Noelia Maciera sobre segunda transición energética: "Nos quedamos en las glorias del pasado"
Ingeniera industrial mecánica con paso por cinco países y empresas como General Electric, la cofundadora de AUME lidera hoy la renovación del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande y habla sobre lo que viene para la energía uruguaya.

Noelia Maciera tiene 40 años y una carrera que empezó, literalmente, frente a una represa. De niña, en Salto, su familia la llevó a visitar Salto Grande y algo hizo clic. Años después, insistió hasta que sus padres la llevaron a Itaipú, en Paraguay. Esa visita terminó de confirmar lo que ya sabía: quería ser ingeniera.

No fue un camino sin ruido. Fue la primera profesional de su familia, estudió una carrera donde las mujeres eran minoría y más de una vez le dijeron que eso “no era para ella”. Lo escuchó, lo procesó y siguió. 

Se recibió de ingeniera industrial mecánica en la Universidad de la República y desde ahí construyó una trayectoria que la llevó a trabajar en Omán, Chile, Polonia, Israel y Francia, en proyectos de agua, energía solar concentrada, ciclo combinado e hidroelectricidad, pasando por empresas como General Electric. 

Hoy se desempeña como coordinadora del Programa de Renovación del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande, la misma represa que la inspiró en su infancia. Volvió a Uruguay hace tres años, cuando identificó que el país entraba en un nuevo ciclo energético que conocía bien desde afuera. 

A sus tareas, además, sumó la dirección de la Asociación Uruguaya de Mujeres en la Energía (AUME), que en apenas tres años pasó de ser una red de colegas a convertirse en una plataforma de cambio cultural con más de 250 profesionales de 25 disciplinas distintas, reconocida en el Congreso Mundial de Energía y con proyección regional a través de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade).

En entrevista con Forbes Uruguay, Maciera habla sobre la transición energética uruguaya, el hidrógeno verde, la movilidad eléctrica y lo que falta para que el sector energético aproveche todo el talento disponible.

Trabajaste en cinco países antes de volver a Uruguay. ¿Cómo fue esa etapa y por qué decidiste regresar?

Los últimos años de la carrera decidí terminarlos mientras trabajaba, era una forma distinta de aprender. Me surgió una oportunidad en el Sultanato de Omán. Y aunque un hubo choque familiar, otra vez los mismos comentarios, empecé a trabajar en proyectos, que es una pasión. Después Chile, Polonia, Israel, Francia. En General Electric pude participar de un programa corporativo de liderazgo, gestión de proyectos, habilidades blandas. Todo eso fue más allá de lo técnico. 

Vivir afuera también te enseña a relacionarte, a moverte en mundos nuevos. Cuando empecé a mirar lo que pasaba en Uruguay, vi que el país estaba entrando en el ciclo de renovaciones hidroeléctricas, algo que en Europa ya se transitaba hace tiempo. Eso, sumado a temas familiares, me dio el enganche para volver.

Uruguay es caso de estudio mundial en transición energética. ¿Cómo lo ves desde adentro del sector?

Lo que el país logró es excepcional desde el punto de vista técnico. Una matriz robusta, confiable, con fuentes renovables. En el último Congreso Mundial de Energía se usó como ejemplo en muchas mesas de discusión. Un país pequeño, con recursos limitados, que lo logró. Los factores que se nombraron siempre fueron los mismos: acuerdo multipartidario, fortalecimiento institucional, planificación consistente y un diálogo real entre sector público y privado. Sin eso, no hay ingeniería que alcance. 

¿Qué faltó?

Mirándolo también con ojo crítico, creo que hubo oportunidades que no se aprovecharon del todo. Temas transversales como la igualdad de género, el derrame hacia la sociedad, el aprovechamiento del talento local. No digo que sean fallas, porque esta transición arrancó hace 20 años y muchas de estas herramientas no estaban sobre la mesa. Pero hoy sí.

Hablás de una segunda transición. ¿Qué implica y qué rol juega el hidrógeno verde?

En términos futbolísticos, estamos viviendo en el Maracanazo. Nos quedamos en las glorias del pasado cuando en realidad se nos viene un partido nuevo, un Mundial. Esa segunda transición implica descarbonizar lo que falta como el transporte, la industria, la logística. Y el hidrógeno verde es una pieza clave. Uruguay tiene condiciones excepcionales: una red 100% renovable, capacidad técnica desarrollada en la primera transición y una reputación internacional que nos para muy bien frente a ese negocio. 

