites sin sentido, de la carga tributaria.

¿Te interesa ocupar algún cargo en un gobierno con esas características?

No. En principio, cuando dejé el MEF el año pasado dije que volvía a mi verdadera vocación, que es la discusión y el análisis de propuestas de políticas públicas. Me veo trabajando desde el CED, porque es necesario revalorizar los ámbitos así. 

En Uruguay tenemos la propensión a creer que todo pasa por la política y los partidos, pero en el rumbo de largo plazo del país es más importante el aporte de ideas, investigación y propuestas de políticas públicas.

Si ocurre el dinamismo económico y se dan las reformas liberales, ¿el derrame a los trabajadores se da de forma inevitable o puede haber crecimiento sin distribución?

Me rechina la teoría del derrame, creo que no existe. Es una expresión que se usa para denostar a la economía de mercado. No es que los capitalistas se llenan los bolsillos y en 20 años cae una migaja para los trabajadores. No funciona así la economía. Lo vemos cuando hay una inversión grande, como las plantas de celulosa, que en el mismo acto le va bien a los comercios de la zona, el desempleo baja y suben los salarios.

Entonces, hay que ver cómo lograr la llegada de inversión extranjera directa, más inversión nacional, y así la economía crecerá a tasas más altas y traerá mejores condiciones de vida. Si logramos eso, después sí podemos discutir todo lo demás, si no todas las otras discusiones son al santo botón.

Foto: Leonardo Mainé

*Este artículo fue publicado en Forbes Uruguay del mes de Agosto