Ana Leite no estaba en el mundo del fútbol. Lo dice ella misma, sin vergüenza. Era licenciada en educación física, vivía en el mundo del atletismo y no sabía que los árbitros de fútbol tenían que entrenar de forma regular. Pero en 2016 un alumno le dijo que había una vacante en el departamento físico de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) para trabajar con árbitros. "Presentáte", le insistió. Ella se presentó.
Esa decisión, casi tomada al azar, derivó en una maestría, una tesis, una investigación científica y, eventualmente, en una startup que hoy tiene contratos con federaciones de fútbol en Arabia Saudita, Costa Rica, Paraguay, Ecuador, Noruega, México y la FA inglesa.
El camino no fue corto ni recto.
La tesis que lo explicó todo
Cuando Leite empezó a preparar físicamente a los árbitros de AUF en 2017, también arrancó una maestría en entrenamiento de alto rendimiento. Para su tesis final eligió un tema que nadie había investigado en Uruguay y que pocos habían abordado en profundidad a nivel mundial: la relación entre la fatiga física y la toma de decisiones en árbitros de fútbol.
La metodología fue simple pero rigurosa. Tomó árbitros de primera, FIFA, tercera y cuarta categoría. Primero los evaluó en aula, sentados, tranquilos, mirando 20 videos y eligiendo sanciones. Después los sometió a un test de resistencia intermitente que simula la fatiga de un partido real. Finalmente los evaluó de nuevo, esta vez tomando decisiones mientras llegaban agotados a cada pausa del test, frente a una pantalla gigante.
El resultado fue lo que cualquiera podría intuir, pero que hasta entonces nadie había comprobado científicamente con árbitros uruguayos: cuanto más cansado estaba el árbitro, peor decidía. Sucedía con los de primera y con los de cuarta. Con árbitros y con asistentes. Sin excepciones.
"Algo bastante obvio, pero comprobado científicamente", admite Leite con una sonrisa en charla con Forbes Uruguay. Lo que no era obvio era la conclusión que sacó a continuación.
El problema que nadie resolvía
Si el cansancio arruinaba las decisiones, la solución lógica era entrenar las dos cosas juntas, el cuerpo y la cabeza. Pero Leite, que para entonces ya trabajaba también para CONMEBOL y desde 2019 para FIFA como parte del departamento físico femenino de cara a mundiales, veía que eso casi nunca pasaba.
"En la mayoría de los países los árbitros entrenan lo físico por un lado y cuando tienen suerte hacen algunos entrenamientos con videos, en aula, o con jugadores en cancha una vez cada tanto", explica.
El problema era estructural porque los árbitros del mundo están dispersos, no se juntan a entrenar más que unas pocas veces al año, y armar un entrenamiento conjunto con jugadores cuesta tiempo, plata e infraestructura que pocas federaciones tienen.

Ahí apareció Daniel Badanian, su hoy socio cofundador. Daniel era el creador de Neural Trainer, un sistema de entrenamiento neurocognitivo con luces y estímulos visuales. Los presentó un amigo en común, Diego Estavillo, hoy preparador físico de la selección uruguaya. En un momento de esos de grupo de estudio, Badanian dijo que tenía una idea para hacer algo cognitivo en los celulares. Leite, que tenía en mente el mismo problema desde hacía años, encajó de inmediato. "¿Si creamos una app que haga esto?", dijeron. Y así arrancó RefMe Pro.
Arabia Saudita, las 4 de la mañana y el café con internet
En febrero de 2022 Leite tenía la idea, a su socio y una maqueta que su hermana, diseñadora industrial, había armado en Figma en dos días. Lo que no tenía era producto.
El primer desarrollador que contrataron les prometió avances que nunca llegaron. Mientras tanto, en un torneo en Lisboa, Leite le había mostrado la maqueta a una directiva de FIFA. La respuesta fue alentadora, pero con la condición de que el producto pudiera usarse sin depender de ningún hardware especial. Paralelamente, en otro torneo, un directivo saudita le dijo que le encantaba la idea y los invitó a presentarla en Arabia. El problema era que todavía no había nada que presentar.
Encontraron entonces a dLab Software, una empresa mitad uruguaya, mitad paraguaya que recién arrancaba. Les prometieron un MVP en un mes y medio. Era algo que corría en una tablet, pesaba cinco gigabytes, necesitaba internet sí o sí y contenía los videos pregrabados para un ejercicio. Rudimentario, pero funcionaba.

