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Tobías Feder, Antonio González-Arnao y Marcos Feder de Malabrigo Yarn
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Tobías Feder, Antonio González-Arnao y Marcos Feder de Malabrigo Yarn
FOTOS: NICOLÁS GARRIDO

Malabrigo Yarn: así es la multinacional uruguaya que le da de tejer al mundo

Mathías Buela

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La empresa nació de una olla en una cocina de Montevideo. Veinte años después, tiene filiales en cinco países y es el mayor exportador de su rubro en Perú. Una historia de éxito que sus propios dueños pocas veces han contado.

3 Agosto de 2026 09.00

El nombre no ayuda. Malabrigo, en castellano, significa exactamente lo que parece: un lugar donde el viento no da tregua y no hay refugio posible. Es, en cualquier medida, un nombre raro para una empresa de hilos de lujo que actualmente vende en decenas de países y factura millones de dólares anuales. Pero hay una lógica detrás. 

Sus fundadores, tres cuñados que venían de la construcción y no del mundo textil, pensaron en Malabrigo como un pueblo imaginario y helado donde el mal tiempo obliga a todos a quedarse adentro, arrimarse al fuego y tejer. Una metáfora de producto y de comunidad. Y también un guiño literario: se inspiraron en García Márquez, en Juan Carlos Onetti, en William Faulkner, todos maestros de pueblos inventados con almas muy reales. 

Hoy Malabrigo Yarn es una empresa con estructura de conglomerado: produce en Perú, tiene back office y trading en Uruguay, opera filiales propias en Estados Unidos, Inglaterra y Japón, y distribuye globalmente.

DE LA CONSTRUCCIÓN A LA COCINA

A principios de los 2000, Antonio González-Arnao y sus cuñados Marcos y Tobías Feder (quien dialogó con Forbes Uruguay), como tantos otros uruguayos, tuvieron que reinventarse. Pero a diferencia de la mayoría, lo hicieron con una premisa clara desde el día uno: lo que produjeran sería para exportar y lo distribuirían ellos mismos, sin intermediarios. 

“Desde que comenzamos teníamos claro que la manija del negocio la tiene el importador, no el que produce”, recordó Feder. “Entonces decidimos que nosotros nos íbamos a encargar de la venta y distribución hasta la tienda”, dijo. 

El producto elegido para el emprendimiento fue lana merino uruguaya teñida a mano. Uruguay tiene una de las reservas de esta materia prima más importantes del mundo. La fibra es de una calidad excepcional, con micronajes que en los mejores casos bajan de 19.5 micrones (una medida de finura que la convierte en una de las más suaves del planeta). 

A eso se suma que Uruguay no practica el mulesing, un controversial corte de piel en las ovejas para prevenir plagas, lo que dio a Malabrigo Yarn una ventaja ética en mercados cada vez más conscientes del bienestar animal. 

Empezaron en una cocina. Literalmente. Dos personas, una olla, ovillos de lana blanca y colorantes. Luego comenzaron a vender algunos skeins, como se denomina a las madejas típicas del mercado artesanal, a tiendas de Estados Unidos. 

Antonio González-Arnao, Tobías Feder y Marcos Feder de Malabrigo Yarn
Antonio González-Arnao, Tobías Feder y Marcos Feder de Malabrigo Yarn

El primer método de prospección era tan artesanal como el producto: Tobías viajaba, levantaba el teléfono y llamaba a tiendas potenciales. El resultado fue rápido. Al cuarto año de operación, el Banco República les otorgó un Premio al Dinamismo Exportador. Malabrigo Yarn, la empresa que nadie conocía, empezó a llamar la atención.

EL SALTO QUE CAMBIÓ TODO: PERÚ

Durante los primeros años, la fábrica funcionó en el Parque Tecnológico Industrial del Cerro (PTI). Pero a medida que crecían, la operación uruguaya empezó a mostrar sus límites. 

En Perú, en cambio, existía algo que Uruguay no tenía, una industria hilandera robusta, con décadas de tradición en fibras de alta calidad como la alpaca y el merino. Hoy toda la producción sale desde ahí. 

El proceso es así: la lana se compra a productores uruguayos, se exporta a Perú, donde parte se hila en la propia fábrica de Malabrigo y parte se envía a grandes hilanderías peruanas. Luego regresa a la fábrica para ser teñida a mano, envasada y despachada a los mercados del mundo. 

La inversión inicial para establecerse en Perú no fue millonaria, según el cofundador. La naturaleza artesanal del proceso de teñido (todo hecho a mano, sin maquinaria industrial compleja) mantuvo los costos de capital relativamente bajos. Lo difícil, reconoció, fue la gestión humana. 

