Cómo el boom del fútbol en Estados Unidos convirtió al Mundial en un lujo para pocos
Antes había que convencer a los estadounidenses de mirar fútbol; ahora, con el deporte en pleno crecimiento y el Mundial 2026 en el horizonte, el problema es otro: los precios amenazan con dejar a muchos fanáticos afuera.

El vínculo de Estados Unidos con el fútbol durante el siglo XX tuvo una de sus mejores síntesis en Los Simpson. En un episodio clásico de 1997, la familia de Homero y buena parte de Springfield acudió en masa a un partido tras quedar seducida por una publicidad tan ruidosa como absurda. En el aviso, un hombre con sombrero de vaquero y flequillo gritaba: “¡Abran bien la boca para el fútbol!”, mientras sacaba una pelota de una parrilla y la exhibía frente a la cámara. La escena completaba la promesa con explosiones, espectáculo y un jugador rodeado de mujeres en un jacuzzi.

La realidad apareció apenas empezó el partido. Lejos de la adrenalina que prometía el anuncio, el público se encontró con un juego que no terminaba de conectar con el gusto deportivo estadounidense. La sátira resumió, en pocos minutos, una distancia cultural que marcó durante décadas la relación del país con la redonda, en especial tras la desaparición de la Liga Americana de Fútbol en los años 30.

Los estudios sobre identidad nacional y excepcionalismo estadounidense luego pusieron en palabras aquello que el público ya intuía: vender fútbol al norte de México era una misión compleja. Por eso, muchas campañas intentaron presentar el deporte con códigos propios de la cultura local.

Sin embargo, en el siglo XXI, la relación entre Estados Unidos y el fútbol empezó a mostrar otra cara. De hecho, los hinchas hoy cuentan con una oferta amplia y de buena calidad para seguir el deporte en pantalla. A los tradicionales partidos del fútbol mexicano en la televisión en español se sumó una programación constante de la Premier League inglesa, la Champions League y otros torneos de países donde la pelota ocupa un lugar central en la cultura popular.

La experiencia ya no se limita al consumo televisivo. Quienes prefieren vivir el fútbol en la cancha pueden elegir entre los 30 equipos de la Major League Soccer, una liga que ganó visibilidad global con la llegada de Lionel Messi, o acompañar a decenas de clubes profesionales de divisiones inferiores que construyeron comunidades fieles y estadios cada vez más activos.

El precio de las entradas provocó una fuerte reacción internacional. (Foto: Ilustración creada con IA).

Así, el desafío comercial cambió de eje. Las organizaciones vinculadas al fútbol ya no necesitan concentrar sus esfuerzos en convencer al público estadounidense de adoptar el deporte. Esa barrera, que durante décadas pareció difícil de romper, empezó a quedar atrás.

El problema ahora pasa por otro lado. A medida que el fútbol gana espacio en Estados Unidos, también se vuelve menos accesible en distintos niveles. Esa tensión aparece en las categorías juveniles, donde los costos pueden limitar el ingreso de nuevos talentos, y llega hasta la Copa del Mundo,

Cómo el fútbol intentó venderse en Estados Unidos

El episodio de Los Simpson ocupa un lugar de culto entre los hinchas del fútbol porque encaja en esa clase de escenas que muchos definen con una frase simple: “gracioso porque es cierto”. De la Liga Norteamericana de Fútbol a los repetidos intentos por transformar el fútbol en el deporte del futuro. Durante años este deporte buscó venderse en Estados Unidos con el mismo brillo, espectáculo y glamour que los típicos estadounidenses. 

El New York Cosmos pertenecía a Warner Communications, por eso la idea de que Bugs Bunny entrara al campo para saludar a Pelé parecía una jugada corporativa casi natural. El fútbol indoor llevó esa lógica al extremo, con jugadores que salían a la cancha entre luces, música fuerte y fuegos artificiales.

Con apoyo explícito de la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial, y también sin ese respaldo, las ligas estadounidenses alteraron las reglas. La norma del offside se modificó para que rigiera únicamente dentro de los 35 metros finales antes de la línea de gol. Esa marca también funcionaba como punto inicial para las tandas de penales, en las que cada atacante podía avanzar hacia el arco y definir mano a mano contra el arquero. 

Incluso tras la caída de la NASL, los equipos ensayaron laterales con el pie en lugar de los clásicos de manos, penales durante el tiempo reglamentario si un equipo acumulaba siete faltas, arcos más grandes y relojes que bajaban hasta cero antes de detenerse de golpe.

