El Banco República (BROU) atraviesa una nueva etapa marcada por un cambio en el ciclo económico y financiero. Tras varios años de fuerte crecimiento del crédito y resultados sólidos impulsados, en parte, por el contexto internacional, el principal banco del sistema enfrenta ahora un escenario más desafiante: tasas de interés en descenso, mayor incertidumbre global y señales de enfriamiento en la actividad local.
Con activos por unos US$ 28 mil millones y un rol central en el financiamiento productivo, el BROU debe equilibrar su lógica comercial con su función de banco de desarrollo. En particular, en sectores como el agro —altamente expuesto al clima— y en un contexto donde comienzan a aparecer tensiones en algunas actividades, el banco vuelve a posicionarse como actor clave para amortiguar shocks y sostener el flujo de crédito.
A esto se suma un proceso de transformación interna, con foco en digitalización, eficiencia operativa y una redefinición de prioridades hacia segmentos históricamente menos atendidos, como las micro y pequeñas empresas. En un sistema financiero cada vez más competitivo, con el avance de nuevos jugadores digitales, el BROU busca sostener su liderazgo sin perder capilaridad territorial ni su rol contracíclico.
Álvaro García, presidente de la institución, sostuvo que la clave pasa por la capacidad de adaptación. En entrevista con Forbes Uruguay, el ejecutivo analizó el nuevo escenario, la salud del crédito, el impulso a las mipymes, la transformación digital y el delicado balance entre riesgo, rentabilidad y desarrollo.
¿Cómo se posiciona el banco en este nuevo contexto de tasas más bajas y mayor incertidumbre global?
Cualquier movimiento en tasas de interés o tipo de cambio afecta fuertemente los resultados del banco. Por lo tanto, la respuesta es estar atentos, tener flexibilidad y reaccionar rápido. Eso es lo que hicimos en estos primeros meses, donde se incrementó la incertidumbre, sobre todo a partir de los eventos bélicos registrados en el último tiempo. Eso va a traer una volatilidad muy grande y la incertidumbre va a continuar.
También miramos lo que puede suceder con los volúmenes de crédito, por el impacto que puede haber en algunos sectores vinculado a precios del petróleo, disminución del comercio o incremento de costos, incluso en insumos agropecuarios que tienen origen en zonas afectadas. En ese contexto, ajustamos las tasas a la baja, acompañando tanto la política del Banco Central, como el escenario internacional. @@FIGURE@@
¿Qué lectura hacen sobre la salud del crédito en un contexto de desaceleración económica?
La economía creció menos de lo previsto en 2025. Venimos de muy buenos años en materia de crecimiento del crédito y de salud de la cartera. A fines del año pasado hicimos un estado de situación y la conclusión fue que la mora del Banco República es la menor de los últimos diez años. Eso es un indicador de que estamos bien y, en general, el país también está bien. No hay dificultades generalizadas, aunque sí aparecen coyunturas específicas, sobre todo en el sector agropecuario.
¿Qué se hace ante esas situaciones?
El banco responde de manera casi inmediata. Sabemos que la actividad agropecuaria está naturalmente vinculada al clima y que estos eventos van a ocurrir. Por eso, tenemos que asumir que cada tanto aparecen estas emergencias y hay que responder. Ya desde los primeros días de enero tomamos medidas de postergación de pagos para aliviar a los afectados por la sequía. Eso también contribuye a mantener la salud financiera, porque sería un problema exigir deudas que no se pueden pagar.
¿Qué peso tiene hoy la cartera del banco y cómo se distribuye entre sectores?
El banco tiene unos US$ 5.000 millones de cartera de crédito corporativo, focalizado en grandes y medianas empresas. De ese total, unos US$ 400 millones corresponden a pequeña y microempresa.
Hacemos esa distinción porque estamos creando una gerencia específica para este segmento, lo que representa una novedad importante. En sectores como el agro y la infraestructura, el banco tiene un liderazgo histórico, con volúmenes que superan ampliamente los US$ 1.000 millones.
¿Qué pasa con la morosidad?