¿Qué diferencias tiene?

Es un mercado nuevo, más disruptivo, con empresas que no heredan estructuras rígidas. Y lo que observamos desde AUME es que en ese sector hay una presencia femenina notablemente más alta que en otros. Uruguay además trabaja en hidrógeno verde desde la academia hace años, con muchas mujeres que aportan valor. Para nosotras es una gran oportunidad productiva y además un vector de cambio cultural.

La movilidad eléctrica crece muy rápido en Uruguay. ¿El sistema está preparado?

Tiene toda la lógica técnica. Si tenés una red robusta basada en renovables, el paso natural es descarbonizar la movilidad. Pero no es solo cambiar autos a combustión por eléctricos, eso sería quedarse con una mirada demasiado estrecha. Requiere repensar cómo nos movemos como sociedad, lo que incluye las redes de carga, la logística, el transporte de carga, las ciudades. Imaginá que mañana todos los uruguayos decidimos pasarnos a un auto eléctrico. 

Noelia Maciera, coordinadora del Programa de Renovación del Complejo Hidroeléctrico de Salto Grande. Foto: Leonardo Mainé

Eso cambia radicalmente la demanda de electricidad, las horas en que se demanda, la forma en que opera el sistema. Hay que estar preparados para eso y la preparación tiene que ser integral, técnica y cultural al mismo tiempo. UTE y los actores privados lo miran de cerca y hay avances concretos, pero el trabajo es continuo. 

Acá también veo una oportunidad clara para soluciones más creativas e innovadoras. El enfoque más tradicionalista tiene límites. Una mirada más diversa, con más mujeres participando en las decisiones técnicas, seguramente aporte otras soluciones que hoy todavía no estamos viendo.

Ingeniería mecánica era, y todavía es, una carrera muy masculina. ¿Cómo fue la decisión de inclinarte por esa área?

Desde muy chica me despertó la curiosidad por entender cómo funcionan las cosas. Sentía mucha afinidad por la matemática, me anoté sola a un club de ciencias en la escuela. Eso fue creciendo. Después vino el choque cultural. Del entorno, de la familia, de los amigos. Muchos “¿estás segura?, eso es para hombres”. Y aunque me generó una semillita de duda , estaba convencida. Cuando entré a la facultad vi muchos hombres y pocas mujeres. Es una realidad. Pero entre las pocas que éramos construimos una red enseguida. 

Ellas me acompañaron en toda la trayectoria, de estudios y profesional, hasta hoy. Y hubo algo más que me ayudó mucho: encontrar una referente. La decana de la Facultad de Ingeniería en ese momento era María Simón, una ingeniera. Ver esa imagen ahí, en ese lugar, fue muy poderoso. Te dice que sí se puede y hasta dónde podés llegar. Me dio una fuerza que despejó cualquier duda que me quedara.

Sos cofundadora y presidenta de AUME. ¿Cómo nació y qué es hoy la asociación?

Nació de la energía de muchas mujeres que teníamos la misma percepción y queríamos generar un cambio, no solo para nosotras sino para las que vienen. Tiene tres años y ya somos más de 150 socias, con una base de datos de más de 250 profesionales de 25 disciplinas distintas. 

No somos solo ingenieras, hay comunicadoras, abogadas, economistas. Esa diversidad nos enriquece muchísimo. Tenemos programas de formación, liderazgo y mentoreo para jóvenes que están empezando. Lanzamos el sello Más Mujeres, Más Energía, que incentiva a los eventos a tener más expositoras. El resultado fue concreto: el Congreso Latam de Energía triplicó la cantidad de mujeres exponiendo de un año al otro. A veces naturalizamos cosas y nadie las cuestiona. Con ese sello logramos que se empezaran a preguntar. Hoy AUME dejó de ser una asociación y se convirtió en una plataforma de cambio cultural dentro del sector.

¿Qué le dirías a una joven que quiere trabajar en energía pero siente que ese mundo no es para ella?

Le diría exactamente lo contrario. El sector necesita el mejor talento disponible y se tiene que construir con mujeres. Que se formen, que se preparen. Y que duden, pero de las construcciones que les dicen que algo es de hombres, no de ellas mismas. El género es un dato más, no es más que eso. Hay que escucharse adentro y seguir lo que uno ama. Y algo importante, hoy no van a estar solas. Cuentan con una red como AUME que las va a acompañar en esa trayectoria.