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Yamandú Orsi y el acuerdo Mercosur–UE: Uruguay apuesta a las reglas en tiempos de volatilidad

Juan Romero

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Con foco en Uruguay, el presidente defendió el tratado como parte de una estrategia de diversificación —de China al Acuerdo Transpacífico— y prometió “blindar aquellas áreas que se puedan complicar” mientras el país aprovecha el acceso preferencial a un mercado de más de 700 millones de consumidores.

17 Enero de 2026 12.00

El histórico acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado en Asunción tras más de un cuarto de siglo de negociaciones, tuvo en Yamandú Orsi a uno de sus protagonistas más claros y, a la vez, más pragmáticos. Para el presidente uruguayo, lejos de debilitar al bloque, la apertura con Europa confirma que si en algún momento dudamos del Mercosur creo que queda claro que es la alternativa necesaria o, por lo menos, una oportunidad que no podemos dejar pasar jamás”.​

Orsi: del escepticismo regional a la “responsabilidad histórica”

A diferencia de los años de tensiones con el gobierno de Luis Lacalle Pou, cuando Montevideo coqueteó con la idea de avanzar en acuerdos por fuera del Mercosur, Orsi eligió en Asunción un tono inequívoco. En su discurso habló de “una responsabilidad histórica” y sostuvo que “lo que firmamos dice más que cualquier declaración: que seguimos construyendo un orden internacional basado en reglas, previsibilidad y cooperación”.​

yamandu orsi en asuncion mercosur ue
 

El mandatario definió el tratado como “apostar por las reglas en tiempos de volatilidad y cambios permanentes” y subrayó que “el camino más exigente es el camino del acuerdo”, una certeza que —según remarcó— se materializa luego de “un cuarto de siglo de negociaciones”. Desde esa perspectiva, el pacto que crea “la asociación comercial integral más grande del mundo” no solo abre mercados, sino que reafirma, para Uruguay, una identidad: “Uruguay cree en los acuerdos, en las reglas, en el concepto de consenso como método”.​

En paralelo, Orsi se desmarcó de lecturas alarmistas sobre el fin del Mercosur tal como se lo conoce. “Integrarnos no nos debilita, nos potencia”, sentenció, al tiempo que insistió en que el bloque deberá modernizarse y que este acuerdo no hará otra cosa que “obligar” a recorrer ese camino.​

Una estrategia de diversificación: China, Pacífico y más allá

Orsi utilizó la foto de Asunción para reforzar una idea central de su política exterior económica: la diversificación. “Le vendemos la mayor cantidad de bienes a China, servicios globales a los Estados Unidos, y somos receptores preferentemente de inversión europea. Entonces ya hoy ya tenés el frente bastante bien diversificado”, explicó.

El presidente enumeró una agenda que no se agota en Bruselas: “Así como hoy estamos firmando esto, vamos en misión comercial, a fin de mes, a China, tenemos el Acuerdo Transpacífico con una seguridad positiva hacia Uruguay, los países del sudeste asiático están esperando también para tener relaciones más fluidas con Uruguay y con el Mercosur de ser posible”, dijo, y recordó que un acuerdo con Emiratos Árabes también está en el horizonte. Esa red de tratados, subrayó, permite que “si algo no podés resolver con un acuerdo comercial, lo podés resolver con otro”.

Frente a los temores de sectores como el lácteo o el industrial, Orsi buscó bajar la ansiedad con una combinación de calendario y política pública. “Las primeras consecuencias de estos acuerdos se verán tres años para adelante. Tenés todo el tiempo como para blindar aquellas áreas que se puedan complicar”, advirtió, en un guiño directo a productores que miran con recelo la competencia europea.​

Oportunidades y salvaguardas: lácteos, autos y el acceso a Europa

En el plano técnico, el gobierno uruguayo destaca que el acuerdo habilita “la apertura de la mayor zona de libre comercio del planeta, con más de 700 millones de consumidores, y eliminará aranceles para más del 90% de ese comercio bilateral”. El esquema prevé reducciones de aranceles con cuotas y desgravaciones progresivas, precisamente para evitar que rubros sensibles queden al borde del colapso ante la llegada de productos más baratos.​

Para los productos lácteos y para los sectores automotor y de autopartes, considerados sensibles dentro del Mercosur y clave para Uruguay, “se logró una liberación muy gradual de aranceles: se dispondrá de un plazo mayor para eliminar su protección arancelaria, con un proceso de desgravación de 15 años, según el rubro”. Además, figuran entre los grandes beneficiados la carne, menudencias y despojos bovinos, frutas (manzanas, peras, arándanos, cerezas y ciruelas), legumbres, frutos secos, pasas de uva, derivados del cuero, bebidas (agua mineral, cervezas y espirituosas), harina y porotos de soja, tops de lana peinada, fertilizantes, fungicidas y autopartes.​

Para Uruguay, el propio Orsi puso números sobre la mesa: el acuerdo con la UE implicará un aumento del 1,5% del PBI, un crecimiento de las exportaciones del 4% y más empleo. Son cifras modestas en términos de shock, pero relevantes si se leen como parte de una estrategia de inserción gradual y sostenida en mercados de alto poder adquisitivo.​

Sostenibilidad, marca país y el mensaje de Asunción

Otra clave del relato oficial uruguayo es la agenda verde. “La sostenibilidad es clave. Uruguay ha demostrado que crecimiento y cuidado ambiental pueden avanzar juntos”, afirmó Orsi, antes de destacar que la matriz energética nacional incluye “un 98% de energías renovables” y que el país viene avanzando en captura de carbono y compromisos ambientales medibles. “Para Uruguay, la sustentabilidad brinda previsibilidad y ello, confiabilidad”, añadió, en una frase que podría haber sido escrita para un folleto de inversión, pero que en Asunción funcionó como credencial ante socios europeos obsesionados con la trazabilidad y la deforestación.​

Al mismo tiempo, el presidente evitó sobreactuar la ausencia de Lula da Silva, aunque no dejó de marcarla. “Creo que todos nos quedamos con alguna duda… Más que certezas, dudas de por qué no estuvo”, admitió. Y enseguida matizó: “Pero también es cierto que no generaba ningún contratiempo que no estuviera… Uruguay va a estar siempre”. Diplomacia de equilibrio fino: reconocer el peso de Brasil sin quedar atrapado en la puja entre Lula y Milei.

En Asunción, Orsi cerró su intervención con una síntesis política que resuena especialmente para una audiencia empresarial: “Este acuerdo adquiere una relevancia particular, no solo porque constituye la asociación comercial integral más grande del mundo, sino porque reafirma una decisión clara: apostar por las reglas en un tiempo de volatilidad y cambios permanentes”.​

Para Uruguay, país pequeño pero con vocación de jugador global, esa apuesta significa algo más que firmar un tratado. Es anclar su estrategia de desarrollo en tres palabras que el propio presidente repitió en el escenario del Banco Central paraguayo: “reglas, previsibilidad y cooperación”. En un mundo que se recalienta geopolíticamente, no es un mal mensaje para enviar desde Montevideo

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