En una organización global como Securitas, la conducción no se reserva para las cúpulas: se cultiva en el día a día de quienes coordinan equipos. Qué aprendizajes dejan quienes gestionan talento en contacto directo con la operación.
La desconexión emocional con los puestos laborales avanza mientras las trayectorias se vuelven más fragmentadas, personales y adaptables. La estabilidad ya no se busca en una empresa: se construye con herramientas propias.
Adaptarse a nuevas tecnologías, dominar herramientas digitales y construir vínculos sólidos ya no son diferenciales, sino condiciones básicas. Especialistas en talento explican qué prácticas pueden marcar la diferencia al buscar trabajo.
Aunque el exceso de trabajo se suele asociar con la ambición o la productividad, muchas veces esconde mecanismos más complejos, ligados al perfeccionismo, la culpa o la necesidad de validación.
Aunque acumulan logros visibles, sueldos altos y reconocimiento profesional, muchos trabajadores de alto rendimiento sienten un malestar persistente que no se resuelve con más esfuerzo ni cambios superficiales. Qué hay detrás de esta insatisfacción que crece en silencio.
Aceptar cada pedido con tal de quedar bien puede derivar en sobrecarga, frustración y estancamiento. Por qué saber poner límites también construye respeto y abre otras puertas.
Entre reportes previsibles y frases ensayadas, se diluye lo más valioso: la posibilidad de pensar en voz alta y detectar lo que nadie se anima a decir.
En un contexto de mercados volátiles, desconfianza informativa y saturación de contenidos
generados por inteligencia artificial, las empresas están descubriendo que la narrativa se
convirtió en un activo estratégico. Ya no se trata solo de comunicar, sino de construir confianza,
atraer capital y talento, y explicar cómo se crea valor a largo plazo.
Mientras algunos suman pendientes que nadie revisará en marzo, otros ya empezaron a cortar lastre. Deciden qué dejar de hacer, podan reuniones eternas y usan la tecnología para simplificar. El premio: equipos más livianos y con las ideas claras antes del brindis.
La exigencia de arrancar el año con energía renovada puede volverse un lastre silencioso para quienes ya operan al límite. Entre mandatos autoimpuestos y sistemas que no se detienen, el cansancio estructural se disfraza de falta de carácter.
Hay cambios que se anticipan, que se organizan, que incluso se planean durante años. ¿Pero qué pasa cuando el cambio se torna ingobernable y se pierde todo atisbo de previsibilidad? ¿Cómo liderar cuando uno tiene la sensación de vivir en una “montaña rusa”, avasallado por nuevas tecnologías, sabiendo que las recetas que funcionaban hasta ahora han quedado obsoletas?
Sabe lo que hace, pero siempre se salta un paso. Qué hacer cuando un colega talentoso complica al resto por no respetar los procesos y cómo hablarlo sin generar roces.
Para muchos, llegar a un puesto más alto implica perder motivación, sumar responsabilidades no deseadas y quedar atrapados en un esquema que castiga el deseo de mantenerse conectado con lo que mejor saben hacer.
Las fiestas no perdonan: entre el vitel toné y los brindis, siempre hay alguien que pregunta como si fuera tu jefe. Cómo sobrevivir al interrogatorio familiar sin que se te enfríe la comida, esquivar comparaciones con el primo exitoso y responder sin atragantarte con el pan dulce.
En el mundo del liderazgo, las nociones de poder y autoridad han sido objeto de análisis y estudio desde hace mucho tiempo; ambas definen el modo en que los líderes influyen, orientan y dirigen. También se suma un tercer concepto que invita a la reflexión: el abuso de poder, esa frontera invisible en donde la influencia legítima se transforma en control y coerción.
En el ámbito del liderazgo se suele enfatizar en las fortalezas y virtudes que diferencian a quienes inspiran y logran transformar realidades. Pero existe otra cara, menos visible, aunque igualmente decisiva: los llamados derailers o "descarriladores".
Una investigación basada en miles de calificaciones internas revela que, al observar el trabajo diario y no ideas abstractas, ellas reciben mejores puntajes en habilidades clave como integridad, iniciativa y capacidad para motivar. La cercanía parece ser el verdadero filtro contra los prejuicios.
Molesta, incomoda o despierta envidia. Cuando alguien se destaca demasiado en el trabajo, las reacciones del resto del equipo pueden ser más hostiles que celebratorias. Una trampa silenciosa que castiga el mérito y empuja al silencio.