El Mundial de 2026 no tendrá tandas de penales, salvo por las clásicas definiciones desde el punto penal que resuelven qué equipo avanza tras un empate en un partido de eliminación directa. Hasta ahora, los equipos saldrán al campo detrás de los árbitros y se ubicarán para que las cámaras de televisión tomen sus rostros mientras cantan los himnos nacionales, no siempre afinados, en vez de aparecer desde un logo luminoso y tratar de esquivar algún accidente pirotécnico.

Sin embargo, la Copa del Mundo sí prepara al menos una americanización: un show de medio tiempo al estilo del Super Bowl, “organizado por Chris Martin y Coldplay”. No queda claro por qué la comunicación distingue entre “Chris Martin y Coldplay” y no dice simplemente “Coldplay”, la banda de la que Chris Martin forma parte.

No toda la americanización llegará por iniciativa directa de la FIFA. Los patrocinadores del Mundial también se suman con entusiasmo: un anuncio presenta una extraña conversación grupal con Steve Carell junto a leyendas del fútbol de ayer y de hoy, mientras Truly Hard Seltzer impulsa una campaña llamada “Bebe como un creyente”, una consigna que podría caer mal en un país con miradas muy distintas sobre sus creencias.

Y esa polarización explica por qué los esfuerzos de "americanización" podrían encontrar obstáculos.

Fútbol, poder y polarización

Los hinchas del fútbol en Estados Unidos nunca fueron un grupo homogéneo. El éxito del Mundial de 1994 surgió de la unión de distintos públicos: europeos que pagaban por ver las transmisiones de sus equipos preferidos, mexicanos que seguían los partidos de manera masiva por la televisión en español y fanáticos de la vieja NASL con deseo de volver a ver a los mejores jugadores en sus ciudades. Esa diversidad impulsó el crecimiento del fútbol con mucha fuerza, aunque para ninguna entidad, incluida la Major League Soccer, resultó sencillo atraer a todos los hinchas estadounidenses.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, no ocultó su admiración por Donald Trump e incluso propuso un "Premio de la Paz de la FIFA"(Foto: Gage Skidmore de Surprise, Arizona, Estados Unidos de América, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons).

Pero hoy las diferencias ya no pasan tanto por la simpatía hacia Manchester City, Cruz Azul, Bayern Múnich o Inter Miami. Este Mundial se jugará en un país profundamente dividido. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, nunca ocultó su admiración por el presidente de los EE.UU. Donald Trump e incluso propuso un “Premio de la Paz de la FIFA”, según explicó, para consolar al actual presidente de Estados Unidos tras no haber ganado el Nobel. Como Trump, Infantino también debió responder a acusaciones por un presunto abuso de los sistemas de control y equilibrio, además de críticas por beneficiar a los sectores más ricos, en especial después de orientar la Copa Mundial de 2034 hacia Arabia Saudita.

Casualmente, la Torre Trump alojó durante un tiempo las oficinas de la CONCACAF, la federación de fútbol de Norteamérica y el Caribe. Su excéntrico secretario general, Chuck Blazer, vivió rodeado de lujos en el edificio hasta que quedó atrapado en graves problemas legales y pasó a ser informante en un escándalo internacional de enorme alcance dentro del fútbol. Según se informó, Blazer tenía un segundo departamento destinado a sus gatos. La CONCACAF dejó el edificio hace años, pero Infantino inauguró hace poco una nueva oficina de la FIFA allí.

Quizá solo los sectores de mayores ingresos puedan darse el gusto de asistir. El precio de las entradas generó una fuerte reacción internacional, difícil de apagar con la venta de algunos tickets a US$ 60.

Al parecer, algunos espectadores sí pueden pagar esas cifras. Los precios se definen mediante un sistema dinámico, con subas y bajas de acuerdo con la demanda. Si el público no estuviera dispuesto a pagar miles de dólares por una entrada, el valor caería.

Así, la Copa del Mundo se convirtió en un recordatorio muy claro de la "economía en forma de K", en la que los sectores más altos y más bajos de riqueza crecen, mientras la clase media pierde peso.

En cierto modo, no hay nada más "estadounidense" que eso. Pero a muchos estadounidenses no les hará demasiada gracia, y un espectáculo de medio tiempo ostentoso probablemente no los hará sentir mejor.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com