Dicen por ahí que Río de Janeiro es una ciudad y muchas a la vez. Es playa, morros, cultura, gastronomía y mucha hospitalidad. Será por eso y por su clima ideal -incluso en invierno mantiene altas temperaturas-, que es uno de los destinos más elegidos en el mundo y gana visitantes año a año.
En 2025 se posicionó como el segundo estado de Brasil en recibir más turistas extranjeros, según cifras oficiales. Registró 2,1 millones de visitantes, de un total de 9,3 millones en todo el país, un aumento del 37,1% frente al año anterior y casi diez veces superior al crecimiento promedio mundial, según ONU Turismo.
El fenómeno tiene también un correlato económico. Los turistas extranjeros dejaron en Brasil US$ 10.400 millones, lo que significó un récord histórico, mientras el sector viajes y turismo aportó más de US$ 167.000 millones al PBI del país, según el World Travel & Tourism Council.
Y en estas estadísticas Uruguay no se queda afuera. El año pasado, miles de compatriotas cruzaron el charco para dejarse seducir por el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y las playas de Copacabana.
Fueron exactamente 100.476 uruguayos los que aterrizaron en Río durante 2025, según Instituto Brasileño de Turismo (Embratur), lo que convirtió a Uruguay en el cuarto país que más visitantes le regaló a la ciudad maravillosa, solo por detrás de argentinos, chilenos y estadounidenses. En lo que va de este año (enero a junio), la cifra ya se posiciona en 52.969.
Parte del éxito se explica gracias a Visit Río, una fundación privada sin fines de lucro que trabaja para que el mundo entero quiera pisar suelo carioca y así incentivar la economía local.
Su base está compuesta por cientos de empresas de la cadena turística, como hoteles, resorts, bares, restaurantes, organizadores de congresos y guías, entre otras. Se financia con el aporte mensual de esos asociados y con el Room Tax, una contribución voluntaria que pagan los huéspedes en los hoteles adheridos.
Otra explicación, es la consolidación de los vuelos directos entre Montevideo y Río de Janeiro operados por JetSmart, lo que permite que la decisión de viajar de manera económica y rápida sea posible.
Río es: naturaleza
Lo primero que destaca de la ciudad son sus playas de arena blanca y agua cristalina. Copacabana e Ipanema son, sin dudas, unas de las más famosas del mundo, donde locales y turistas disfrutan de las mañanas soleadas, el queso a la plancha y las famosas caipirinhas. Sin embargo, el abanico de opciones para relajarse es muy variado e incluye lugares como Barra da Tijuca, Leblon o Praia Vermelha.
Otra opción imperdible es el Parque Bondinho Pão de Açúcar, en el barrio de Urca, accesible mediante un teleférico panorámico con una de las mejores vistas de la ciudad. La recomendación es usar el fast pass, que permite embarque preferencial desde cualquiera de los puntos de ascenso y sin filas. Hace toda la diferencia.
Desde su fundación en 1912, más de 50 millones de personas ya visitaron el lugar, administrado por el Grupo Iter, una holding de entretenimiento, medios y turismo. Hoy mueve en promedio 1,5 millones de pasajeros por año, con un ticket que ronda los R$ 160 (US$ al cambio actual) y los R$ 325 (US$ 63) con el Acceso Rápido.
Para quienes buscan otra cara de la ciudad, más silvestre y tranquila, vale la pena escaparse hasta la Reserva de Marapendi, un área natural protegida de casi 250 hectáreas entre Barra da Tijuca y Recreio dos Bandeirantes.
Ahí, entre manglares y restinga, conviven yacarés, carpinchos y aves como la famosa garça-moura. En esa zona, también se puede ver pescadores tanto en los muelles como incluso adentro del agua, nadando entre todas las especies. Este recorrido se puede hacer caminando, en bicicleta o incluso en ferry.
Río es: confort
Las variantes de alojamiento en la Ciudad Maravillosa son infinitas. En ese marco, el Grand Hyatt Rio de Janeiro se lleva todas las miradas por su ubicación privilegiada. Con 436 habitaciones, 43 de ellas suites, este hotel de cinco estrellas es una alternativa perfecta.
Más allá de sus dos piscinas al aire libre, el spa con nueve salas de tratamiento y el Kids Club para las familias, lo que distingue a este resort urbano es justamente su cercanía con la naturaleza. Alojarse ahí es tener la posibilidad de cruzar la calle y llegar a la playa o incluso realizar un paseo en balsa por la laguna, mientras se disfruta tomando agua de coco.
