Autos sin dueños: dónde terminan sus colecciones cuando mueren los famosos
Josh Max Colaborador
Josh Max Colaborador
Para muchas personas, un auto no es solo un objeto inmóvil. Es parte de la familia. Puede ser el lugar donde diste tu primer beso, donde le propusiste matrimonio a alguien o incluso donde diste tu último aliento.
Las celebridades no son la excepción. En esos casos, el destino de sus autos puede resultar tan complejo como el de sus restos o su patrimonio. La mayoría cree que esos vehículos terminan en un museo, que la colección sale a subasta o que algún fan con plata los conserva para siempre.

Pero la vida real avanza con otro ritmo. Lo más común es que los bienes queden guardados en un depósito y sigan ahí mientras la sucesión se transforma en un proceso largo, caro y colectivo, en el que todos opinan y, muchas veces, nadie tiene las llaves.
Cuanto más conocido es el nombre, más probable resulta que el "dueño" fuera, en realidad, una trama compleja de entidades: fideicomisos, sociedades de responsabilidad limitada, empresas de gestión, administradores y acuerdos que tenían mucho sentido cuando la persona vivía, aunque después de su muerte ya no tanto.
Muchas veces, nada. Durante mucho tiempo. Los autos no se mueven porque la sucesión queda trabada. Primero aparece el inventario. Después, la tasación. Más tarde llega la coreografía legal: quién hereda, quién decide, a quién le compran su parte, qué familiar se opone, quién demanda, quién contrademanda y quién demora el proceso, a veces por el solo hecho de estar ahí. Mientras tanto, los autos quedan en un depósito seguro, que en el lenguaje de una herencia quiere decir que "nadie los toca por el momento".
En el caso de un superdeportivo, quedar guardado puede jugarle en contra. Las juntas se resecan. Los fluidos se degradan. Las baterías se agotan. Los neumáticos pierden presión. Así, la colección que parecía una pieza decorativa elegante puede transformarse, casi sin que nadie lo note, en una cuenta de mantenimiento por algo en lo que nadie piensa durante mucho tiempo, y mucho menos maneja.
Además, y eso es algo que los coleccionistas conocen bien, el papeleo se vuelve más enredado. Una gran colección puede incluir autos comprados hace décadas, autos adquiridos en operaciones privadas, autos registrados a nombre de empresas, autos que pasaron de un estado a otro y autos "prestados" que nunca volvieron de manera formal.
Si la cadena de titularidad no está en orden, la sucesión se frena hasta que todo quede regularizado. Y "regularizar" puede implicar meses, años y varias comparecencias ante el tribunal.
Lo que ve el público es el gran final: un catálogo, un escenario, un precio de remate, aplausos. Lo que el público no ve es la etapa previa, esa zona muerta en la que los autos quedan estacionados detrás de vidrios reglamentarios, envueltos en un silencio que muchas veces se extiende durante años.

Walker murió en noviembre de 2013. Una parte importante de su colección recién llegó a una subasta de alto perfil en enero de 2020, cuando 21 vehículos de su colección personal se consignaron para la subasta de Barrett-Jackson en Scottsdale.

Franklin murió en agosto de 2018. Su herencia se convirtió en un enredo legal público por la disputa entre varios testamentos manuscritos, y el proceso judicial se estiró durante años. La prensa señaló que entre sus bienes había autos, y a fines de 2023 se informó que la herencia se repartió entre sus hijos, con una mención explícita a sus autos.

Prince murió de manera inesperada en abril de 2016, sin testamento, y los primeros informes judiciales de inventario y tasación describieron un patrimonio integrado por ocho vehículos, entre ellos motos y un micro, mientras el resto de los bienes seguía en evaluación.
Años más tarde, los informes todavía daban cuenta de fuertes disputas internas y litigios por el control del patrimonio. Como la sucesión se extendió tanto, todo lo que forma parte de el, también los vehículos, quedó casi sin movimiento hasta que se tomaran decisiones.

El Porsche 550 Spyder de Dean, apodado "Little Bastard", se volvió leyenda no solo por el accidente, sino también porque su paradero se desconoce desde hace décadas. Hagerty señaló que su ubicación todavía era un misterio, pese a que años después se ofreció una recompensa.
Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.