Jason Walker PsyD, PhD
El panel está sentado. Las preguntas están listas. El candidato entra con su mamá.
Si eso suena impensable, ya no lo es.
En una encuesta realizada a 1.001 trabajadores de la Generación Z, el sitio de carreras Zety descubrió que el 20% asistió a una entrevista de trabajo acompañado por uno de sus padres: el 15% de manera presencial y el 5% de forma virtual. El 21% hizo que uno de sus padres contactara directamente a un empleador o reclutador en su nombre. El 10% dejó que uno de sus padres negociara la oferta laboral.
En un artículo reciente de Inc., Robyn Shulman les dijo a los jóvenes profesionales que volvieran a tomar el control. El consejo es el correcto, pero quizás la audiencia sea la equivocada. La persona que necesita escucharlo tiene 55 años y está sentada en la sala junto a su hijo.
Lo que realmente ve el responsable de selección
La mayoría de los padres quieren ayudar a sus hijos. Es algo natural e importante. Suelen creer que dar un paso al frente en el ámbito laboral les abrirá una puerta. En realidad, la cierra.
En el momento en que aparece un padre, el panel deja de evaluar al candidato y empieza a preguntarse algo completamente distinto: “¿Cómo podría esta persona reunirse sola con un cliente, liderar una reunión o recibir feedback sin el respaldo de alguien?”.
Karen Huang, de Korn Ferry, lo dice con claridad: apoyarse en los padres pone en riesgo que a los jóvenes trabajadores les lleve más tiempo pensar por sí mismos y atribuirse el mérito de sus propias carreras.
¡Por no mencionar lo incómodo que resulta tanto para el panel como para el chico!
El amor no es lo mismo que la ayuda
Estamos viviendo el peor mercado laboral de una generación. Encontrar trabajo es una competencia feroz. Estos chicos están asustados.
Pero las investigaciones no mienten. La crianza helicóptero está vinculada a mayores niveles de ansiedad y depresión en los adultos emergentes, junto con una menor autorregulación y una menor confianza en sus propias capacidades.
La protección que elimina el obstáculo también elimina la práctica. Nadie se vuelve bueno en las cosas difíciles viendo a otro resolverlas. Si les sacás la experiencia, lo que obtenés es un empleado joven que no puede trabajar con otros, manejar una conversación difícil o lidiar con un problema.
Lo que los empleadores deberían hacer
Esto es un recurso práctico para la contratación, no un chiste. Decilo en la invitación.
Confirmá con el candidato que las entrevistas se realizan únicamente con él. Esto elimina la ambigüedad antes de que alguien pase un momento vergonzoso.
Redireccioná sin humillar. Ofrecele al padre o madre un asiento en la recepción. La amabilidad no cuesta nada, y el candidato aun así puede ser tu mejor contratación.
Evaluá al candidato, no al padre. Un correo electrónico no solicitado de una madre no es prueba de que el aspirante le haya pedido que lo enviara. Aun así, es una clara señal de advertencia.
Construí la práctica que decís que querés. Llevá a cabo entrevistas justas, transparentes y estructuradas, y dales una devolución real a las personas que rechaces. Da un motivo real para el "no". No podés exigir autoconocimiento desde un sistema de selección que ghostea a la gente.
En conclusión
La cuestión es esta. El mejor regalo que un padre puede hacerle a su hijo es verlo manejar algo difícil sin su ayuda. Así que, padres, den un paso al costado y dejen que sus hijos crezcan.
El mejor regalo que un empleador puede hacerles es un proceso de selección que los trate como a adultos.