¿Podría la inflación hacer que el S&P 500 se hunda un 40%?
El encarecimiento del petróleo, las tensiones geopolíticas y el gasto récord en inteligencia artificial aumentan la presión sobre los precios en Estados Unidos. Mientras Wall Street sigue en alza, los antecedentes históricos y las elevadas tasas de interés encienden las alarmas entre los inversores.

Los precios al consumidor suben un 3,7% anual, el petróleo supera los US$ 100 por barril y los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años ofrecen un rendimiento del 5,1%. A pesar de este panorama, el S&P 500 acumula una ganancia del 12,3% en lo que va del año, como si estas señales de alerta no preocuparan a los inversores. Frente a esta aparente contradicción, surge una pregunta: ¿podría la inflación desencadenar una caída del 40% en la bolsa?

Antes de sacar conclusiones, conviene plantear otra cuestión: ¿es realmente posible predecir cómo se comportarán los mercados mañana, la próxima semana o incluso dentro de un año? La respuesta más probable es que no. Sin embargo, eso no significa que deban pasarse por alto los riesgos, especialmente cuando existen señales concretas que permiten identificar posibles problemas.

En este escenario, los inversores se enfrentan a tres grandes riesgos que pueden resumirse en apenas tres palabras.

El mercado afronta, de mínima, tres grandes riesgos (Foto:Imagen creada con IA)

Guerra. Inmigración. Impuestos.

Guerra. Actualmente, se desarrollan dos tipos de conflictos que afectan a la economía mundial. Por un lado, está la guerra comercial, impulsada por la aplicación de aranceles. Aunque la Corte Suprema de Estados Unidos anuló buena parte de estas medidas, los impuestos al acero y los nuevos aranceles que los reemplazaron continúan vigentes. Por otro lado, persisten los conflictos militares en Irán y otras regiones de Oriente Medio, donde el régimen iraní intensificó sus ataques en las inmediaciones del estrecho de Ormuz durante este mes.

A este escenario se suma la guerra entre Rusia y Ucrania. Según declaró en julio Darren Woods, CEO de Exxon, las fuerzas ucranianas lograron paralizar instalaciones rusas con una capacidad de refinación cercana al millón de barriles diarios. Tanto las tensiones comerciales como los enfrentamientos militares dificultan el comercio internacional y alteran las cadenas de suministro. Además, los conflictos armados ejercen una presión adicional sobre los precios del petróleo. En enero, el barril costaba en promedio US$ 60, el 6 de marzo superó los US$ 90 y actualmente cotiza por encima de los US$ 100, frente a los US$ 60 que registraba hace un año.

La suba tampoco parece ser un episodio aislado. Desde marzo, el petróleo no volvió a cerrar por debajo de los US$ 69 por barril. Al mismo tiempo, los precios de la energía acumulan un incremento interanual del 20%, mientras que los productos importados, cuyos valores se mantenían estables hace un año, ahora registran un aumento del 8,1%.

Inmigración. Las deportaciones de inmigrantes, especialmente de quienes residen en Estados Unidos sin autorización legal, cuentan con un amplio respaldo entre determinados sectores de la población. Sin embargo, llevar adelante estas medidas supone un desafío importante para la economía, ya que podrían reducir la disponibilidad de trabajadores de bajos salarios en un momento en el que las empresas necesitan cubrir puestos de trabajo.

 La deportación de inmigrantes  cuenta con numerosos partidarios (Foto: Pexels)

Por ahora, esta presión todavía no se traduce en mayores aumentos salariales. Los sueldos crecen a un ritmo del 3% anual, por debajo del 3,8% registrado el año pasado. Sin embargo, los datos del mercado laboral muestran señales contradictorias. Según la encuesta de hogares, la cantidad de personas ocupadas en Estados Unidos disminuyó en aproximadamente 500.000 durante el último año, mientras que otros registros de empleo reflejan un incremento de magnitud similar.

El problema es que, cuando una economía enfrenta una escasez de trabajadores, aumentar la producción se vuelve más difícil. Y si las empresas no logran responder a una mayor demanda con más bienes y servicios, esa presión puede terminar trasladándose a los precios.

Impuestos. Una reducción de impuestos suele ser bien recibida, ya que permite que las personas conserven una mayor parte de sus ingresos. Sin embargo, sus efectos sobre la economía también dependen del momento en que se implementa. En Estados Unidos, el déficit fiscal alcanzó aproximadamente US$ 2 billones durante el año fiscal que terminó en septiembre, frente a los US$ 1,8 billones del período anterior.

