Cómo el ejercicio puede influir en la respuesta de un líder ante la presión
Julian Hayes IIColaborador
Julian Hayes IIColaborador
Muchas veces, los negocios se comparan con el deporte de élite: los resultados marcan el tablero y los líderes responden por cada error. Ante esa lógica, más ejecutivos encaran sus funciones como atletas y convierten al ejercicio en parte central de su rutina. Los beneficios para la salud cuentan con respaldo científico: la actividad física ayuda a mantener una composición corporal saludable y reduce el riesgo de enfermedades crónicas. Para quienes ocupan cargos de alta presión, además, funciona como válvula de escape frente a las exigencias permanentes.
La tensión, muchas veces, condiciona el pensamiento, las respuestas y las decisiones de un líder. Una rutina de ejercicio bien planificada puede ser una herramienta útil para ordenar las ideas y enfrentar los desafíos con otra perspectiva, más clara y renovada.
Así como un mediocampista saturado de pensamientos demora la jugada y retiene la pelota demasiado tiempo, un ejecutivo puede atravesar una lentitud similar producto de la rumiación. Los líderes pueden quedar atrapados en objetivos incumplidos y decisiones equivocadas, cuestionar sus respuestas en entrevistas o sentirse desbordados por prioridades contrapuestas y microdecisiones.
Más allá del factor que los active, estos bucles mentales pueden sostenerse en el tiempo hasta el punto de pasar a ser improductivos.

Quizás lo más llamativo sea que este patrón podría tener efectos a largo plazo. Un estudio de 2020 realizado con 292 adultos mayores cognitivamente sanos reveló que la repetición de pensamientos negativos se asociaba con un deterioro más acelerado de la cognición global, la memoria inmediata y la memoria diferida durante un período de cuatro años.
Aunque los resultados son observacionales y no prueban causalidad, refuerzan la importancia de que los líderes logren salir de esos patrones mentales recurrentes.
Un estudio reciente publicado en el Journal of Affective Disorders analizó si una única sesión de ejercicio moderado podía generar beneficios. Tras inducir la rumiación en 24 adultos con depresión moderada o grave, los investigadores hicieron que cada participante completara dos sesiones: 30 minutos de ciclismo de intensidad moderada y otros 30 minutos de descanso en posición sentada.
La rumiación autoinformada empezó a bajar después de unos 10 minutos de ejercicio. En un análisis de EEG más acotado, con 10 participantes, los patrones de actividad cerebral viraron hacia la distracción durante los primeros minutos, señal de que el cambio mental puede empezar antes de reflejarse en las mediciones autoinformadas.
Un episodio tenso puede terminar, pero sus efectos muchas veces persisten y condicionan la siguiente reunión o decisión importante. La rumiación representa una forma de esa persistencia. Los líderes también enfrentan estrés anticipado, como las videoconferencias de resultados con noticias difíciles, las reuniones de directorio de alto riesgo o las conversaciones sobre el futuro de un empleado.
Un estudio publicado en 2021 en la revista Psychoneuroendocrinology analizó si la intensidad del ejercicio podía modificar la respuesta del cuerpo frente a un factor de estrés psicológico posterior. Los investigadores asignaron al azar a 83 hombres jóvenes sanos para realizar 30 minutos de ejercicio ligero, moderado o vigoroso sobre una cinta de correr durante una sesión controlada en laboratorio.

Cuarenta y cinco minutos después, los participantes completaron tareas de oratoria y cálculo mental frente a los evaluadores. Quienes hicieron ejercicio intenso mostraron un aumento más lento del cortisol, un pico menor y un regreso más rápido a los niveles basales que los dos grupos de menor intensidad.
El ejercicio puede ser un recurso valioso para los líderes que atraviesan situaciones exigentes. También puede ayudarlos a rendir mejor durante períodos de privación del sueño. El ex CEO de Disney, Bob Iger, reconoció que el ejercicio le dio la claridad necesaria para "afrontar el mundo y el día a día con mayor organización".
El momento, la intensidad y el contexto son variables estratégicas. El ejercicio moderado puede ayudar a despejar la mente de pensamientos improductivos en un líder. Una sesión intensa, programada con suficiente tiempo de recuperación, puede modificar la respuesta fisiológica ante una situación de presión posterior y preparar al cuerpo para responder de otra manera.

El entorno también puede marcar una diferencia. Un estudio publicado en 2015 en PNAS asignó al azar a 38 adultos sanos a una caminata de 90 minutos en un espacio natural o urbano. El grupo que recorrió el entorno natural registró una reducción del flujo sanguíneo en una región cerebral vinculada con la rumiación, además de una baja en la rumiación autoinformada.
Una mente despejada es uno de los activos más valiosos para un ejecutivo. Ya sea para analizar los resultados del último trimestre o prepararse para comunicar noticias difíciles, una rutina de ejercicio bien elegida y realizada en el momento adecuado puede ayudar a los líderes a enfrentar cada situación decisiva con menos carga mental que la anterior.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.