Sentirse agotado incluso antes de que comience la jornada laboral es más común de lo que muchos creen. Según Gallup, el agotamiento laboral les cuesta a las empresas US$ 322.000 millones al año; lo que antes parecía un problema personal ahora se convirtió en un desafío para el liderazgo organizacional.
En el lugar de trabajo moderno no faltan horas. Falta energía útil.
Durante mucho tiempo, el tiempo funcionó como moneda de cambio de la productividad. Los líderes optimizan los calendarios e impulsan una ejecución más rápida. Pero en el fondo, emerge una limitación distinta, una que la gestión del tiempo por sí sola no logra resolver.
A medida que la sobrecarga digital redefine el alcance del trabajo, los líderes empiezan a revisar una premisa central. La productividad no depende de cuántas horas trabaja una persona, sino de la calidad de la energía que aporta a ese trabajo.
Según el reciente Índice de Anatomía del Trabajo de Asana, los trabajadores del conocimiento hoy destinan aproximadamente el 60% de su tiempo a tareas vinculadas al trabajo, como mantenerse al día con actualizaciones, asistir a reuniones innecesarias y cambiar de una herramienta a otra. Incluso los equipos más talentosos rinden por debajo de su potencial porque su energía se dispersa.
Del manejo del tiempo al liderazgo energético

La gestión de la energía reformula el liderazgo: lo desplaza de la supervisión al diseño.
En lugar de preguntarse cómo hacer más en un día, los líderes eficaces se preguntan:
- ¿Dónde se agota la energía cognitiva?
- ¿Qué procesos generan fricción innecesaria?
- ¿Cómo pueden proteger la concentración en lugar de limitarse a fomentarla?
Este cambio parte de una idea central: no todas las horas valen lo mismo. Una sola hora de trabajo profundo, sin interrupciones, suele generar más valor que un día completo de tareas reactivas.
Según un estudio del Índice de Tendencias Laborales de Microsoft de 2025, los empleados sufren una interrupción cada dos minutos, en promedio, mientras que investigaciones de la Universidad de California en Irvine muestran que recuperar la concentración puede llevar más de 20 minutos. El resultado es una energía fragmentada.
El problema es estructural. El agotamiento suele abordarse como un problema de resiliencia individual. En realidad, muchas veces surge de sistemas mal diseñados.
Dónde se pierde la energía organizacional
La pérdida de energía se manifiesta de formas inesperadas:
- Las reuniones excesivas o mal estructuradas diluyen la atención.
- El cambio constante entre tareas reduce la eficiencia cognitiva.
- La falta de claridad obliga a los equipos a gastar energía en adivinar en lugar de actuar.
- El flujo interminable de notificaciones fragmenta la concentración.
Estos factores deterioran el rendimiento a nivel sistémico. Los líderes que los ignoran corren el riesgo de construir organizaciones ocupadas, pero ineficaces.

Microsoft también detectó que las reuniones, los correos electrónicos y los chats consumen más de la mitad de la jornada laboral, lo que deja poco margen para una ejecución enfocada.
Cómo los líderes pueden revitalizar a sus equipos
Si la pérdida de energía es estructural, entonces la renovación de esa energía debe ser intencional. Los líderes más visionarios empiezan a tratar la energía como un activo cuantificable.
Los líderes no pueden limitarse a pedirles a sus equipos que se concentren más. Necesitan rediseñar la forma de trabajar para ahorrar energía.
Estas son cuatro maneras prácticas de empezar a revitalizar a los equipos:
- Auditar y reducir la carga de reuniones: los equipos de alto rendimiento tratan las reuniones como un recurso limitado. Eliminan las reuniones de seguimiento redundantes y exigen agendas claras. En muchos casos, un tablero compartido puede reemplazar una llamada recurrente.
- Crear tiempo dedicado a la concentración: los líderes pueden institucionalizar bloques de trabajo sin interrupciones en el calendario y marcar el camino con su propio ejemplo.
- Priorizar la comunicación asincrónica: la comunicación en tiempo real debe ser la excepción, no la regla. Fomentar actualizaciones asincrónicas reduce las interrupciones y permite que las personas participen cuando tienen más energía.
- Aclarar prioridades de manera constante: la ambigüedad figura entre los principales ladrones de energía. Cuando los equipos no tienen claro qué es lo más importante, desvían esfuerzos hacia tareas que no corresponden.
El objetivo consiste en asegurar que los esfuerzos se orienten hacia donde generan más valor.
Estos cambios parecen sencillos. Su impacto no lo es. Cuando el liderazgo reduce la fricción, crea las condiciones para que el trabajo de alta calidad se convierta en la norma.
Liderazgo como gestión de la energía

En esencia, esta tendencia refleja una evolución más amplia del liderazgo. El rol ya no se limita a impulsar la productividad; ahora exige gestionar las condiciones que hacen posible una productividad sostenida. Esto requiere un enfoque más intencional sobre cómo los equipos viven su entorno cotidiano.
A diferencia del tiempo, la energía no se puede extender; solo se puede conservar o agotar. Los líderes que entienden esto construyen organizaciones sostenibles.
En un mundo atravesado por exigencias constantes, la sostenibilidad se está convirtiendo con rapidez en la principal ventaja competitiva.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com