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Gabriela Reolon, Marisa Cirillo, Agostina Vaccotti y Valeria Superchi. Foto: Die
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"Agua para crecer": el proyecto público-privado que llevó agua a 11 escuelas rurales de Lavalleja

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La iniciativa de Salus y Cempre junto a Anep instaló sistemas de abastecimiento en centros educativos, con un enfoque de resiliencia hídrica y cooperación interinstitucional.

6 Abril de 2026 10.17

El resultado de un proyecto se puede medir en rentabilidad, inversión, pérdidas y otros indicadores. Pero algunos son distintos y su retorno no tiene que ver con números o presupuestos, sino con 10 niños y una maestra, que esperan ilusionado sobre un cerro a que de una perforación en una roca salga un gigantesco chorro de agua.

Así se midió el éxito de “Agua para crecer”, el programa que impulsaron Salus y la asociación Compromiso Empresarial para el Reciclaje (Cempre), en una de las escuelas rurales de Lavalleja que ahora tiene acceso al agua asegurado y a largo plazo

“Un niño de una escuela de Montevideo o de cualquier ciudad del interior abre una canilla y sale agua potable, pero en una escuela rural no”, recordó Agostina Vaccotti, líder en Sustentabilidad en Salus, y reforzó la imagen que dejó una de las maestras que fue beneficiaria del proyecto: “El agua es todo en la escuela rural y la escuela es todo para la comunidad”.

El proyecto nació en 2023, cuando la sequía se hizo sentir en todo el país y especialmente en Lavalleja, departamento donde Salus tiene su casa, su fuente y sus vínculos desde hace más de 130 años. Ahí se gestó la iniciativa que se plasmó en las 11 escuelas rurales que fueron seleccionadas junto con Administración Nacional de Educación Pública (Anep). 

“El proyecto buscaba ser una solución a largo plazo, porque la situación global climática lleva a que estos episodios pasen con más frecuencia y, de este modo, las escuelas pueden estar más preparadas y ser más resilientes cuando ocurre. Como hoy, que hay déficit hídrico”, apuntó Vaccoti, quien remarcó el impacto personal imborrable que le deja trabajar en este tipo de proyectos.

Gabriela Reolon, gerente de Gestión de Recursos Hídricos en Salus, recordó que, aunque su trabajo cotidiano transcurre entre pozos, cañerías y volúmenes de agua, lo que la marcó fue la espera de un grupo de alumnos y su maestra, atentos al resultado de una perforación que buscaba agua subterránea.

“La mayoría de las escuelas dependían de la lluvia y eso las hacía muy vulnerables ante períodos de sequía. Están entre los cerros, en lugares donde no hay agua superficial que se pueda captar”, relató y remató: “Verlos a los niños dio una perspectiva especial del impacto del programa y del trabajo de la maestra, que tiene que atenderlos y enfocarse en ellos sin tener que pensar en conseguir un bidón o llamar para pedir agua a las autoridades”.

Desde Cempre, Marisa Cirillo, su directora ejecutiva, valoró lo que puede lograr la articulación y la conexión entre organizaciones privadas, estatales y de la sociedad civil. “Normalmente, los proyectos se piensan desde un escritorio: cómo se van a implementar, cómo se van a juntar esos mundos, cómo gestionar los recursos (...) y este proyecto me obligó a verlo, a ir con mis pies al lugar, a conocer realidades diferentes que llevan a conectar”. 

“Uruguay tiene el 90% del territorio rural y el 60% de la población vive en zonas urbanas”, resaltó y dijo que estos proyectos abren la oportunidad de ir por ideas no tradicionales, por nuevas perspectivas que permitan unir y probar soluciones diferentes” para los problemas del país.

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