Coca-Cola FEMSA Uruguay produce sus primeras latas en el país con una inversión de US$ 8,5 millones
La compañía inaugura su octava línea de producción, que fabrica 16.000 latas por hora, algo histórico en la historia de la empresa en Uruguay. La directora de Operaciones, Nuria Varela, cuenta los detalles detrás de un proyecto que llevó más de dos años.

Este miércoles, Coca-Cola FEMSA Uruguay celebró oficialmente algo que nunca había ocurrido en los más de 80 años de historia de la compañía en el país: la producción de latas en suelo uruguayo. La planta ya opera desde hace algunos meses la nueva línea y desde el 13 de abril el producto está en góndola, pero la inauguración formal llegó ahora, con autoridades y con la confirmación de que este capítulo ya es una realidad.

La inversión es de US$ 8,5 millones y la nueva línea (la octava de la planta) tiene una capacidad de 16.000 latas por hora, lo que equivale a unos 7,5 millones de unidades por mes. Detrás de ese número hay más de dos años de trabajo, cientos de análisis económicos, 200 contenedores llegados desde Alemania y un equipo que armó literalmente, pieza por pieza, lo que Nuria Varela, directora de Operaciones de la compañía, describe a Forbes Uruguay con una sonrisa como "un lego gigante".

El problema que nadie veía desde afuera

Para el consumidor final, una lata es una lata. Pero para quienes gestionan la cadena de suministro, no tener producción propia es una limitación que se siente en cada lanzamiento, en cada edición especial, en cada intento de innovar el portafolio.

"Al no tener una línea propia, necesitábamos sí o sí importar desde Argentina", explica Varela. "Y traer latas de Argentina trae limitaciones importantes. Una tiene que ver con los lotes de producción: al ser un país con menor volumen, nuestros lotes son mucho más chicos. Y por otro lado, como las reglamentaciones son distintas, teníamos que hacer producciones dedicadas porque nuestros rotulados son diferentes."

El resultado práctico era un portafolio restringido: Coca-Cola original, Coca-Cola Zero y, en ocasiones, alguna edición limitada. Nada más. "Nos quitaba mucha flexibilidad y posibilidad de innovar. Las ediciones especiales se complicaban. A veces lográbamos traer algo, pero parecía que estábamos pidiendo permiso", reconoce la ejecutiva.

Dos años, un presupuesto y 200 contenedores desde Alemania

El proyecto comenzó a tomar forma en 2023, con la detección de la oportunidad. En 2024 llegaron las aprobaciones internas y la competencia por recursos dentro del sistema global de Coca-Cola FEMSA. "Todos los países compiten por los recursos. Logramos ganar esa batalla para Uruguay", dice Varela, con evidente orgullo.

Una vez aprobado el presupuesto, comenzó la etapa de licitación para elegir la línea de producción. Y acá aparece el criterio fundamental de no invertir para el presente, sino para el futuro. "No estamos pensando en una línea que cubra lo que hoy necesitamos. Pensamos mucho más allá. Ya hicimos la planificación de una línea que nos permita incorporar todo nuestro portafolio de refrescos actual, más otras cosas que vendrán."

La línea elegida proviene de Alemania y llegó en 200 contenedores. "Yo creía que venían los fierros armados. Pues no", dice Varela entre risas. El montaje llevó desde noviembre hasta febrero, en plena temporada alta de producción (el período entre noviembre y marzo es el de mayor demanda), lo que obligó al equipo a reorganizar espacios dentro de la planta mientras mantenían el ritmo de producción normal. "Me saco el sombrero con el equipo de cadena de suministro. Vaciaron un espacio, movieron y reubicaron cosas en el medio de la temporada, y le hicieron lugar a la línea."

El negocio detrás de la apuesta

US$ 8,5 millones no se recuperan solo con ediciones especiales. La cuenta, según Varela, se sustenta en varios factores. El primero es el costo de importación: producir localmente es más eficiente que importar. El segundo, y quizás el más relevante, es el costo de oportunidad: las ventas que no se concretaban por falta de producto, la innovación que no ocurría por falta de flexibilidad.

"El costo que más se evalúa es el costo de oportunidad, porque estábamos dejando pasar ventas por no tener el habilitador", explica. Hoy, la proyección conservadora indica que las latas representarán el 1% del volumen total de la compañía, pero la apuesta es que ese porcentaje crezca sostenidamente.

El calendario ya está en marcha. Desde el 13 de abril, la trimarca (Coca-Cola original, Coca-Cola Zero y Coca-Cola Light) ya está en góndola. A una semana del lanzamiento, el producto uruguayo ya alcanzaba el 40% de los 21.000 clientes que atiende la compañía en todo el país, y el 80% de los supermercados. El resto de las marcas del portafolio (Sprite, Fanta, Schweppes) irán sumándose en los próximos meses. Y hay un evento en el horizonte que le da urgencia al calendario: el Mundial 2026.

"Tenemos una oportunidad grande que es el Mundial. Algo relacionado con eso va a venir, con la banderita de Uruguay", adelanta Varela.

Más que una línea

La nueva línea opera con cinco personas de forma directa, pero su impacto se distribuye a lo largo de toda la cadena porque incluye mantenimiento, logística, almacenaje, distribución. Coca-Cola FEMSA Uruguay emplea a casi 650 personas de manera directa y genera 9.000 puestos de trabajo indirectos.

Para la inauguración del miércoles estuvieron presentes el presidente de la República y los ministros Ortuño, Cardona y Juan Castillo. Una señal del peso que tiene la inversión en el ecosistema productivo del país.

En esa línea, Varela subraya el “compromiso de Coca Cola FEMSA con la producción y la industria nacional. Lo tenemos desde hace muchos años y esto significa que renovamos ese compromiso”. 

"Al tener la tecnología en casa y manejarla nosotros, esa flexibilidad me parece que es lo más ganador del proyecto", concluye Varela. Para Coca-Cola FEMSA Uruguay, producir sus propias latas es la posibilidad de reinventarse desde adentro.