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venezuela terremoto 24 de junio
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venezuela terremoto 24 de junio
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Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 golpearon el norte de Venezuela con menos de un minuto de diferencia, dejaron cientos de muertos y heridos, activaron alertas de tsunami y pusieron a prueba la capacidad de respuesta y cooperación de los países del hemisferio.

24 Junio de 2026 23.50

La noche del miércoles quedará marcada como una de las más trágicas de la historia reciente de Venezuela. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el país fue sacudido por dos fuertes terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, registrados con apenas 39 segundos de diferencia en la misma zona del Caribe venezolano, en lo que los sismólogos describen como un “doblete sísmico”.

El primer sismo, de magnitud 7,2, se produjo cerca de la localidad de Yumare, en el norte del país; el segundo, de 7,5, fue identificado como el evento principal y se sintió con intensidad violenta en varias ciudades, incluida Caracas. Según los reportes iniciales del USGS, se trata de un terremoto superficial, con profundidades estimadas entre 8 y 13 kilómetros, lo que explica el alto nivel de destrucción en superficie.

Las primeras comunicaciones oficiales desde Caracas confirmaron el alcance humano de la tragedia. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, informó que “al menos 164 personas han perdido la vida y más de 900 resultaron heridas como consecuencia de dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el Caribe del país” y detalló que se han registrado “30 réplicas” desde los eventos principales. El Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos advirtió que el doble sismo “conformó un ‘doblete sísmico’” y actualizó la información para identificar el terremoto de 7,5 como el principal.

Daños, pánico y alerta de tsunami en el Caribe

Las imágenes difundidas por medios regionales muestran edificios parcialmente derrumbados, calles cubiertas de escombros y miles de personas en las calles buscando zonas abiertas para protegerse. El movimiento principal se sintió con fuerza en Carabobo, Yaracuy y la capital, afectó viviendas, hospitales y escuelas, y generó cortes masivos de energía y comunicaciones.

El sistema oficial de alerta de tsunamis de Estados Unidos emitió avisos preventivos para sectores del Caribe, incluyendo áreas costeras de Venezuela y territorios cercanos como Puerto Rico y las Islas Vírgenes estadounidenses, ante el riesgo de olas generadas por el fuerte movimiento submarino. Aunque las alertas fueron posteriormente ajustadas, el episodio evidenció la vulnerabilidad de toda la cuenca caribeña ante eventos telúricos de gran magnitud.

Rodríguez anunció la declaración del estado de emergencia, la suspensión de clases y la movilización de fuerzas de seguridad y equipos de rescate hacia las zonas más afectadas. Sismólogos consultados por medios internacionales advirtieron que, según modelos de impacto del USGS, el escenario más probable incluye “miles a decenas de miles de muertes y pérdidas por miles de millones de dólares”, a medida que se accede a estructuras colapsadas y áreas remotas.

La respuesta internacional: solidaridad y cooperación

La magnitud del desastre activó una rápida reacción diplomática en todo el hemisferio. Países vecinos como Colombia y Brasil, junto con naciones caribeñas, expresaron su solidaridad con el pueblo venezolano y manifestaron su disposición a colaborar con equipos de búsqueda y rescate, suministros médicos y asistencia técnica para evaluar daños estructurales.

Desde Washington, además del rol técnico del USGS y el Centro de Alerta de Tsunamis, hubo señales de apoyo para coordinar el envío de personal y recursos de emergencia. Otros gobiernos de la región han comenzado a explorar mecanismos de ayuda humanitaria y financiera, tanto de manera bilateral como a través de organismos multilaterales, en un contexto donde la cooperación ante desastres naturales se consolida como un componente cada vez más relevante de la agenda regional.

En Montevideo, el presidente Yamandú Orsi expresó su acompañamiento a Venezuela y subrayó la disposición de Uruguay a colaborar. “Manifestamos nuestra solidaridad hacia el pueblo de Venezuela y sus autoridades tras la grave emergencia provocada por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados hoy en el centro del país”, señaló en un mensaje difundido por la agencia EFE. El comunicado destacó la importancia de la coordinación regional y de los mecanismos de ayuda mutua ante fenómenos de esta escala.

Riesgo sísmico, infraestructura y agenda económica

Más allá del impacto humano inmediato, el doble terremoto plantea interrogantes profundos sobre la resiliencia económica y de infraestructura en Venezuela y en el entorno caribeño. En un país que arrastra años de crisis política y deterioro de servicios públicos, la combinación de daño estructural masivo, cortes de energía y presión sobre sistemas de salud puede agravar tensiones preexistentes y poner bajo estrés cadenas de suministro críticas, desde combustibles hasta alimentos.

Para Uruguay y el resto de la región, el episodio es un recordatorio contundente de que los riesgos geológicos y climáticos ya forman parte del mapa estratégico de los negocios y la política pública. Las estimaciones de pérdidas por “miles de millones de dólares” en infraestructura y viviendas, junto con los costos de reconstrucción.

Mientras continúan las tareas de rescate y se actualizan las cifras de víctimas y daños, el doble terremoto en Venezuela se consolida como un caso extremo de cómo, en cuestión de segundos, un evento geológico puede reordenar prioridades políticas, económicas y sociales en toda una región. Para los decisores de negocios y políticas públicas, la lección es clara: la resiliencia ante desastres ya no es un tema periférico, sino un capítulo central de cualquier estrategia seria en América Latina.

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