Ya corre la temporada para los premios de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood. En cartelera reaparecen títulos ya pasados pero ahora nominados (como Sinners) y aparecen las que se valen de sus nominaciones para promocionarse y sumar entradas. Hamnet parece haber sido planificada desde su inicio para competir en los Oscar.
Por un lado tiene detrás a la directora y coguionista Chloé Zhao, de meteórica carrera en estos diez años, quien ya ganó dos de esos premios como Mejor Directora y Mejor Dirección. También está el tema de su historia, lo no contado de la vida romántica y familiar de William Shakespeare y los motivos secretos de su obra. La producción es de Steven Spielberg y Sam Mendes (Belleza americana y 1917, entre otras).

Tal parece que lo logró, ya que tiene ocho nominaciones a los Oscar. Entre ellas están, por supuesto, las categorías de mejor película, directora, guion y actriz, además de otras que saltan a la vista, como el diseño de producción (arte y escenografía) y vestuario.
Más allá de todos estos puntos a favor ¿realmente echa luz sobre el tema del que habla?
William, el desconocido conocido
Basada en una novela de la británica Maggie O´Farrell, relata la relación entre Shakespeare y Agnes Hathaway, desde que se conocen hasta el estreno de Hamlet. El libro, de acuerdo a las reseñas, se presenta como una biografía posible, basada en documentos, especulaciones y huecos de lo que se sabe sobre la vida del dramaturgo. Es una biografía especulativa y novelada, algo que no necesariamente es malo.
Siempre es tentador hurgar en esos espacios que quedan a la sombra, de los que poco se sabe. Más en un caso como este, el del mayor dramaturgo de la historia, una figura casi mítica de la que se conoce más su obra que su vida privada y personalidad.
Para componer su biografía, historiadores e investigadores armaron un puzzle a lo largo del tiempo, ya que Shakespeare dejó poco rastro. Esa carencia de datos es la que dio origen a las teorías de que podría no haber existido, de que sus obras habrían sido escritas por alguien más y otras variantes posibles sobre él.
Entonces, lo que Hamnet propone, es explorar esos años de Shakespeare de los que poco se conoce. Por qué o cómo se fue solo a Londres para iniciar su carrera en teatro y dejó atrás a su familia. Cómo empezó a escribir. Cuál fue el proceso de composición de Hamlet, una obra mayúscula sobre cuya importancia y sentidos no hay discusión, así como no la hay sobre otras obras literarias universales como Don Quijote.

En base a ensayos y estudios académicos, O´Farrell escribió su novela y luego coescribió el guion con la directora. La presencia de Zhao en la escritura es notoria ya que los diálogos están reducidos al mínimo y pensados en función de la imagen, como sucede al comienzo, cuando Agnes y William se conocen. Hay muchos momentos sutiles, en los que se vuelven fundamentales los sonidos de la naturaleza envolviendo a los protagonistas, en la medida que la trama gana intensidad.
La escritura pensada para la pantalla es notoria y afinada, así como lo es la presencia de Spielberg. La resolución visual de la historia parece tener su sello, tan visual como emotivo y de golpe bajo, pensado para buscar el aplauso emocionado de la audiencia.
Con sutileza y una mirada notoriamente femenina, la película va progresando casi sin que el espectador se dé cuenta. Desde el primer encuentro, hasta los acercamientos románticos, los sucesivos nacimientos, el entorno familiar y las batallas que dan los protagonistas, todo se desenvuelve con fluidez.
Shakespeare se hace a un lado
El título de la película responde al nombre de uno de los hijos de Shakespeare y Agnes, encarnado por el niño Jacobi Jupe. Su actuación es potente y se hace sentir, tal como requiere la historia, porque su devenir afectará a la pareja y desencadenará el tercio final de la película.
Peor que en el caso de Shakespeare, sobre Hamnet se sabe poco y nada, más allá de sus fechas de nacimiento y fallecimiento y que era mellizo de una niña. Los estudiosos del dramaturgo elaboraron diversas hipótesis sobre la conexión entre la trama y los textos de Hamlet con él y sobre eso se basa esta película.
Chloé Zhao construye una obra en la que la naturaleza es sumamente importante y tiene una gran presencia, tanto en lo visual como en el impacto sobre los personajes y sus personalidades. Su verdadera protagonista es Agnes, cuya mirada siempre es el punto de vista que se toma en cuenta y cuyo arco dramático es el que mueve al espectador (gracias a la actuación de Jessie Buckley).

De hecho, sabemos qué personaje es Shakespeare, pero en el guion se cuidan de que nadie lo mencione por su nombre hasta el final. Porque ahí es cuando se vuelve significativo. Esto tiene que ver con que la historia en realidad no hecha luz sobre él, sino sobre Agnes, sus hijos y, de ellos, particularmente Hamnet.
En ese sentido, la película no es necesariamente sobre Shakespeare. De hecho, tampoco explica qué habría hecho al irse a Londres, porque Zhao y O´Farrell.
Salimos del cine sin saber más sobre el bueno de William. Sin embargo, sabemos sobre su entorno, sobre los que se movieron a su alrededor, cómo lo afectaron y cómo fueron afectados por él. El logro, desde el lado emotivo y visual, no es menor y amerita dedicarle un par de horas porque nos recuerda algunos de los modos en que el arte puede sanar a quien lo hace y a quien lo consume.