La gastronomía es otro de los fuertes del Grand Hyatt Rio de Janeiro, con opciones de desayuno, almuerzo y cena. De todas maneras, la joya de la corona es, sin dudas, Shiso, su restaurante japonés que combina la cocina nipona con la comida brasileña. El nombre del lugar surge, de hecho, por una planta herbácea de la familia de la menta que incorporan en algunos platos. Comerla es una experiencia sensorial con un sabor poco conocido.
El Radisson Hotel Barra Rio de Janeiro es otra buena alternativa para quienes eligen la zona de Barra da Tijuca como base. Ubicado a pocos metros de la playa, cuenta con una opción de traslado especialmente diseñada para los huéspedes.
Tiene 378 habitaciones y diversas amenities como una piscina en la azotea, gimnasio abierto las 24 horas, un espacio de coworking y el restaurante Origens, que propone una cocina contemporánea, además de su versión frente al mar, el kiosco Origens by Radisson, donde conviene probar el tiramisú de caipirinha. El hotel también es pet-friendly, con un ascensor preferencial para mascotas, un detalle poco común que lo distingue de otras propuestas de la zona.
Río es: gastronomía
Además de las propuestas de cada alojamiento, la ciudad tiene un sinfín de variantes para todos los gustos. Corrientes 348, nombre que surge del clásico tango "A media luz", fue destacado por la guía Michelin desde 2024 hasta ahora y es ideal para los amantes de la carne.
El local, que nació en San Pablo y hoy tiene cinco sedes entre ambas ciudades, es un guiño constante a Buenos Aires, no solo por su nombre sino por un ambiente que combina la calidez porteña con el paisaje carioca. Su sede en la Marina da Glória, con mesas en la terraza y vista al mar, es elegida por cariocas y turistas para una parrillada con cortes como ojo de bife, chorizo o lomo, acompañados de diversas ensaladas para todos los gustos. Los jugos frutales también son un must en esta experiencia.
Otra parada infaltable en la escena gastronómica es Maguje, un gastrobar contemporáneo ubicado dentro del predio del Jockey Club, justo frente al Jardín Botánico. Su cocina apuesta a platos pensados tanto individuales como para compartir, con entradas crocantes, risottos y comida de mar.
En la gama de opciones, las nocturnas tienen mención especial. Así, no hay noche carioca completa sin pasar por Río Scenarium, el llamado "Pabellón de la Cultura" de Lapa.
Instalado en un casarón del siglo XIX sobre la histórica Rua do Lavradio, el lugar nació como un anticuario especializado en objetos de utilería para películas y novelas, y recién en 2001 se transformó en un espacio que fusiona bar, restaurante, música en vivo y una gran colección de antigüedades en un mismo escenario.
Además de disfrutar de la comida, es una perfecta oportunidad para ver bailar samba de una manera que solo Brasil ofrece, dejarse llevar por la música y disfrutar de las canciones que toca la banda.
Río es: cultura
Uno de los barrios más lindos de la ciudad es Santa Teresa. Es difícil caminar sin detenerse a sacar fotos de cada uno de los murales que adornan las paredes con sus dibujos multicolores. La zona está rodeada de galerías de arte, cafés y restaurantes que de noche se iluminan para dar vida y movimiento.
Cerca de ahí está la Escalera Selarón, uno de los lugares más icónicos de la ciudad. Decorada con más de dos mil azulejos -algunos llegados de diversos países, otros pintados a mano por Jorge Selarón, el artista chileno que dio inicio a la obra-, este espacio enamora a cualquiera. ¿Es un lugar cliché? Sí. ¿Es una parada obligatoria? También.
Finalmente, otro punto muy cultural es la denominada "Pequena África", por haber sido durante décadas el hogar histórico de la comunidad afrobrasileña. Ahí funcionó el Cais do Valongo, el mayor puerto de entrada de personas esclavizadas de toda América, por donde se calcula que pasaron entre 500 mil y un millón de africanos entre los siglos XVIII y XIX, hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La zona forma parte de Porto Maravilha, uno de los mayores proyectos de revitalización urbana de Brasil. Se trata de una asociación público-privada que movilizó más de R$ 8.000 millones (US$ 560 millones) para transformar la antigua región portuaria en un polo cultural, residencial y comercial, con legados como el Museu do Amanhã y la Praça Mauá.
En este lugar se dice que nació la samba y recorrer sus calles, entre caserones antiguos y murales que homenajean esa herencia, es una manera de entender que Río de Janeiro es playas, sí, pero también tradición, alegría, arquitectura y mucho, pero mucho más.