Como ninguna otra premiación del mundo del cine, los Oscar, que se entregan el domingo 15, generan numerosas listas a esta altura del año. Las favoritas, las que injustamente quedaron fuera de la carrera, las infravaloradas y las sobrevaloradas. Ni los Globo de Oro ni los festivales prestigiosos como los de Cannes o Venecia producen el mismo impacto entre medios de prensa y público. Porque la lista de las nominadas a los premios de la Academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos es la más mediática y la que repercute en la taquilla.
No en vano el mes pasado se reestrenó Sinners, o Pecadores, que es la que tiene más nominaciones (16) y superó el récord de Titanic en ese sentido (14). A pesar de que ya había pasado por cines el año pasado y de que está disponible en HBO Max, esta historia que en parte es de terror y en parte es sobre la cultura y la historia afro, resistió varias semanas en cartelera para su reestreno. ¿Es mejor o más original que Titanic? No.
El dato acerca de su sobrevida en salas es significativo, ya que la regla es que, salvo algunas excepciones (Avatar 3, que lleva más de dos meses en cartel), cada película dura muy poco allí y pasa en menos tiempo al streaming. Sinners es, probablemente, una de las mejores películas que ha hecho Ryan Coogler, responsable de otras más taquilleras como las dos Pantera negra y Creed.
En esta película sobre dos hermanos (interpretados por Michael B. Jordan) que abren un garito de bailes para afrodescendientes en 1932, la historia se cocina despacio hasta que estalla. Coogler, también autor del guion, le presta mucha atención al elenco de personajes, sus motivaciones y al ambiente social en el que se mueven, de tal modo que el espectador se mete en la trama hasta que aparece el problema sobrenatural, que va de vampiros.
Es una película cuyo trasfondo, al igual que la filmografía de Coogler, tiene que ver con el racismo y la historia de la cultura afro. La secuencia musical al medio, durante la apertura del garito, es la joya de la película y el momento más libre del director. ¿Es la mejor o una de las mejores del año? Ni de cerca, aunque sea muy buena. Otras películas de terror han sido más originales y otras películas sobre temas sociales han sido más crudas y explícitas.
En cierto sentido, se podría decir que Sinners es de terror, sin serlo de pleno, es social, sin mostrarlo explícitamente. Este ser y no ser es un denominador común a otras películas, como se verá.
Frankenstein, del gran Guillermo del Toro, tuvo un estreno breve en cines de Uruguay durante febrero, pero resistió apenas una semana. Probablemente para el público es suficiente con verla en Netflix, donde se había estrenado en diciembre, aunque amerite el disfrute en pantalla grande.
Nominada en la categoría de Mejor Película y en ocho rubros más, es visualmente muy vistosa, está hecha por el director adecuado, tiene muy buenas actuaciones y nada más. Es cierto que, al igual que la novela original, toca temas pesados, como los cánones de normalidad y anormalidad, la megalomanía de la ciencia y lo que la sociedad le hace a quien considera paria, entre otras cuestiones. No lo hace, tal vez, a la manera obvia de las películas que logran premios en rubros destacados, con discursos explícitos y lecciones morales en primera plana.
Bugonia, otra nominada a Mejor Película, también evita las lecciones morales y desafía varias posibles interpretaciones. Resistió un par de meses en salas de cine de Uruguay, algo que la convierte en una anomalía, sobre todo por ser una película de autor (el director Yorgos Lanthimos) y al día de hoy no está disponible en streaming local.
La trama de Bugonia va de un par de muchachos que están convencidos de que la CEO de una empresa es extraterrestre, así que la secuestran para hacerla confesar. Eso, que es el inicio, desata una serie de hechos y reacciones difíciles de predecir en varios sentidos. El duelo actoral entre Emma Stone, la secuestrada, y Jesse Plemons, el organizador del secuestro, es brutal y sostiene la tensión. Tiene mucho humor negro, brotes de violencia, giros numerosos y unos cuantos interrogantes.
En esta película hay algunas características que se repiten en otras de las nominadas, que tienen que ver con el hecho de que sus realizadores evitan deliberadamente hablar de un tema y buscan ir hacia una propuesta artística que dé pie a interpretaciones libres.
En F1: la película, Marty Supreme y Valor Sentimental, todas nominadas a Mejor Película y ya reseñadas en esta sección, presenta historias concretas, más convencionales. A la vez, están las otras en las que los realizadores parecen haber decidido que el cine ya habló lo suficiente de ciertas cuestiones, así que ellos las toman como trasfondo para hacer sus propias obras.
Como hay varias películas sobre segregación racial, Ryan Coogler lleva el tema hacia el terror y saca lo social del centro, pero sin dejarlo de lado (aunque cabe reconocer que Sinners es bastante convencional en su forma). Como se hicieron muchas películas sobre dictaduras latinoamericanas, El agente secreto, también en carrera como Mejor Película, trata sobre un perseguido por motivos económicos, de modo que la dictadura y sus horrores quedan como fondo.
Si se hicieron varias películas sobre las durezas de la vida obrera y rural, Sueños de trenes opta por contar la historia de un hombre en ese entorno pero casi sin hablar de lo social. Después de varias historias sobre guerrillas o movimientos políticos, Paul Thomas Anderson crea en Una batalla tras otra una película satírica con personajes estrafalarios que habla y, a la vez, no habla, de la realidad de su país.
Ya que hay muchas películas acerca de Medio Oriente y también otras sobre familias quebradas, el director Óliver Laxe concibe Sirät, con personajes de los que apenas se sabe lo mínimo y en unas versiones de Marruecos y Mauritania casi posapocalípticos. Esta, que compite en Mejor Película Internacional tal vez sea un buen ejemplo de cómo se resume la tendencia: darle al espectador experiencias muy potentes con muchos elementos abiertos para que él se ocupe de interpretarlas.
Hay quien ha acusado a este tipo de propuestas de ser irresponsables por convertir temas serios en telones de fondo para historias que funcionan entre violencia, humor y, a veces, surrealismo. En su defensa, se podría decir que, en tiempos de productos audiovisuales diseñados en base a estadísticas de plataformas (muchos de los cuales se agradecen, como F1), hay quienes eligen arriesgar.
Aparecen entonces, una nueva forma de lista en el medio de los Oscar 2026. La de las películas que son y no son sobre un tema, las que ya pasaron de solo mostrar sus temas y se proponen ser arte con impacto con el espectador como cómplice.