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Consolas a precio récord: qué anticipa el aumento de la PlayStation sobre el futuro del mercado gamer

Paul Tassi

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Los aumentos de Sony y Microsoft exponen un techo cada vez más lejano para buena parte del público y abren dudas por el acceso a la próxima generación, con equipos que podrían romper la barrera de los US$ 1.000.

1 Abril de 2026 13.29

La semana pasada, Sony anunció un aumento de precio en todos sus productos PlayStation, con subas de entre US$ 100 y US$ 150 para cada consola. Eso se sumó al ajuste que ya ocurrió el año pasado. Xbox hizo algo parecido, pero ahora la consola más cara es la PS5 Pro, que cuesta nada menos que US$ 900.

La explicación, claro, pasa por los aranceles, el aumento de los costos de los componentes y otros factores del mismo tipo. Estas empresas no quieren operar con pérdidas ni con márgenes demasiado bajos en sus consolas, pero llega un momento en el que hay un límite.

A esta altura, parece razonable pensar que, salvo que haya un cambio económico global de gran escala, veremos una PlayStation 6, probablemente en 2028, con un precio de al menos US$ 1.000, una cifra que marcaría un nuevo techo para una consola de videojuegos. También cuesta imaginar que el híbrido de PC y consola Project Helix salga menos, si una Xbox Series X de 2 TB ahora cuesta US$ 800, incluso sin presentar una mejora de potencia como la versión Pro.

Durante años se pronosticó la muerte de las consolas, pero esa idea una y otra vez quedó desmentida. Es probable que la próxima generación tampoco marque su "muerte", aunque sí entrará en una etapa que puede dejar afuera a una parte importante de los jugadores por los precios desmedidos.

Esta generación de consolas arrancó con modelos de entre US$ 300 y US$ 500 y terminará con muchos equipos que costarán casi el doble por el mismo hardware. Todo indica, además, que la próxima generación será todavía más cara.

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La semana pasada, Sony anunció un aumento de precio en todos sus productos PlayStation.

Esto golpea de lleno a los jugadores de ingresos bajos, que simplemente no tienen margen para pagar una consola de videojuegos que de un momento a otro pasa a costar US$ 1.000. También es una muy mala forma de tratar de convencer a las generaciones más jóvenes de que jueguen en consolas después de crecer con juegos para celulares. Cuando yo era chico, claro, los padres les compraban consolas a sus hijos para Navidad. ¿Y ahora? ¿Cuántos van a gastar US$ 1.000 en un chico de diez años y, además, US$ 70 por cada juego? Lo más probable es que terminen dándoles una tarjeta de regalo de Fortnite o Roblox.

La excepción, como casi siempre, podría ser Nintendo, ya que la línea Switch sigue con precios más bajos y mantiene una popularidad mayor que la de sus rivales, aunque ya quedó a mitad de camino de la experiencia de juego en celulares. Dentro de poco, incluso Nintendo podría verse obligada a subir sus precios, porque tampoco queda al margen de estas presiones. Además, la demanda ya empezó a aflojar, ya que el poder adquisitivo de los consumidores cae.

Los videojuegos en consola nunca fueron precisamente baratos, pero hay un límite cuando se trata de exigirles más a los consumidores, y da la impresión de que ese punto ya llegó. Cuesta entender por qué alguien pagaría entre US$ 600 y US$ 900 por consolas que llevan entre 3 y 6 años en el mercado, después de aumentos de entre US$ 100 y US$ 200. Y aun si se tratara de hardware nuevo, pedir más de US$ 1.000 por la próxima generación roza el absurdo.

También hay que admitir que estas empresas quedaron atrapadas en una situación muy difícil, con componentes que no dejan de encarecerse. El resultado es un problema cada vez más evidente para toda la industria.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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