Con eso se fueron a Arabia en mayo de 2023. Leite, Badanian y un amigo llamado Nicolás. La noche antes de la presentación descubrieron que la sincronización de sonidos fallaba. Intentaron descargar la nueva versión de la app. El internet del hotel no respondía. Era la una de la mañana.
Alguien en recepción les dijo que a cuatro cuadras había un café con mejor conexión, salieron en la noche saudita, pusieron todas las tablets sobre una mesa del café y se quedaron descargando hasta las cuatro de la mañana. A las ocho presentaron.
El jefe de arbitraje de Arabia los miró y les dijo algo que todavía recuerda con emoción: "No sabes la cantidad de gente que me pide venir a presentar algo. Apostamos por ustedes y no nos equivocamos. Esto no lo quiero, lo necesito".
Semilla, la FA y el laboratorio de AUF
Después de Arabia vino Costa Rica, donde Horacio Elizondo, el legendario árbitro argentino que entonces dirigía el arbitraje tico, los llamó para decirles que quería el producto aunque todavía no estuviera terminado. Ese primer ingreso lo invirtieron entero en desarrollo. Con esa plata pasaron de tablets a celulares y los árbitros ya podían correr por la cancha con el teléfono encima, sin necesidad de volver a un punto fijo para ver un video.
En el camino hubo tropiezos institucionales. Se presentaron en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) con el proyecto y les dijeron que el modelo comercial no era viable. Fue un golpe duro pero consiguieron entrar al Fondo Semilla de ANDE, que con un capital menor les permitió terminar el desarrollo. Cuando volvieron a presentarse a ANII, ya tenían tres federaciones como clientes y esta vez sí quedaron. Terminaron el proyecto con ANII en julio de 2025 y cerraron cuatro federaciones más en el proceso.
El caso de Inglaterra fue diferente. La FA los encontró por LinkedIn, donde RefMe Pro había empezado a publicar piezas de marketing. Un directivo inglés se contactó, hubo una serie de reuniones y los invitaron a un campamento de entrenamiento con 400 personas, casi 300 árbitros y un centenar de instructores. Fueron seis personas de Uruguay, se dividieron en tres canchas y cada cancha tuvo 90 árbitros entrenando con la app en simultáneo. El sistema no colapsó. Cerraron contrato.

Todo ese proceso de prueba y error tuvo un laboratorio silencioso que pocas startups tienen: los 200 árbitros de AUF, que desde el principio usaron la plataforma una o dos veces por semana. "Al principio fallaba mil cosas. Hasta que anduvo bárbara. Todo gracias a que acá tenemos un universo de testeo", dice Leite. Los árbitros uruguayos reportaban cada falla. Fueron, en sus palabras, "unos cracks".
El negocio y los números
RefMe Pro funciona con dos modelos. El principal es B2B: las federaciones pagan una licencia mensual por árbitro, con precios que varían según la cantidad contratada y los acuerdos que se hagan, como cuando una federación cede sus propios videos para enriquecer la biblioteca de contenido. El segundo es B2C: cualquier árbitro del mundo puede descargar la app y pagar una suscripción individual desde la Play Store o el Apple Store.
Ese segundo canal generó algo que usuarios en más de 25 países, incluyendo lugares como Chipre o Japón, que llegaron por su cuenta sin que nadie los contactara.
El equipo hoy incluye a Violeta Aguero, encargada de la gestión de videos y también con trayectoria en FIFA, más el equipo de desarrollo de dLab y la agencia de marketing Potrero. La inversión total desde el inicio ronda los US$ 200.000.
La meta de este año es sumar al menos tres federaciones más. El sueño, dice Leite sin rodeos, sería dos europeas y una en Estados Unidos.
El producto que existe hoy es sustancialmente distinto al MVP que llegó jadeando a Arabia. Tiene estadísticas individuales por árbitro, un dashboard de gestión para instructores, entrenamiento oficial monitoreado por la federación y entrenamiento personal privado, retroalimentación video a video con explicaciones de cada decisión. Nada de eso existía cuando todo era una maqueta hecha en dos días para mostrarle una idea a una jefa de FIFA en Lisboa.
Eso, quizás, es lo más uruguayo de toda la historia.


