Si hay algo que le sale bien a Guy Ritchie es la creación de personajes medio carismáticos, medio estrafalarios pero sin exagerar, que hablan velozmente y siempre están prontos para los tiros o los golpes.
Este realizador, que empezó como una especie de alumno de Tarantino pero barriobajero británico, refinó su marca personal hasta ser un director de acción y comedia con esa especialidad en personajes y diálogos.
En la zona gris, que se puede ver en Prime Video, es una entretenida muestra de eso. La más reciente de una larga filmografía que empezó con la comedia negra Juegos, trampas y dos armas humeantes en 1998.
A grandes rasgos, se puede decir que esta es una comedia de acción e intriga que se ambienta al menos en tres países, con personajes glamorosos y secuencias de acción muy elaboradas. Diálogos rápidos con idas y vueltas entre criminales y pseudo criminales sagaces, tiros, persecuciones y planes complicadísimos dan forma al asunto.
Henry Cavill y Jake Gyllenhaal encarnan a Bronco y Sid, dos matones que trabajan para Rachel, una abogada interpretada por Eiza González. En este caso, todo empieza cuando una persona cercana a ella es asesinada por el millonario Manny Salazar (Carlos Bardem), quien le roba mil millones de dólares.
Así, Rachel entra en acción y mueve sus piezas con el objetivo de recuperar ese dinero y dirigirlo, comisión de por medio, a quien debía tenerlo, el personaje de Rosamund Pike.

El plan para acercarse a Salazar, enredarlo y recuperar el dinero es extremadamente complicado y muy cinematográfico. Implica todo un equipo, al frente del que están Bronco y Sid; grupo humano que sigue a Rachel casi como una madre. De hecho, más que una abogada tradicional, ella usa a su equipo para operar siempre en la zona gris del título, entre la legalidad y la clandestinidad.
Al estilo de Ritchie, los diálogos se suceden mientras los personajes elaboran su plan A, B y C para la operación. Hay mucha comedia en la forma en que hablan, en las respuestas y contestaciones que se lanzan y en las actitudes.
También hay alguna que otra sutileza, como la relación entre Bronco y Sid, de la que se insinúa muy a las corridas que podría tratarse de algo más que una amistad o relación profesional. Gyllenhaal y Cavill dan muy bien con el tono que piden sus personajes y las situaciones en las que se meten para cumplir las órdenes de Rachel.
Es cierto que se le dedica mucho tiempo a la elaboración del plan de infiltración y extracción para recuperar el dinero. En ese sentido, funciona un poco como Top Gun: Maverick, cuyo argumento se basaba en el anticipo y preparación de un plan.
Pero Guy Ritchie tiene su oficio y el foco bien puesto en la acción y el humor (o la gracia, cuando menos), así que toda la exposición de planes que van haciendo los protagonistas se acompaña con mucho movimiento y acción.
Es entretenida y muy ágil, sin dudas. Podría ser más clara u ordenada, desde un punto de vista de una narración cinematográfica clásica, pero se entiende perfectamente. Uno comprende los móviles de todos quienes están en pantalla y la historia se puede seguir perfectamente.
Ritchie viene de una racha notable de película de acción, a un ritmo de una cada dos años o menos, más una reciente serie de Amazon sobre el joven Sherlock Holmes.
Supo recuperarse de la caída comercial y crítica que le supuso Swept away, la película que hizo para su ex, Madonna, y continuó con su carrera. Hoy ya está lejos de su especialidad inicial, que eran los gángsters británicos malhablados, violentos y chistosos. Lo suyo es la acción y el diálogo.
En la zona gris tuvo muchas demoras de distribución e incluso no se mostró a la prensa, como si sus productores hubieran creído que iba a ser mal recibida. Lo cierto es que llega en buen momento como una propuesta de entretenimiento con cierto sello autoral, pero sin pretender otra cosa que montar un espectáculo muy ágil y sólido que no tiene pretensiones de llegar a los cines sino al público. Sea en la pantalla que sea.