Este emprendedor transformó la forma de manejar el ganado en Nueva Zelanda y se expandió a Estados Unidos. Su empresa, Halter, ya controla más de medio millón de vacas.
La historia detrás de Bootup Studios muestra cómo la inteligencia artificial puede servir como aliada para lanzar proyectos sin depender de fondos millonarios ni equipos grandes. Dos fundadores apostaron a convertir desafíos tecnológicos en herramientas accesibles para quienes quieren arrancar desde cero.
Un ranking creado por un emprendedor canadiense despertó una nueva obsesión entre fundadores ambiciosos: construir compañías de alto impacto con estructuras mínimas, sin necesidad de grandes equipos, capital externo ni oficinas. Con inteligencia artificial como aliada, la fantasía de facturar cifras récord desde una laptop empieza a parecer menos lejana.
Tienen menos de 30 años, fundaron su empresa hace apenas tres años y ahora figuran entre los nuevos ricos del mundo tech. La herramienta que desarrollaron es furor entre programadores y grandes compañías, y ya genera ingresos por encima de los mil millones de dólares anuales.
Un médico y una enfermera detectaron una necesidad dentro del hospital y crearon Soleya, una marca que ya logró una tasa de recompra del 40%. Fabrican con materiales usados en indumentaria deportiva y apuntan al mercado B2B.
Impulsada por una mezcla de instinto, contactos y decisión, Beth Turner armó en pocas semanas su propia firma de inversiones y ya financió una veintena de startups ligadas a inteligencia artificial, energía y robótica. Su objetivo: convertirse en la primera llamada de quienes arrancan desde cero.
Impulsadas por la guerra en Ucrania, el conflicto con China y el auge de los drones, las inversiones privadas en tecnología militar escalaron a niveles inéditos. El sector sumó diez nuevos unicornios y atrajo a firmas de capital de riesgo que antes evitaban el rubro.
Con la mira en la industria aeroespacial, Aether Biomachines lanza polímeros ultralivianos con propiedades inéditas y promete revolucionar la fabricación a gran escala con inteligencia artificial y enzimas diseñadas a medida.
Luana Lopes Lara es la fundadora de Kalshi, empresa que hoy tiene un valor de US$ 11.000 millones. Gracias a esa cifra, la joven de 29 años se convirtió en la persona más joven del mundo en alcanzar esa fortuna por cuenta propia.
Detrás de las investigaciones más ambiciosas y las startups más audaces, hay jóvenes que ya están dejando huella: diseñan pesticidas con inteligencia artificial, imprimen microchips a escala nanométrica y buscan vida fuera de la Tierra.
El zumbido en los oídos tras una noche de fiesta los empujó a diseñar un producto que nadie pedía pero que millones terminaron por comprar. De Amberes al festival Coachella, una historia de prueba, error y marketing quirúrgico.
Fundada por exbecarios de la beca Thiel, la app de enseñanza de idiomas con inteligencia artificial Speak dio sus primeros pasos en Seúl, Corea del Sur. Pero ahora, al ingresar al mercado estadounidense, deberá competir con rivales mucho más conocidos.
El neobanco comenzará a funcionar en el país durante 2026. Mientras tanto, la entrada de NVentures en una venta secundaria de acciones disparó el valor de la firma un 66% y fortaleció su vínculo con uno de los jugadores clave de la inteligencia artificial.
Construyó un modelo escalable sin levantar capital, armó una red internacional de artistas freelance y convirtió bodas multiculturales en una fuente de ingresos recurrente. Su estrategia mezcla automatización, viajes de lujo y formación para emprendedoras.
Con una app que ya descargaron más de 100 millones de personas, Lalit Keshre convirtió a Groww en un gigante del mercado financiero indio. Su debut en la bolsa disparó el valor de la empresa y lo metió en el club de los diez dígitos.
Desde un refugio improvisado con Wi-Fi en Kiev hasta un desembarco inminente en Wall Street, la empresa de Anton Pavlovsky desafió la guerra, sedujo a inversores y transformó la rutina de millones con una biblioteca portátil que no deja de escalar.
El experimento arrancó como una prueba interna y terminó transformándose en una plataforma que seduce a fondos como Goldman Sachs y Wellington. Su sistema, que recorta tiempos y costos sin resignar cobertura, ya gestiona reclamos médicos y farmacéuticos para empresas que buscan claridad en un rubro plagado de comisiones cruzadas.
Impulsada por una ronda de capital liderada por fondos de peso, Genspark apuesta fuerte con su batería de asistentes automatizados, que buscan desplazar a los gigantes del software de oficina. En cinco meses, facturó lo que muchas tardan años en alcanzar.
Apoyada por el fundador de Amazon, esta startup desarrolló un sistema que traduce descripciones en lenguaje natural a secuencias genéticas para crear proteínas a medida.