Mientras el automovilismo uruguayo tiene cada vez más categorías y jóvenes talentos, dos de sus protagonistas decidieron apostar a un negocio que hasta ahora prácticamente no existía en el país: el entrenamiento profesional de pilotos a través de simuladores de alta gama, con análisis de datos y lógica de equipo de competición.
Detrás del proyecto están Joaquín Cafaro, campeón de Superturismo en 2023 que hoy compite a nivel internacional, y Facundo Ferra, campeón de la categoría en 2025. Amigos desde hace años y rivales en pista, los dos llegaron por separado a la misma conclusión. El simracing es una herramienta de entrenamiento que también podía transformarse en una oportunidad de negocio.
Así nació Simzone, un local ubicado en Barra de Carrasco equipado con dos simuladores profesionales y un sistema de adquisición de datos pensado más para mejorar décimas que para entretener.
De una charla entre amigos a un emprendimiento
La historia arranca casi de casualidad. Cafaro estaba evaluando montar un espacio dedicado a simuladores y Ferra tenía una idea similar. Cuando lo hablaron entendieron que competir entre ellos no tenía sentido y que lo más lógico era asociarse.
El foco no está puesto en el videojuego recreativo para un público masivo. La propuesta apunta a que el piloto conozca circuitos, trabaje referencias de frenado, velocidades de curva y trazadas, y pueda trasladar esos conceptos a la pista real. La experiencia replica entre un 80% y un 90% lo que ocurre en un auto de carrera. La gran diferencia es la sensación física de velocidad, pero el resto, desde la pedalera con bomba de freno hasta el force feedback del volante, está calibrado para imitar el comportamiento real.
A eso se suma un sistema de análisis que permite monitorear en tiempo real presión de freno, acelerador, velocidades y fuerzas G. Es la misma lógica que se utiliza en categorías profesionales para estudiar cada vuelta.
Un nicho chico, pero en crecimiento
El automovilismo uruguayo está lejos de la masividad del fútbol, pero cada vez más amplía su base. En ese contexto, Simzone apunta a pilotos en actividad, jóvenes que compiten en karting o categorías formativas y corredores que no pueden invertir entre US$ 5.000 y US$ 15.000 en un simulador propio.
Las sesiones cuestan alrededor de US$ 70 la hora y la recomendación es trabajar en bloques de cuatro encuentros para lograr adaptación y progreso. La idea es generar continuidad, algo parecido a un entrenamiento semanal en el gimnasio. @@FIGURE@@
Si bien el público objetivo es técnico, desde que abrieron también reciben aficionados y expilotos que quieren volver a subirse a un auto, aunque sea virtual. En su primer mes de actividad formal aseguran haber tenido más consultas de las previstas, incluso de interesados en comprar equipos completos.
El segundo negocio, vender el simulador armado
Además del alquiler por hora, el emprendimiento tiene una segunda línea de negocio vinculada a la importación y armado de simuladores completos. El foco principal está en la marca Simagic, elegida por su relación calidad precio, aunque también ofrecerán componentes de entrada de gama para quienes ya tengan equipos más básicos.
La apuesta es vender soluciones integrales con estructura, butaca, hardware, computadora, instalación y soporte. La inversión para montar el espacio rondó los US$ 20.000 y para Cafaro y Ferra es un proyecto pensado a mediano y largo plazo, apalancado en su reputación deportiva.
Ambos ya trabajan con jóvenes pilotos en karting y trasladan esa experiencia de coaching al simulador. La aspiración va más allá de alquilar horas y buscan que el piloto que hoy entrena frente a una pantalla llegue el fin de semana a la pista y sea más rápido.