En este contexto, las rebajas impositivas dejan más dinero disponible para gastar justo cuando los precios siguen elevados y el mercado laboral enfrenta una oferta limitada de trabajadores. Esto puede impulsar todavía más el consumo y aumentar la presión sobre la economía. De hecho, las ventas minoristas crecieron un 6,3% interanual, una aceleración considerable frente al 3,7% registrado el año anterior.

Cada uno de estos factores, considerado de manera individual, podría ser relativamente manejable. Sin embargo, cuando coinciden, sus efectos se potencian y apuntan en una misma dirección: aumentan la presión sobre los precios y elevan el riesgo de que la inflación vuelva a acelerarse

El cuarto combustible: la IA

Hay otro factor que echa leña al fuego y que pocos consideran una posible fuente de inflación: la inteligencia artificial.

La IA, ante todo, despierta ideas. Pero esas ideas necesitan financiamiento y, sobre todo, recursos para convertirse en realidad. Energía, centros de datos, equipos, chips, baterías, materiales de construcción y, por supuesto, más energía. Vale la pena repetirlo: la electricidad es indispensable para que todo funcione.

Las cifras son difíciles de creer. Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta destinaron US$ 511.000 millones a inversiones de capital durante los doce meses que terminaron el 30 de junio, frente a los US$ 291.000 millones del año anterior. Esa cifra equivale a 77 centavos por cada dólar de ingresos de estas compañías. Y semejante volumen de inversión tiene consecuencias sobre los precios. 

Amazon aseguró que el encarecimiento de los chips de memoria elevó su presupuesto de inversión para 2026 (Foto: Wikimedia Commons)

Amazon, por ejemplo, aseguró que el encarecimiento de los chips de memoria elevó su presupuesto de inversión para 2026 a unos US$ 220.000 millones, frente a los US$ 200.000 millones previstos inicialmente. A esto se suma el aumento de los costos de las materias primas: en julio, el cobre, esencial para fabricar cables y líneas eléctricas, costaba un 39% más que un año antes. La madera registró una suba del 14% y la electricidad, del 4%.

Pero esa es solo una parte de la historia. Hay otro aspecto que suele pasar inadvertido

Todas las empresas del mundo quieren convertirse en líderes en inteligencia artificial. Fabricar mejores zapatillas, ropa, dispositivos médicos, mejorar la atención médica y desarrollar materiales más inteligentes. Y todas compiten para conseguirlo cuanto antes. ¿Por qué? Porque la alternativa es quedarse atrás. ¡Bajar el ritmo no es una opción!.

Nike necesita invertir en IA de manera más rápida e inteligente que Under Armour si quiere mantener su ventaja competitiva. Lo mismo ocurre con Starbucks frente a Dunkin. Pocos CEO o directorios se animan a anunciar que reducirán sus inversiones. De hecho, en julio, Alphabet y Amazon elevaron sus previsiones de gasto para el año.

Esta carrera tiene su lado positivo y su lado negativo. Lo bueno es que la inversión se dispara. Lo malo es que podría avanzar demasiado rápido. Cuando la demanda aumenta con tanta fuerza y los recursos disponibles son limitados, el resultado es inevitable: los precios suben.

Esa es la cara inflacionaria de la IA. Pero también existe otra que afecta directamente al mercado bursátil, y es ahí donde empiezan a aparecer las grietas. El costo de la computación cae a gran velocidad. En mayo, Nvidia anunció que el costo por token, la unidad básica de procesamiento de IA, se redujo un 60% en apenas seis meses en sus sistemas Blackwell Ultra. Los modelos de IA más livianos ya pueden funcionar en una notebook. 

Nvidia anunció que el costo por token, la unidad básica de procesamiento de IA, se redujo un 60% en apenas seis meses (Foto: Nvidia)

Al mismo tiempo, los gigantes de la nube dependen cada vez menos de los chips de Nvidia. Microsoft planea convertir su propio chip Maia en la arquitectura principal para ejecutar IA, Google comenzó a suministrar sus sistemas TPU a los centros de datos de sus clientes y Anthropic y OpenAI asumieron compromisos a largo plazo con Trainium, la tecnología de Amazon.

Los precios más bajos benefician a los usuarios, pero para los inversores plantean una incógnita. Si el costo de la IA cae más rápido de lo que aumenta su utilización, toda esa inversión podría generar menos ingresos de los esperados. Y las acciones cuyas valuaciones dependen de esas expectativas de crecimiento son las que más pueden sufrir. ¿Hasta dónde podrían caer las acciones de Nvidia? De hecho, creemos que detrás de la mayoría de las grandes caídas del mercado hay una misma pregunta: ¿quién seguirá pagando por toda esa capacidad de procesamiento de IA?

