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Foto: creada con IA
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El gobierno de Georgia subastará una cava con vinos europeos vinculados al líder soviético que incluye etiquetas de las colecciones personales de Napoleón Bonaparte y de otras figuras históricas.

19 Junio de 2026 19.55

El gobierno de Georgia abrió por primera vez en Tiflis una bodega con cerca de 40.000 botellas que pertenecieron a Josef Stalin. La colección reúne vinos franceses y georgianos, incluye etiquetas de principios del siglo XIX y podría salir a subasta para financiar una escuela de formación enológica en el país.

La apertura de la cava busca dar visibilidad internacional al vino georgiano entre coleccionistas, compradores de alta gama y casas especializadas. Irakli Gilauri, dueño de Gilauri Wines y parte del proyecto junto con el Ministerio de Agricultura de Georgia, dijo a Reuters que la subasta ayudaría a “poner a Georgia en el mapa de los coleccionistas”.

Una cava con historia imperial

La bodega conserva botellas cubiertas de polvo en un depósito de luz tenue, con una colección que mezcla etiquetas georgianas con vinos de algunas de las fincas más famosas de Burdeos. Parte de ese stock perteneció al zar ruso Alejandro III y a su hijo Nicolás II. Tras la Revolución rusa de 1917, los soviéticos tomaron la colección imperial de los Romanov y Stalin quedó como su custodio. Con los años, sumó variedades georgianas de su preferencia.

La enoteca funciona dentro de la Fábrica de Vinos N° 1, un complejo histórico de Tiflis vinculado a la arquitectura georgiana del siglo XIX. El edificio fue financiado por David Sarajishvili, una figura clave en la historia del vino y los destilados del país, y hoy suma valor patrimonial a la colección.

Josef Stalin nació en Gori, Georgia, en 1878, cuando el territorio formaba parte del Imperio ruso. Su nombre original fue Ioseb Dzhugashvili y se convirtió en la figura dominante de la Unión Soviética tras la muerte de Lenin. Gobernó el país entre 1924 y 1953. Su nombre aporta a la colección un valor que trasciende la antigüedad de las botellas. 

En el mercado de vinos raros, la procedencia pesa tanto como la cosecha o el estado de conservación. Una etiqueta con origen imperial y vínculo soviético, que estuvo guardada durante décadas, puede atraer ofertas muy superiores a las de una botella antigua sin historia documentada. Además, el comunicado oficial señaló que la colección incluye ejemplares vinculados a las colecciones personales de Napoleón Bonaparte y de otras figuras históricas. 

El interés de los coleccionistas ya apareció en Tiflis. Victor Chen viajó desde Dallas, Texas, para ver la colección y quedó sorprendido por lo que encontró. “Me siento como Indiana Jones abriendo una cueva: podría no ser nada, podría ser algo”, dijo a Reuters. Después agregó: “A estas alturas, no quedan muchos acontecimientos que sigan siendo momentos históricos. Y este podría ser uno de ellos”.

La Agencia Nacional de Bienes del Estado de Georgia cedió la enoteca a la Agencia Nacional del Vino para su uso gratuito e indefinido. Las autoridades trabajan ahora en la identificación de las botellas y en la determinación de su origen, un paso clave antes de que algunos ejemplares puedan llegar a subastas internacionales.

El negocio que Georgia quiere acelerar

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La colección privada de Stalin reúne botellas con origen imperial y potencial de subasta internacional. (Foto: José Stalin)

La subasta se produce en un momento de mayor actividad exportadora del vino georgiano. En 2024, el país exportó cerca de 95 millones de litros de vino por un valor de US$ 276,1 millones a 72 países, según la Agencia Nacional del Vino de Georgia. El volumen subió 6% y los ingresos avanzaron 7% frente a 2023.

El informe oficial también mostró avances en mercados importantes. Polonia compró 6,7 millones de litros, Alemania llegó a 1,28 millones y Estados Unidos alcanzó 1,2 millones. Esos mercados importan porque le dan a Georgia más espacio fuera de sus compradores habituales y acercan sus vinos a consumidores que todavía asocian la categoría premium con Francia, Italia o España.

Georgia se presenta como la cuna del vino, con una tradición vitivinícola de alrededor de 8.000 años. Una de sus señas de identidad es el método en qvevri, las vasijas de barro enterradas donde el mosto fermenta durante meses. La UNESCO incluyó esa práctica en su lista de patrimonio cultural inmaterial, un respaldo internacional para una técnica que todavía usan productores del país.

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