Mucho antes de que el multimillonario inmobiliario David Walentas transformara una franja de la deteriorada costa de Brooklyn en el próspero barrio de Dumbo ("Down Under the Manhattan Bridge Overpass"), era un chico que crecía en Rochester, Nueva York, en plena Gran Depresión, y aprendía lecciones a la fuerza.
Su padre, un estadounidense de primera generación, de ascendencia rusa y lituana, que trabajaba en la oficina de correos, sufrió un derrame cerebral cuando Walentas tenía cinco años. El episodio lo dejó paralizado. Para mantenerlo a él y a su hermano, que en ese momento tenían 3 y 4 años, su madre trabajaba sin descanso. Como aun así no alcanzaba, mandó a los chicos a vivir y trabajar en granjas cercanas.
“Éramos como huérfanos o esclavos por contrato”, dice. “Nos levantábamos a las cinco, ordeñábamos vacas, recogíamos estiércol, tomábamos el autobús escolar, volvíamos a casa y repetíamos la rutina”, agrega.
Esa experiencia temprana fue dura. Dormir a la intemperie en invierno y soportar el calor del verano nunca resultó fácil para Walentas, pero esa etapa alimentó su ambición. "Creo que la mayor lección que aprendí fue que quería tener más éxito", afirma.
El problema era que Walentas no tenía un plan B. "Cuando eres pobre así… no hablas con nadie que sepa algo", le cuenta a Forbes. "Durante la Gran Depresión, la gente no iba a la universidad. Nunca tuve un mentor", agrega. Por eso tuvo que abrirse camino solo. En su último año de secundaria, mientras estaba sentado en la oficina del director, vio un cartel sobre una beca del ROTC de la Marina. Se anotó por su cuenta y marcó dos universidades de preferencia: Harvard, porque había oído hablar de ella, y la Universidad de Virginia porque "era febrero… y supuse que probablemente haría calor allí", relata.
Semanas después, recibió una carta por correo en la que le informaban que había sido aceptado en el programa ROTC de la Universidad de Virginia. "Fue un momento trascendental", dice. "Me cambió la vida", expresa.

A partir de ahí, Walentas recorrió un camino largo y tortuoso hasta entrar en la lista de multimillonarios. En ese trayecto, limpió fosas sépticas para el ejército, vendió su sangre para poder pagar una comida y, con el tiempo, obtuvo un MBA. Después cayó bajo el encanto de la ciudad de Nueva York de la década de 1960.
Actualmente, Forbes estima su patrimonio neto en US$ 2.000 millones, una cifra que lo ubica entre las personas más ricas de Estados Unidos, gracias a su empresa inmobiliaria Two Trees Management. Además, posee más de dos docenas de propiedades residenciales y comerciales en Brooklyn Heights, Williamsburg y Manhattan.
En conversaciones recientes con Forbes, Walentas reveló algunas de las claves de su éxito.
1. Hacé los trabajos que todos odian
Gracias a su experiencia en el campo, Walentas nunca miró ningún trabajo por encima del hombro y, en cambio, buscó la forma de sacar provecho de las oportunidades que otros evitaban. Un verano aceptó un empleo en una base aérea estadounidense en Groenlandia para limpiar cámaras sépticas del ejército, "algo para lo que mis años en la granja me habían preparado bien", dice. "Me metía en la fosa y limpiaba la suciedad de las paredes... 10 horas al día, siete días a la semana", agrega.
Según cuenta, esa lógica marcó su vida: bancarse la incomodidad y avanzar hacia la oportunidad. Aplicó esa filosofía en uno de sus primeros trabajos después de dejar el ejército, en Singer Corporation, donde aceptó un puesto como ingeniero en Australia y Japón. Más tarde la llevó al negocio inmobiliario, con una apuesta fuerte por una zona relegada de Brooklyn, para la que los bancos no querían dar préstamos. Para sacar adelante el proyecto, tuvo que reunir inversores que le adelantaran el plata y dar una dura pelea urbanística para conseguir los permisos oficiales necesarios. Ahora usa unos gemelos con su lema personal: "Sin agallas no hay gloria".
2. Buscar visibilidad puede cambiarte la trayectoria
En la Universidad de Virginia, Walentas encontró algo que nunca antes había vivido: una mayor exposición a realidades nuevas. A partir de su paso por una fraternidad y del vínculo con compañeros de entornos más privilegiados, su mirada sobre el mundo se amplió rápido. "La gente que conocí cambió por completo mi perspectiva de la vida", afirma. "Todos los chicos de allí eran de clase media alta, provenían de colegios privados, eran deportistas y participaban en el gobierno estudiantil. Fue una experiencia transformadora para mí", sostiene.
Ese entorno amplió su forma de pensar y además le cambió el rumbo. Allí conoció a Jeff Byers, su primer socio en Two Trees, que tuvo un papel decisivo en el crecimiento de la empresa. También fue quien acercó a Walentas, hoy un coleccionista reconocido, al mundo del arte.

