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El secretario del Tesoro, Scott Bessent
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El secretario del Tesoro, Scott Bessent
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La fuerte suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro redefine el negocio bancario: mejora los ingresos de las entidades con activos de corto plazo y fondeo estable, pero aumenta la presión sobre aquellas expuestas a títulos de largo plazo, tasas fijas y depósitos más volátiles.

24 Agosto de 2026 15.10

El fuerte aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro norteamericanos a largo plazo está modificando el escenario bancario: beneficia a las instituciones con depósitos estables y activos de corto plazo, pero deja más expuestas a aquellas con carteras a tasa fija y un financiamiento frágil.

Observar cómo avanza la recompra de bonos del Tesoro por parte del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, me recuerda mis años en el Grupo de Divisas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Por más agresivas que fueran las intervenciones de los bancos centrales extranjeros para sostener sus monedas, nunca pudieron imponerse al mercado. La recompra de bonos del Tesoro es distinta, pero la lección resulta la misma: ni el Tesoro ni la Reserva Federal pueden alterar el rumbo de los rendimientos si los mercados no confían en ellos.

Los rendimientos se disparan por factores que escapan al control de la Reserva Federal: la magnitud de la deuda estadounidense, la guerra en Irán y la incertidumbre arancelaria. Ninguno de estos problemas se resolvió, y los legisladores deben recordar que los tres están bajo su responsabilidad, no bajo la de la Reserva Federal.

Los bancos se enfrentan a una situación ambivalente

Los altos rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. representan un arma de doble filo para los bancos. La diferencia central está entre las tasas de corto y largo plazo. Los rendimientos a largo plazo, hoy inusualmente elevados, tienen especial relevancia porque impactan en prácticamente todos los aspectos del balance de un banco: las carteras de inversión en los mercados de capitales, los ratios de capital, los préstamos hipotecarios y el costo del financiamiento a largo plazo.

El aumento vertiginoso de los rendimientos suele ser negativo para los bancos.
El aumento vertiginoso de los rendimientos suele ser negativo para los bancos.

Los bancos obtienen mayores ganancias con los nuevos activos

Si un banco concede un nuevo préstamo comercial al 7%, compra un bono del Tesoro al 5% u origina una hipoteca a una tasa de interés más alta, obtiene muchos más ingresos que durante los años de tasas bajas. Eso eleva los ingresos netos por intereses y, potencialmente, el margen de interés neto.

En términos generales, las tasas de interés más altas impulsan los ingresos por intereses de los bancos, ya que los préstamos a tasa variable y los títulos adquiridos recientemente generan mayores retornos, mientras que los costos de los depósitos suben a un ritmo más lento. Este escenario resulta especialmente favorable para los bancos con una elevada proporción de préstamos comerciales a tasa variable, depósitos básicos baratos, títulos de corto plazo y pocos préstamos de largo plazo a tasa fija.

Los depósitos tarde o temprano ajustan sus tasas

Este es, probablemente, uno de los temas más relevantes para los inversores bancarios en la actualidad. Cuando suben los rendimientos de los bonos del Tesoro, los clientes encuentran de repente retornos atractivos en otros instrumentos. Si un banco paga un 1% por los ahorros mientras los bonos del Tesoro rinden entre un 4% y un 5%, los depositantes tienen fuertes incentivos para colocar su dinero en fondos del mercado monetario, comprar bonos del Tesoro directamente, exigir tasas más altas por los certificados de depósito o pasar sus fondos a la competencia.

El banco, entonces, debe pagar más por el financiamiento. Los depósitos representan cerca de dos tercios de los pasivos bancarios, por lo que las salidas de capital o el aumento de las tasas que pagan por esos fondos pueden erosionar de forma significativa la rentabilidad. Muchas veces existe un desfase: primero mejora la rentabilidad, después se ajustan las tasas de los depósitos y los márgenes se achican. Por eso, los bancos no pueden beneficiarse de tasas altas de manera indefinida.

Las carteras existentes de bonos del Tesoro pierden valor

La otra cara de la moneda aparece en las tenencias de bonos del Tesoro ya existentes, que pierden valor. Basta con mirar lo que ocurrió con Silicon Valley Bank. Si un banco compró un bono del Tesoro norteamericano  a 10 años con un rendimiento del 2% y hoy ese mismo título rinde 4,7%, el bono antiguo vale mucho menos. El banco no perdió efectivo, ya que continúa con el cobro de sus cupones y el título vence a la par, pero su valor de mercado cayó. Los bancos saben lo doloroso que puede resultar ese escenario si deben vender activos para conseguir liquidez.