¿Y qué? Al final, todo se reduce a la inflación

Basta con mirar una cifra. En septiembre, los precios al consumidor aumentaron un 3,7% interanual, frente al 3% registrado un año antes. Otro dato ayuda a entender la situación: un galón de nafta (3,78 litros) cuesta US$ 4,33, mientras que hace un año su precio era de US$ 3,06.

La inflación está de vuelta y su avance resulta difícil de contener. No hay una solución sencilla ni una manera de frenarla de inmediato. Al menos, no en el corto plazo.

Sus efectos ya se sienten en la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). La tasa de interés comenzó el año en 3,64% y ahora se ubica en 3,88%. Es decir, subió en lugar de bajar. La presión también llegó al mercado de bonos: el rendimiento de los títulos del Tesoro a 10 años alcanzó el 5,31% el 5 de octubre, su nivel más alto en 24 años, mientras que la tasa de los créditos hipotecarios a 30 años se ubica ahora en 7,40%.

¿Y qué ocurre con la bolsa? Lejos de mostrar señales de debilidad, el S&P 500 acumula una suba del 12,3% en lo que va del año y se sitúa en los 7.691 puntos. Y eso es precisamente lo que nos preocupa.

¿Significa que la inflación ya está fuera de control? No necesariamente. Si se excluyen los alimentos y la energía, los precios aumentan un 2,6%, a un ritmo inferior al de hace un año. Por ahora, el problema parece concentrarse en una crisis energética acompañada por un fuerte aumento del gasto.

En 1973 y nuevamente entre 2021 y 2022, la energía fue el primer factor que impulsó los precios (Foto: Imagen creada con IA)

Ahí está el verdadero problema. En 1973 y nuevamente entre 2021 y 2022, la energía fue el primer factor que impulsó los precios. Después, las subas se extendieron al resto de la economía.

¿Qué se puede hacer ante este escenario?

La Reserva Federal (Fed) tiene un plan de acción, el mismo que aplicó en 2022: subir las tasas de interés hasta que el gasto se modere. Y ya empezó a hacerlo. Sin embargo, el mercado de bonos anticipa que todavía faltan más aumentos. Los títulos del Tesoro a dos años tienen un rendimiento del 4,74%, muy por encima de la tasa del 3,88% de la Fed. Esta diferencia sugiere que los inversores esperan nuevas subas.

Pero hay una pregunta que resulta determinante para tus inversiones en acciones. Si un bono del Tesoro a 10 años te permite obtener un rendimiento anual del 5,1%, siempre que lo mantengas hasta su vencimiento, ¿qué rentabilidad deberías exigirles a las acciones para justificar un riesgo mayor?

El S&P 500 cotiza a unas 25 veces sus ganancias. En otras palabras, su rendimiento por ganancias ronda el 4%, por debajo del que tienen los bonos del Tesoro. Es decir, asumís un riesgo mayor a cambio de una rentabilidad potencial inferior.

La Reserva Federal tiene el plan de subir las tasas de interés hasta que el gasto se modere (Foto vía Smith Collection/Gado/Getty Images)

Esta situación no puede sostenerse indefinidamente. Por supuesto, los inversores aceptan esa diferencia porque apuestan al crecimiento futuro de las ganancias. Pero, para que las cuentas cierren, esas ganancias deben mantener su ritmo de expansión, los rendimientos de los bonos tienen que bajar o los precios de las acciones deben caer hasta alcanzar una valuación más razonable.

Y las acciones de crecimiento suelen ser las más afectadas. Invertir en estas compañías implica apostar por ganancias que llegarán en el futuro. Cuando suben las tasas de interés, el valor actual de un dólar que una empresa espera ganar en 2030 disminuye. 

Cuanto más lejos estén esos beneficios, mayor será el impacto sobre su valuación. Por eso, en 2022, muchas de las acciones con las expectativas de crecimiento más prometedoras fueron precisamente las que sufrieron las mayores caídas.

¿Hasta qué punto podría empeorar?