3. Si no podés controlarlo, no lo compres
Walentas hizo su primera inversión cuando volvió a Estados Unidos durante una licencia: una pequeña casa de campo cerca de Charlottesville, que compró por US$ 30.000. Aunque el negocio cerraba en los papeles, porque los ingresos del alquiler ayudaban a cubrir la hipoteca, una mala administración casi lo arruinó. El agente inmobiliario que había contratado no cobraba el alquiler y dejaba la propiedad vacía durante meses.
"Hoy, esa propiedad valdría probablemente 20 millones de dólares", le cuenta a Forbes, "pero la vendió hace mucho tiempo", agrega. "La lección fue: si no puedo gestionarla, no debería ser mía", expresa. Después de esa experiencia, el control quedó en el centro de su estrategia. En Two Trees, la firma inmobiliaria que fundó, Walentas insiste en que su empresa administre todas las propiedades que tiene.
4. Seguí tus instintos
Walentas alienta a cada persona a descubrir qué la apasiona y a ir detrás de eso. "Todos tenemos intereses diferentes. Sigue tus instintos", dice, sobre todo en el arranque de la vida adulta: "Cuando eres joven, tienes el mundo entero ante ti… si fracasas, vuelves a empezar", asegura.
Cuando se mudó a Nueva York en 1966 para trabajar en la consultora Peat Marwick, pasó muchas noches por los barrios más postergados de la ciudad. Sabía que necesitaba cambiar de profesión. "Solo quería ser promotor inmobiliario", dice. "Me atraía la idea de construir, de cobrar alquileres, de ser dueño de las propiedades", sostiene.
5. Hacé apuestas grandes
Walentas arrancó con la compra de propiedades en Manhattan, pero enseguida creyó que el barrio industrial de Dumbo, que durante años había quedado descuidado, podía convertirse en un lugar codiciado. Los bancos pensaban otra cosa y no le daban un préstamo. El gobierno municipal tampoco compartía su idea de armar un barrio moderno, con oficinas, locales y departamentos, y se negaba a cambiar la zonificación.
Entonces buscó otra salida. Convenció a los multimillonarios de la cosmética Ronald Lauder y Leonard Lauder para que lo respaldaran con US$ 6 millones en préstamos privados, y además negoció con el gobernador Mario Cuomo un acuerdo que le permitió comprar Dumbo y, al mismo tiempo, proteger a los inquilinos industriales durante un máximo de 10 años. "Cuando las cosas se ponen difíciles, hay que recordarse a uno mismo que no hay que rendirse", cuenta.

6. Elegí a la pareja ideal
Casarse con su esposa fue la mejor decisión que Walentas tomó en su vida. "No les enseñamos a nuestros hijos lo importante que es elegir a la pareja adecuada", afirma. Le atribuye buena parte de su éxito a su esposa, Jane, a quien conoció en 1969, cuando ella le alquiló un departamento. Estudiante de arte, Jane lo presentó a los Lauder, que estuvieron entre los primeros impulsores de la carrera de Walentas, mientras ella trabajaba para ellos como directora de arte. También fue directora de arte de Clinique. El hijo de la pareja, Jed, hoy supervisa la gestión diaria de Two Trees.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com