La Reserva Federal advirtió sobre este riesgo en reiteradas oportunidades. A fines de 2024, las carteras disponibles para la venta de los bancos se ubicaban US$ 182.000 millones por debajo de su valor contable, mientras que las carteras mantenidas hasta el vencimiento estaban US$ 297.000 millones por debajo. Las pérdidas acumuladas en las carteras disponibles para la venta se redujeron desde entonces, aunque todavía resultan significativas: la Reserva Federal informó cerca de US$ 98.000 millones en pérdidas no realizadas en este rubro a fines de 2025. Si los rendimientos a largo plazo continúan al alza en 2026, esas pérdidas podrían volver a incrementarse.

Por qué esto se convierte en un problema de capital

Ahí es donde la experiencia de SVB adquiere relevancia. Imaginemos que un banco compra US$ 10.000 millones en bonos del Tesoro a 10 años con un rendimiento del 2% y que luego esa tasa sube al 5%. Esos títulos podrían valer ahora apenas entre US$ 7.500 millones y US$ 8.500 millones. Si el banco no necesita venderlos, puede conservarlos hasta el vencimiento y recuperar los US$ 10.000 millones. Pero si los depositantes reclaman de repente su dinero, la entidad podría quedar obligada a vender. Así, una pérdida no realizada pasa a ser una pérdida efectiva y termina por golpear directamente al capital.

Los altos rendimientos de los bonos del Tesoro resultan mucho más peligrosos para un banco con activos de largo plazo y depósitos inestables que para una entidad con activos de corto plazo y depósitos estables.

Los altos rendimientos también frenan la demanda de préstamos

Los rendimientos de los bonos del Tesoro sirven como referencia para muchas otras tasas. Con los bonos a 10 años cerca del 4,7% y los bonos a 30 años alrededor del 5,2%, los bancos deben cobrar intereses más altos en hipotecas, préstamos inmobiliarios comerciales, créditos corporativos y préstamos al consumo, una situación que reduce la demanda de crédito.

Para un banco, esto plantea una paradoja: puede cobrar más por los préstamos, pero también puede encontrar menos clientes dispuestos a endeudarse. A su vez, cuanto más suban las tasas de interés, mayor será el riesgo de que los prestatarios con créditos a tasa variable, o aquellos que deban refinanciar sus préstamos este año, entren en mora.

Los bancos con una alta cartera de hipotecas enfrentan un camino más difícil

Pensemos en un banco con una amplia cartera de hipotecas a tasa fija a 30 años, muchas de ellas originadas con tasas de interés de entre el 3% y el 4%. En la actualidad, obtiene bajos rendimientos de esos préstamos antiguos, mientras los costos de financiamiento suben: una combinación desfavorable. Un banco con préstamos comerciales a tasa variable, en cambio, puede ajustar sus precios con mucha más rapidez. Los altos rendimientos favorecen a los activos de corto plazo y a tasa variable frente a los de largo plazo y a tasa fija.

Existe potencial de crecimiento a largo plazo

Si los rendimientos se mantienen altos durante varios años, los bancos pueden reestructurar con el tiempo sus carteras con tasas mucho mayores. Supongamos que un banco posee una cartera de títulos por US$ 100.000 millones: a medida que esos activos llegan a su vencimiento, la entidad puede reinvertir a tasas del 4% al 5% o superiores, en lugar del 1,5%, lo que supone un fuerte impulso para sus ganancias.

Esa es una de las razones por las que no conviene analizar las pérdidas no realizadas actuales de manera aislada: cuando los activos antiguos de bajo rendimiento vencen y son reemplazados por otros con retornos más altos, esa renovación puede compensar una parte significativa de las pérdidas derivadas de la valuación a precios de mercado.

Mirá la forma de la curva de rendimientos

Para los bancos, la forma de la curva de rendimientos importa más que el simple hecho de que las tasas sean altas. En el escenario A, con 5% a corto plazo y 5% a largo plazo, los costos de financiamiento son elevados y el diferencial es estrecho, una combinación poco favorable. En el escenario B, con 3% a corto plazo y 5% a diez años, los bancos se financian a un costo menor y prestan a tasas de largo plazo más altas, una situación mucho más conveniente. En el escenario C, con 4% a corto plazo y 5,2% a diez años, las condiciones todavía resultan favorables, sobre todo para los bancos con depósitos sólidos. Una curva más pronunciada suele ser una buena señal para el sector bancario.

El riesgo más importante a tener en cuenta en 2026

Existe un posible ciclo de retroalimentación que los inversores deberían seguir de cerca.

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El aumento vertiginoso de los rendimientos no siempre es bueno ni malo para los bancos.

El fuerte aumento de los rendimientos podría beneficiar a las entidades con una base sólida y estable de depósitos y activos de corto plazo y a tasa variable. Por el contrario, perjudicaría a los bancos con activos de largo plazo a tasa fija y depósitos volátiles y no asegurados. En 2026, esta diferencia será más importante que la propia evolución de los rendimientos.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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