En corporativo está en torno a 2% y en personas cerca de 3%, sin variaciones significativas. Además, el banco cuenta con un patrimonio superior a US$ 2.800 millones, lo que le permite sostener una posición sólida para seguir expandiendo el crédito.
¿Han detectado señales de deterioro en sectores como la industria?
No identificamos un deterioro generalizado. Siempre hay algún caso puntual, pero no es un problema sistémico en la cartera. El banco tiene un departamento de recuperación que trabaja de forma permanente y, en general, cuenta con buenas garantías. Además, cumplimos los dos roles: el de banco comercial y el de banco de desarrollo.
En ese sentido, participamos en procesos de continuidad de empresas, como la reapertura de industrias como Calcar o frigoríficos (Florida), donde el banco aporta para sostener actividad y empleo. A veces eso implica asumir pérdidas, pero son decisiones que terminan siendo financieramente mejores que otras alternativas.
Mencionaste como uno de los énfasis el foco en mipymes. ¿Qué implica ese cambio?
Hay una tendencia natural, por el volumen y el tamaño del banco, a focalizarse en empresas grandes y medianas. Son las que dan menos trabajo y mayor rentabilidad. Pero las micro y pequeñas tienen dificultades históricas de acceso al crédito. Por eso queremos hacer una contribución más fuerte.
El Banco República va con financiamiento y busca complementar su acción con República Microfinanzas, que atiende también al segmento informal.
El objetivo es cubrir todo el espectro y avanzar a ser el banco de las micro, pequeñas y medianas empresas. En esa línea, también revisamos el rol de República Microfinanzas para potenciar su alcance y mejorar la cobertura del sistema.
¿Cómo se posiciona el banco frente al avance de las fintech y la digitalización?
Estamos en la competencia y el banco dio pasos importantes. Desarrollamos muchos productos y definimos dos ejes transversales: digitalización y sostenibilidad. Si comparamos con 2020, la transaccionalidad digital creció de forma muy fuerte: la web se multiplicó por ocho y la app por 33.
Hoy prácticamente todos los productos se pueden operar de forma digital y además incorporamos soluciones innovadoras, como el cobro a través del celular sin necesidad de POS. La tendencia es clara y va a continuar, especialmente en los segmentos más jóvenes, donde la operativa digital ya es dominante.
¿Está previsto avanzar en el cierre de sucursales?
Definimos no cerrar sucursales en este período. Sí vamos a continuar con la racionalización del uso de recursos. La cantidad de personal disminuyó en los últimos años en línea con la digitalización, pero el banco sigue tensionado porque la gente culturalmente todavía va a las sucursales. Eso implica un trabajo permanente de gestión de la red para cubrir necesidades en todo el país, con una estructura que busca adaptarse a esa transición.
¿Cómo manejan la exposición cambiaria y los instrumentos de cobertura?
El banco tiene una exposición activa en dólares que es bastante estructural, vinculada al perfil de sus clientes, en particular del sector exportador. Cuando el tipo de cambio sube, eso genera una ganancia, y cuando baja, ocurre lo contrario.
De todos modos, contamos con herramientas de cobertura y ofrecemos estos servicios a nuestros clientes. A veces la dificultad es encontrar la contraparte para quedar calzado, pero el banco tiene capacidad para ofrecer una gama amplia de soluciones.
¿Qué hacen para fomentar el ahorro, especialmente en pesos?
El banco tiene varios productos para facilitar el ahorro, sobre todo a través de la app. Uno de ellos es el ahorro en sueldo, que permite automatizar el proceso y generar un plazo fijo de forma muy simple. Tratamos de ofrecer tasas competitivas y fomentar el ahorro en moneda nacional, en línea con la estrategia del sistema financiero.
¿Qué se puede esperar en términos de resultados y política de dividendos?
El banco cerró 2025 con una utilidad de US$ 475 millones. La última línea estuvo influida por el tipo de cambio, pero en términos de gestión se mantiene en niveles similares a los últimos años.
La política establece que el 50% de las utilidades va a Rentas Generales y hasta un 30% adicional puede ser solicitado por el Ministerio de Economía. Este año ese adicional será menor, porque el banco necesita mantener determinados niveles de capital ante el Banco Central.