El S&P 500 tiene una capitalización bursátil de aproximadamente US$ 70,2 billones. Una caída del 40% supondría una pérdida de unos US$ 28 billones en valor de mercado. ¿Parece un escenario extremo? No tanto si se mira la historia: el índice sufrió desplomes de esa magnitud en tres ocasiones desde 1970. Estos son los antecedentes de grandes caídas bursátiles vinculadas con la inflación:

Episodio¿Qué lo impulsó?S&P 500, de máximo a mínimo
Enero de 1973 – Octubre de 1974Una crisis petrolera, y luego inflación generalizada.-48%
Noviembre de 1980 – Agosto de 1982Inflación superior al 10% al inicio, tasas cercanas al 15%.-27%
Del 3 de enero al 12 de octubre de 2022Primero la energía (a partir de 2021), luego todo lo demás; la Reserva Federal subió rápidamente los tipos de interés.-25%

¿Qué tendría que pasar para que la caída fuera todavía mayor y alcanzara el 50%? Menos de lo que imaginás. Bastaría con que las ganancias de las empresas se redujeran cerca de un 25% y que los inversores estuvieran dispuestos a pagar 16 veces esas ganancias, en lugar de las 25 veces actuales.

 La historia es incluso más contundente: en cada una de las tres caídas del 45% o más registradas desde 1970, bastó con que uno de esos dos factores sufriera un deterioro importante. Ante este escenario, conviene entender cómo invertir frente a una caída del mercado y su posterior recuperación.

Y tampoco hay que dar por sentado que los gigantes tecnológicos están a salvo. Entre el 3 de enero y el 12 de octubre de 2022, las acciones de Nvidia y Meta se desplomaron un 62% cada una, mientras que Microsoft, Alphabet y Amazon perdieron alrededor de un tercio de su valor. El riesgo es todavía más significativo si se tiene en cuenta que, actualmente, las diez empresas más grandes concentran el 40% de la capitalización bursátil del S&P 500.

Lo llamativo es que el deterioro ya comenzó, aunque todavía no se refleje en los principales índices bursátiles. Desde que el petróleo superó los US$ 90 por barril en marzo, las acciones tecnológicas, representadas por el fondo XLK, acumulan una suba del 36%. En ese mismo período, sin embargo, las acciones de Nike cayeron un 33% y las de McDonald's, un 25%.

Resulta clave entender cómo invertir frente a una caída del mercado (Foto: Imagen creada con IA)

Una pregunta clave

Cuando el litro de nafta cuesta alrededor de US$ 1,15 y los votantes sienten el impacto en sus bolsillos, ¿cómo reacciona Washington? ¿Cambia su política respecto de las guerras, los aranceles, las deportaciones y los impuestos? ¿O decide profundizar las medidas actuales? La respuesta no es sencilla, sobre todo porque las elecciones legislativas de mitad de mandato se celebrarán el 3 de noviembre.

Confiamos en que prevalezca la sensatez antes de que la inflación se extienda al resto de la economía. Pero si eso no ocurre, o las medidas llegan demasiado tarde, la Reserva Federal (Fed) tendrá que enfrentar el problema por su cuenta. Y su principal herramienta para contener la suba de los precios son las tasas de interés.

Cómo termina

Pero también hay motivos para el optimismo. La inflación se puede controlar y, una vez que eso ocurre, los mercados suelen recuperarse con fuerza. Después de que la Reserva Federal (Fed) consiguió frenar la suba de los precios, el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años cayó 4,2 puntos porcentuales entre octubre de 1981 y octubre de 1982, la mayor baja registrada en un período de doce meses desde al menos 1960. A su vez, el S&P 500 se disparó un 58% entre agosto de 1982 y agosto de 1983.

Hay optimismo para poder controlar la inflación (Foto: Imagen creada con IA)

La historia se repitió hace pocos años. La inflación alcanzó un pico cercano al 9% en junio de 2022, pero retrocedió hasta aproximadamente el 3% un año después. A partir de entonces, el S&P 500 registró una suba del 24% en 2023, seguida de un avance del 23% en 2024 y otro del 16% en 2025.

Sin embargo, en ambos casos hubo que pagar un precio antes de que llegara la recuperación. A principios de la década de 1980, la economía estadounidense atravesó una recesión, mientras que en 2022 el S&P 500 sufrió una caída del 25%. Ese es el riesgo que la Reserva Federal podría tener que enfrentar nuevamente si la inflación no cede.

¿Cómo podés protegerte?

Para empezar, prestá atención a un indicador clave: la inflación subyacente, que excluye los precios de los alimentos y la energía y actualmente se ubica en el 2,6%. Si supera el 3,5% mientras los precios de la energía mantienen un aumento del 20%, podría repetirse el escenario de 2022, con las acciones de crecimiento entre las más perjudicadas. 

Por eso, conviene tener presentes dos fechas: la publicación del próximo informe de inflación y la siguiente reunión de la Reserva Federal (Fed).

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

IMAGEN DE APERTURA: Ilustración fotográfica de Cheng Xin/Getty Images