Enviar un gerente uruguayo durante varios años, construir equipo, encontrar el espacio adecuado, escalar sin perder calidad. Hoy Malabrigo Yarn es uno de los mayores exportadores de su categoría de producto en Perú, según el propio Feder. Un dato que, dicho de pasada en una conversación informal, resume 20 años de construcción silenciosa.

EL NEGOCIO NO ES VENDER LANA

La industria lanera pasa por una etapa compleja. Que los productores se quejan, que los precios caen, que el mercado se contrae. Al ser consultado por esta crisis en el rubro, Feder respondió con una distinción que es, en realidad, la clave de todo el modelo de negocio de Malabrigo Yarn. 

“A la gente le cuesta mucho entender que no estamos en el mercado de la lana, sino del craft and hobby. Que la lana baje de precio es un beneficio para nuestro negocio. Cuando baja la lana, mi materia prima baja de precio”, respondió. 

La analogía que usa para ejemplificarlo es perfecta: “Somos como una empresa que le vende bife ancho, lomo y ojo de bife a restaurantes. No vendemos carne. Vendemos cortes”. Eso explica por qué mientras el sector lanero tradicional sufre, la empresa uruguaya crece. 

Su precio no lo dicta el mercado de commodities sino que lo fija la empresa, porque controla la distribución de punta a punta. Compran lana como insumo, le agregan valor artesanal y estético (el teñido a mano, los más de 300 colorways desarrollados en su laboratorio, la suavidad extrema del merino fino) y venden a tiendas especializadas en mercados donde los consumidores están dispuestos a pagar por eso. 

El cliente de Malabrigo no compra lana. Compra la experiencia de tejer con algo extraordinario.

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SUMAR ACTIVOS

En mayo de 2023, Malabrigo dio otro paso y anunció la compra de Blue Sky Fibers, una empresa de Minnesota con 26 años de historia, especializada en fibras naturales de alta calidad. Sus fundadores, Linda y Chad Niemeyer, se retiraban después de casi tres décadas al frente del negocio. La adquisición de la compañía se inscribe en una tendencia más amplia de consolidación en la industria artesanal del hilo. Pero la lógica de Malabrigo Yarn no fue comprar para absorber. Fue comprar para ampliar portafolio. 

“Blue Sky vende el mismo producto en otro nicho de mercado”, explicó el cofundador. “Ellos tienen mucho más de moda, de diseño y venden productos teñidos industrialmente. Los nuestros son teñidos a mano”, dijo. El contexto sectorial también acompaña. El mercado europeo de hilados de tejido proyecta un crecimiento del 13,8% anual entre 2026 y 2033, impulsado por el auge del DIY (Do it yourself o hazlo tu mismo), la preferencia por materiales sustentables y el interés creciente de millennials y centennials en el tejido como práctica terapéutica. 

En Estados Unidos y Canadá, el crecimiento proyectado es del 11,2% anual, con un mercado que podría pasar de US$ 1.200 a US$ 2.500 millones en ese período. Malabrigo aparece en los principales reportes de la industria como uno de los diez jugadores clave en ambos mercados, junto a empresas mucho más grandes. Su posicionamiento de nicho de lujo, con énfasis en producción artesanal y sustentabilidad, la diferencia de los gigantes asiáticos que dominan por volumen. 

En ese contexto, el principal límite de Malabrigo no es la demanda, es la oferta. “Nuestra principal limitación sigue siendo la capacidad productiva”, dijo Feder. “Crecer o no es una decisión. En algún momento tenemos que cortar el crecimiento porque vamos a empezar a perder plata por producir de más. Hasta ahora la venimos corriendo de atrás”, sumó.

EL PERFIL BAJO COMO FILOSOFÍA

Todo esto (la multinacional, las filiales, la fábrica peruana, las adquisiciones) ocurrió sin que casi nadie en Uruguay lo supiera. Malabrigo Yarn es una empresa célebre en los círculos de tejido de Nueva York, Tokio o Londres. En su propio país, es prácticamente desconocida. 

Solo dos tiendas en Uruguay venden sus productos, ambas orientadas al turismo de alta gama. 

Feder reconoce esa paradoja con una sonrisa. “Hay una historia muy linda, de éxito. Pero no la contamos”, confesó. Lo atribuye a algo cultural, casi como contraste al estereotipo del vecino argentino. En Uruguay, admitió, el perfil bajo es una constante. 

En 2025, como parte de la celebración de sus 20 años, publicaron Timeless Knits, un libro editado por Penguin UK (la primera vez que una editorial de ese calibre publica un libro de Malabrigo Yarn). El lanzamiento fue en Estados Unidos. En Uruguay, pasó desapercibido. 

Esa es, quizás, la historia más uruguaya de todas: una empresa que salió de una cocina de Montevideo, se convirtió en multinacional y todavía es, para la mayoría de sus compatriotas, un secreto bien guardado.

Foto: Nicolás Garrido

*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de Junio de 2026. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.

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