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Por qué cada vez más fondos activos pierden frente al S&P 500 y no pueden hacer nada para evitarlo

Jon Markman

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El 80% de los fondos administrados de forma activa ya no logra ganarle al índice más famoso de Wall Street. La presión por diferenciarse se vuelve cada vez más incómoda en un mercado donde las decisiones automáticas pesan más que el análisis.

2 Enero de 2026 16.37

La cifra que más inquieta a los gestores activos en 2025 es 80. Ese es el porcentaje que hoy rinde por debajo del S&P 500. Este contundente bajo rendimiento expone un conflicto estructural de fondo: el mercado pasivo ahora castiga la convicción basada en fundamentos. La brecha dejó de ser una simple tendencia y se transformó en una fractura profunda del mercado.

Los gestores activos suelen advertir que el verdadero problema es el riesgo extremo de concentración. Los Siete Magníficos, un grupo de acciones de megacapitalización, explican el 40% del valor de mercado del índice, y son responsables de buena parte de sus ganancias excepcionales en lo que va del año. Los gestores profesionales insisten —con razón— en que esta concentración es peligrosamente limitada. Sin embargo, hay un problema estructural aún más serio.

El atractivo de los rendimientos automáticos del S&P 500 impone un obstáculo difícil de superar para los fondos activos que mantienen una cartera diversificada. Los gestores no pueden replicar la ponderación excesiva del índice en el "Mag-7" sin comprometer sus propios criterios de gestión. En ese contexto, la disciplina en la administración del riesgo se convierte en una desventaja: terminan perdiendo terreno frente al índice, aun cuando actúan con prudencia.

Ahora apareció un nuevo obstáculo: la incorporación de un índice mecánico con una volatilidad extrema. Entra en escena Carvana. Después de un salto asombroso de 10.000% desde su piso de US$ 3,72 en 2023, cuando rozó la quiebra, la compañía minorista de autos pasará a integrar el S&P 500 el 22 de diciembre.

Dow Jones, S&P 500, Nasdaq
La cifra que más inquieta a los gestores activos en 2025 es 80. Ese es el porcentaje que hoy rinde por debajo del S&P 500. 

Su ingreso al índice representa, para muchos gestores activos, una provocación directa al trabajo basado en el análisis. Para quienes se apoyan en fundamentos sólidos, la valuación actual de Carvana no resiste ningún criterio serio de calidad. Sin embargo, para no quedar atrás del S&P 500, el capital pasivo está obligado a comprar millones de acciones, sin importar la evaluación racional del negocio.

Es el Efecto Índice en su versión más cruda. Los fondos que administran billones de dólares tienen el mandato legal de incorporar acciones de Carvana para replicar con exactitud al índice de referencia. Esa compra automática, sin margen de decisión, genera un impulso fuerte y, para muchos especialistas, completamente injustificado para las acciones que acaban de ser incluidas.

Además, ese impulso artificial se convierte en un obstáculo difícil de sortear para el 80% de los gestores activos que buscan buenos rendimientos. Quienes, con argumentos sólidos, deciden infraponderar o directamente vender en corto la acción por su valuación, quedan rápidamente desbordados. El análisis fundamental, trabajado con precisión, queda enterrado bajo una avalancha de capitales que se mueven de forma automática y sin criterio.

La historia de Carvana deja al descubierto la grieta estructural del mercado. Hoy, la narrativa del rendimiento ya no pasa por quién analiza mejor una compañía, sino por quién sabe adaptarse mejor a las reglas de la indexación. La estructura misma del mercado, y no la calidad real del negocio, es la que define los resultados.

Para sobrevivir y prosperar, los gestores activos deben abandonar toda pretensión de incrementalismo. El mensaje es claro: no se puede superar al índice pareciendo a él. El éxito ahora exige una diferenciación agresiva y un enfoque incansable en la búsqueda de oportunidades únicas con precios erróneos, que se encuentren muy lejos de la redada mecánica de la maquinaria pasiva.

Para sobrevivir y obtener buenos resultados, los gestores activos tienen que dejar de lado cualquier intento de seguir al índice con pequeños ajustes. El mensaje es claro: no se puede superar al S&P 500 imitándolo. Hoy, el éxito requiere una estrategia decidida, con una búsqueda constante de oportunidades verdaderamente distintas, mal valoradas, y alejadas del radar automático de la maquinaria pasiva.

Nota publicada por Forbes US

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